domingo, 5 de abril de 2026

 

RESUMEN DE VIDA, Y MIS IDEAS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Lees hablare sobre los desafíos enfrentados, mis aislamientos, la poesía, literatura, y por qué escribo. En principio dejo dicho que soy del tipo de persona que le gusta escribir con honestidad. ¿Qué pienso sobre las personas que me leen? Pienso mucho en cómo lo que hago y eso me define como persona y cuánto me acerca a la persona que me lee o lo que me gustaría ser. Crecí en una época en la que era común elegir una sola cosa para dedicarse al resto de la vida. Y a través de eso, uno se definía. Esta mentalidad se arraigaba profundamente en el subconsciente, y uno anhelaba constantemente una etiqueta que lo definiera.

Pero ahora todo ha cambiado: el mundo está en constante movimiento, uno cambia, cambia sus actividades, aprende algo nuevo. En primaria, comencé a escribir poesía sobre las niñas que me gustaban, y corridos sobre personajes del pueblo, pero fue en la secundaria donde descubrí que no era el único que escribía poesía, y eso fue para mí una revelación. Era un adolescente que encontraba a mis   14 años de edad, una comunidad de chicas y chicos que se identificaban con esta actividad, y para mí fue como una nueva forma de narración con mayor libertad. Pero muchas cosas fueron cambiando dentro de mi ser.

Me di cuenta que me encantaba contar historias, y esos primeros garabatos en mis cuadernos probablemente me fueron definiendo tratando de trasmitir lo que pensaba en la narración lo cual fue una experiencia nueva para mí. Crecí en un pueblo en donde los medios de comunicación brillaban por su ausencia, y lo único que escuchábamos en un festejo familiar, era la música de un conjunto norteño al que llamábamos “Los Juanecas” Luego llegaron las grandes consolas a la que se les introducía una moneda de 20 centavos y uno pinchaba la canción deseada.

Con el tiempo fuera del pueblo aprendí a elegir la música, lo que leía, los contenidos que redactaba, y aprendí que era responsable de lo que escribía. Mis primeros pasos los di en la universidad cuando en una huelga me invitaron apoyar en la redacción de las demandas estudiantiles. Siempre intento guiarme por mi intuición. Puede que no me guste un cierto tipo de contenido, pero si me doy cuenta de que es relevante y genial, busco ponerlo en circulación por algún medio de comunicación, y si por el contrario no me gusta, lo borro. Lo más importante es dar a la gente la oportunidad de leer lo que les interese, que les proporcione experimentar emociones, y que crecen en su mente un estado crítico, o relajante.

Me encanta escuchar opiniones de mis amigos, estudio sus defensas, pero al final prevalece mi decisión, y mi intuición.  Para mi opinión basada en mi intuición es lo importante. En ese sentido, soy un necio. Para mí, el infierno es estar en un espacio incómodo. Ahora la palabra viajar suena como algo lejano, pero para mí que trabaje tantos años yendo de una ciudad a otra, es decir viaje tanto que siempre la sentía como un escape, aunque esto fuera por una semana.

Sentía alegría en el cambiar de aires, era como irme a tomar café en otra ciudad con otros amigos. Lo más placentero era cuando regresaba, abría la puerta y observaba que todo estaba en el sitio donde lo había dejado desde los olores te resultan familiares, entras en la cocina y te das cuenta de lo bien que te sientes. Aunque suene pretencioso, en ese instante sientes una pequeña conexión y comprendes lo que te ha aportado este viaje. Aquellos años para mi viajar fue una forma de meditación, he increíblemente terapéutico.

En los últimos años, he viajado poco, y escrito mucho, para las nuevas generaciones soy un desconocido, pocos me conocen, y camino por las tardes con mi perro por las calles de la ciudad como si mi perro y yo, no existiéramos. Paso mucho tiempo frente al monitor en silencio, en un diálogo constante conmigo mismo. Bien recuerdo que en mi infancia mi padre me compro una bicicleta, y cada vez que la montaba era ir en busca de una aventura. Intentaba llegar a rancherías lejanas. En la preparatoria conté con una bicicleta para pasear, y una de carreras. Ellas me abrían las puertas de la ciudad de par en par, incluso la ciudad me resultaba pequeña, por lo que cada día tomaba caminos nuevos como si nunca estuviera en ninguna parte.

Comencé a ver la ciudad de forma diferente, visitaba barrios, colonias que en aquellos lejanos años eran pequeños. Me daba cuenta del su estilo de vida, y comparaba con la mía que era muy distinta a la suya. Eso me permitió irme dando cuenta del que el mundo de la ciudad dentro en la que vives, solo es cuestión en que rompas los límites de la burbuja para darte cuenta de muchas cosas. Recuerdo que cuando abandone el pueblo para ir a estudiar la secundaria a la ciudad las primeras tres semanas fueron muy difíciles para mí.

Al principio, simplemente no sabía qué estaba pasando, lo que luego dio paso a una profunda tristeza y un dolor intenso, lágrimas, apatía y ganas irresistibles de gritar, de aventar todo al carajo, y regresarme a mi pequeño cariñoso mundo. Pero poco a poco, me adapté y desarrollé una nueva rutina diaria que incluía toda la mañana en clases en la secundaria, por las tardes largas corridas, regreso para un baño, leer, y hacer las tareas. Pude dedicarle bastante tiempo al deporte, a la lectura, lo cual me alegra mucho, porque, lamentablemente, no tenía tiempo para sufrir recordando mi infancia en el pueblo.

Me había labrado una vida nueva y maravillosa, ¡Lo tenía todo perfectamente organizado! ¿Para qué volver atrás? Cuando estaba solo, no me sentía solo, y era porque estaba cansado de socializar y me daba un descanso para reposar, pensar, ya que tenía mucha energía. Con la edad me di cuenta que quedarte solo en silencio, para pensar sirve para obtener resultados, es un proceso muy importante que exige concentración y tiempo a solas. Claro que las cosas importantes nacen y surgen a través del diálogo, pero en circunstancias normales, a menudo carecemos del tiempo necesario para este diálogo interno porque estamos constantemente interactuando con el mundo que nos rodea.

Podría decir que en mi vida he sido como un zapatero que todo lo que repara de sus zapatos despues de leerlo, publicado, más me doy cuenta de todo lo que tengo que decir. Me siento empoderado por mi escritura y, tal vez, por la capacidad de influir a través de ella. “Escribo, porque no puedo evitarlo” Es como si no supiera lo que siento hasta que lo plasmo en el papel. El texto debe ser algo formal, algo comprensible. Leo porque para mí es un gran alivio encontrar una frase en un libro, un poema o una canción que me llega al alma y resuena conmigo. Es un alivio saber que alguien pudo decirlo por mí. No estoy seguro de que mi escritura sea capaz de esto, pero si lo escucho de otros, debe ser cierto.

Me estoy entrenando cada día para lograrlo. Soy sincero en mis textos, pero estoy consciente que hay límites a mi sinceridad cuando entiendo que no debo publicar algo. Para mis los artículos ya publicados deben cumplir con una pureza absoluta. No tiene sentido mentir en un texto, y es imposible mentir en él, de lo contrario carecería de valor. Para mi mentir me resulta vergonzoso. El único límite surge cuando aparecen otras personas y mis sentimientos hacia ellas en el texto pueden lastimarlas, o dar a conocer un secreto de ellas que no estoy autorizado a hacerlo, por lo que es importante comprender los límites.

El simple hecho de pensar requiere mucha energía y recursos, y aunque no siempre obtenemos un resultado directo e inmediato, es un proceso realmente muy importante que exige concentración y tiempo a solas. En las redes pocas veces que recuerde, o nunca me he topado con juicios negativos que me hayan ofendido. Ni siquiera recuerdo uno.

Cualquier texto, cualquier tema, seguramente atraerá a un gran número de lectores insatisfechos a quienes no les gusta algo. Creo que mis escritos siempre han tratado de capturar un sentimiento y preservarlo, como si fuera para siempre. Claro que, a medida que uno envejece y aprende, las emociones cambian, y también lo que uno ve en ellas, la experiencia interior que obtiene de ellas, lo que quiere expresar. Creo que es esto lo que ha cambiado, más que el texto en sí como forma o palabras.

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