martes, 10 de enero de 2023

 

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EL CARRUAJE

Si ¿Ves qué azul está el cielo? Si ¿Escuchas los pájaros cantar? Eso me dice que traes los zapatos puestos que le dan magia a la vida, que sigues sentada sobre el carruaje que recorre los caminos, que la vida es maravillosa para quien la disfruta, que en alguna parte de tu alma guardas el amor y lo vas repartiendo en dosis adecuadas. Que tus enojos y molestias los dejas caer sobre los que hacen el mal y que tu espada de justicia continua con el mismo filo con el que la usaste la primera vez para degollar el cuello de las personas mal intencionadas.

Pocas personas aprenden abrir las puertas para que entre la luz del día y las cierran en la noche descansando en paz. Se temen a si mismas por sus demonios. De niños aprendemos en los cuentos lo que nuestros padres o maestros nos enseñaron que el bien ganaría, que el amor es importante, que en los momentos difíciles debemos ayudar. Que no importa cuánto hables, lo que vale es hacerlo sin importar el miedo. Vas descubriendo muchas cosas, y te das cuenta que la persona que creías conocer es un extraño, que hay tiempo para hablar y callar, silencios elocuentes, palabras que son innecesarias.

Son tantas las cosas que vas escondiendo en la mente, porque no tienes ganas ni aliento para hacer ruido con ellas. Las guardas para que todo esté bien, siga igual, salvar el honor, la dignidad. Hay ocasiones que las palabras de otra persona te molestan y cambias de tema, evades y lo dejas para otra ocasión porque no hay nada que decir con respecto a ello. Ese silencio es una respuesta a las palabras necias.

El carruaje te lleva por el camino para que aprendas hacer las cosas, sin   importar que estés cansada, que pidas ayuda, que abras los brazos implorando una caricia. Resulta que les hablas con voz suave, afectuosa y recibes maldiciones, voces ásperas que no aprueban tu vida, tu forma de ser, el criterio que empleas, pero eres valiente, virtuosa e insistes con tus nobles pensamientos, respondes amorosamente y el carruaje te lleva por caminos y lugares extraños que hacen que pienses que la persona a la que amas es una cínica, desvergonzada, frívola, fría, obscena.

 En ese instante no entiendes ¿por qué? Lo metiste a tu historia, lo dejaste que condujera el carruaje, si sabes que te está afectando, que no eres capaz de cambiarlo por su naturaleza. Eras joven y soñabas con una amor apasionado, tierno, cariñoso, pero duro un corto tiempo para que sacara el demonio que llevaba dentro. Ahora se ríe en tu cara, le prende fuego con gasolina a tus sentimientos, y disfruta el verte sufrir mientras ardes en coraje. Aprendiste con el tiempo que los cumplidos que recibías eran falsos y solo buscaba subirse a tu carruaje.

Por tus nobles sentimientos confiaste al recibir las tiernas caricias, los elogios a tu persona. Fueron aquellos años de juventud que necesitabas amor, cariño, que te dijeran al oido que te amaban. Esa fue tu historia, la que hizo que perdieras tu orgullo, te malgastaras en sus alabanzas y abrazos, que leyeras mal los mensajes que te enviaba. Lo fuiste perdiendo todo, pero no eras capaz de bajarlo del carruaje, y cada vez que él deseaba hacerlo en la siguiente parada, lo agarrabas fuerte, le suplicabas que no te abandonara.

Buscabas amor, pero él no conocía ese sentimiento ni siquiera de palabra.  Golpeabas a los caballos para ir más rápido, no le dabas importancia que las ruedas se quebraran con los golpes por el camino pedregoso. Perdonabas para ocultar las disputas ¿Quién sufrió y anhelo? ¡Tu! Por no aceptar la ruptura, que enloquecía tu mente, que permitía humillaran a tu alma sin darte ánimos para romper. Quemo con gasolina tus sentimientos y seguías débil agarrada de las riendas del carruaje dejándolo conducir a un camino incierto.

Fuiste una persona miserable, débil de carácter, deambulaste en noches de insatisfacción, las botas de quien te dominaba estaban sobre tu cuello, pero señalabas a tus amigas que lo amabas. Tu carruaje atravesó ese lodazal y seguías agradeciéndole a la persona que te estremecía el alma llamándole hermosa relación de amor. Poniendo en tu rostro una bella sonrisa a cualquier cuestionamiento, sonrisa fugaz que escondía el error como si agradecieras el tormento.

Por fin el carruaje se detuvo y mirándote a los ojos te dijo que eras su enemiga, que si continuaban en el mismo carruaje te llevaría a la tumba, y bajo la lluvia tus lagrimas se confundieron con las gotas de agua que bajaban por tus mejillas. Se bajó sin darte la mano, las gracias, cerro su alma para siempre. Tu mente se oscureció, la cabeza se cerró, comenzaste de nuevo a llorar. La vida no te parecía divertida, deseabas que otra persona te salvara con una nueva canción de amor.

Vino la melancolía, la desesperación, el sentirte sola con un ritmo de vida aburrido. Tus ojos dejaron de brillar, estabas perdida, te apreciabas abandonada, traicionada, cansada. Las cicatrices en tu alma no sellaban, se notaban en tus platicas, no olvidabas por completo, y al final de la tarde te reconfortabas pensando que regresaría pronto. Un día tu carruaje por casualidad se lo encontró en el camino iba tomado de la mano de otra, sentiste de nuevo tu mente perdida, miraste en sus ojos para ver tu imagen, pero no la encontraste, te había borrado, no te necesitaba, solo tu andabas a ciegas creyendo que en su mente existías. Su voz ya no era suave, no era la persona noble a la que entregaste tus sentimientos.

 

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UNA CLASE EN SECUNDARIA HISTORIA

Díganme, por favor, dijo la maestra de historia “Lita Parroquin” (Rafaela), al grupo ¿piensan vivir 100 años de vida? - ¡Si, contestamos todos! - Pero ¿Cómo? ¿Qué necesitamos? preguntó una de las alumnas. – La maestra asumió una cara de reflexión para continuar ¿De qué les puede servir 100 años?, sino podrán pensar con su cabeza, las neuronas mueren. Ahhh, se escuchó un exclamo en general. - Ella remarco: Para que la cabeza no muera se requiere darle alimento con lecturas, y señalo los libros que había puesto sobre el escritorio. – Estudiar, libros hacen su trabajo en la mente con la finalidad de engrasar las neuronas, aclarar dudas, despejar nieblas, entender el contexto social.

Ellos los llevaran por la moral, la ética, el derecho, la justicia, el orden. En ellos está la vida de sus autores, sus experiencias, y errores. Todo está dentro de ellos, solo desde allí se sentirán seguros, preparados. Abra tiempo para que se engañen con lo que el placer y la vida les ofrece, no sabrán que hacer en ciertos momentos, pero esos autores muchas veces ya están muertos y viven al momento que nosotros los leemos dándoles vida. Son ellos los que no enseñan a vivir. Nos marcan los errores, nos ilustran en la virtud, y hacen en nuestro espíritu esas ganas en querer imitarlos.

– No, es fácil para nadie conlleva sus riesgos y nos ayudan a romper las ataduras para disfrutar la libertad. La maestra hablaba con marcada elocuencia para que no existiera duda y comprendiéramos de lo que nos estaba hablando. Al finalizar su clase, uno de los alumnos comentó ¡Esto, es mera basura, mañana editaran otros libros más avanzados y lo que leímos quedara en la basura, será el tiempo de nunca acabar! Lo que la maestra desea es que leamos esa historia escrita por los conquistadores quienes trituraron todo tipo de información y con sus armas marcaron la muerte de los nativos, creo que existe otra historia por lo que la actual que está en los libros no es completa ¿Cómo creer en ella? Desconocemos los verdaderos secretos de lo que sucedió.

– Bien insinuó un segundo alumno - Nuestra tarea ahora es retomar gradualmente el camino perdido desde la óptica que la maestra nos plantea, investigar para integrar y documentar esos vicios dejando de lado las bagatelas con las que nos han engañado durante siglos, para ello primero debemos reflexionar sobre ¿Quiénes somos como raza nueva, nuestros ideales, cuanto tiempo hace que se escribió esta historia, quien la redacto, su fuente más antigua? El alumno suspiro para darse un espacio de tiempo. - Creo que la maestra apenas nos abrió la primera puerta para que comencemos a investigar como ella lo ha hecho durante años de estudio. - ¡Ves, bromeo otro, en la maestra hay fuego en sus palabras!

Es capaz de incendiar el bosque, nos produce sed de conocimientos, sin embargo, no estamos preparados para ello. – Al diablo con ella y los estudios intervino el siguiente alumno, nos pinta un cuadro muy fácil, pero para ello debemos invertir horas de nuestra vida, es casi como ir nadando contra corriente, y eso no me satisface en nada, prefiero la vagancia, el baile en donde me genera placer o acaso ustedes piensan perder el tiempo leyendo cuando la vida nos ofrece el amor, la música, el baile, sus canciones, o ¿Perder el tiempo escribiendo poesías mediocres llenas de romanticismo? Vivamos la vida en plena juventud, cantando, bailando con alegría, que la vejez nos espera pronto, y de nada nos servirá la historia buena o falsa, nada descubriremos con ella de lo que ya se ha escrito y dicho, solo es un espejismo el cual no ¿Se para qué sirve?

Ya ven al profesor de literatura quien nos hace leer novelas antiguas del mío Cid y sus hijas las Infantas, o el de biología, Chon Cárdenas, que nos exige conocer y separar hasta un gusano o la vida de un hormiguero. - Todos guardaron silencio hasta que una de las alumnas manifestó ¿De qué nos sirve conocer la vida de Josefina la esposa de Napoleón o de Carlota la esposa de Maximiliano? o de ¿Los Cesares Romanos? ¿Quiénes de nuestros héroes, realmente creen que quisieron salvar la patria? Vean a nuestros políticos que juran la constitución para violarla, argumentando que nos están salvando de todo mal. - Bueno dijo la alumna, veo que esta discusión no, nos va a llevar a nada nuevo, mejor permítanme regresar a la exposición de la maestra, a su pregunta y propuesta inicial.

 

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EL ANCIANO ENFERMO

 

A la edad de once años, todos los días me subía a una bicicleta y recorría los caminos vecinales con mis amigos. Visitábamos la labor, San Juan, las lajas. No existía el puente en el rio. Quince años después, me encontré nuevamente en estos caminos, manejando un auto. El pensamiento de lo que haría ahora me llenó de una alegría inesperada, era el enfrentarte con el pasado, el yo actual y lo que significa puesto que ya no soy la misma persona, ni están a mi lado los amigos con sus bicicletas. Conduje lento para saborear el panorama, noté que el camino se convirtió en carretera, ya no era la misma la habían ensanchado.

 

Veía los viejos bordes del antiguo paredón los cuales no habían cambiado en absoluto, solo se destruyeron secciones del camino, pero prácticamente el trazo seguía siendo el mismo. Ello me consuela por su similitud de dónde vengo y a donde he llegado. De hecho, a veces pienso que no hice nada más en mi vida, sino que solo caminé este segmento de un camino que no lleva a ninguna parte, y regresé a cruzar el rio que tanto anhelaba hacerlo ahora por un puente. Sin embargo, no podía engañarme, eso sucedió varios años atrás, si bien es cierto al observar estos caminos y montes me da la certeza de que tenemos un país muy rico, pero a la fecha ha sido mal manejado a través de su historia y gobernantes y su realidad es que la mayor riqueza son sus personas.

 

 Con gente como la nuestra, cualquier dificultad es fácil de arreglar, y no exagero. En aquellos años fui testigo de la quema de la bomba de agua que suministraba al pueblo y nada sucedía, todos nos poníamos actuar regresando a nuestro antiguo esquema: Abriendo las norias de nuevo en las casas, sacar los botes de 20 litros adaptándolos a los burros y acarrear agua durante el tiempo que fuera necesario. Cuando existía una planta de luz y se quemaba pasábamos meses sin este servicio, pero eso no aminoraba el ánimo, sacábamos alumbrados de petróleo, nos acostábamos más temprano, y listo (El cine continuaba funcionado puesto que tenía su propia planta de gasolina).

 

 Llegaba un enfermo al hospital y el médico se había ido toda la semana, de inmediato recurrían a Raúl Vega quien, sin estudios académicos, pero sí de autodidacta daba mejores resultados que el médico pasante que enviaban al pueblo a hacer su año de servicios social. Los balaceados, picados por víboras, partos, lograba que sobrevivieran. La vida nos va tirando por esos caminos y de estar un día jugando con el barro pasas a caminar por calles pavimentadas. La vida nos va llenando de ideas para en determinado tiempo parar y comenzar a secarnos como los manantiales hasta quedar secos por completo y en donde el cuerpo no puede saciar su sed desde la mente.

 

En una de aquellas tardes siendo un infante estaba sentado en la banqueta de la casa cuando desde el camino que baja del monte traían dos hombres en una camilla improvisada a un anciano enfermo y una anciana los acompañaba gimiendo de dolor. Los seguí una cuadra hasta la casa de Raúl Vega quien estaba casado con Delfina Torróntegui (Aclaración: En la misión Jesuita de San Agustín nació una niña a quien bautizaron como Delfina Torróntegui, ambas eran hijas del mismo padre y de la misma edad). Escuché a Raúl, que les dijo métanlo y acomódenlo en esa cama. La anciana rodeo al enfermo con su brazo como si con ello lo estuviera protegiendo. Observé que traía la ropa mojada, despues supe que lo trajeron por el arroyo de Colompo y en esa época corría con buena agua.

 

Raúl estuvo preguntando como si fuera un gran médico, yo estaba parado en la puerta escuchándolos. Les explico los riesgos y la solución siempre con calma, le desnudo el brazo aplicándole un suero. El anciano se doblaba de dolor. Todo estaba encajando bien, me dije él lo sacará del problema, lo salvará ¿Cuántos habrá salvado este personaje, y murió sin ser un héroe, incluso ya nadie lo recuerda? Su único defecto fue que no tenía un título Universitario como otros que lo obtienen y se dedican a lucrar o matar fetos.

 

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CORTAR CIRUELAS Y PITAYAS

A lo largo de los cerros fuimos varias ocasiones a cortar pitayas y ciruelas llevando dos botes de 20 litros cada niño, y una vara pitayera. Era un trabajo difícil debido a que los ciruelos son quebradizos y las pitayas están llenas de espinas, pero lo hacíamos con cuidado. Era un día largo con salida al amanecer y regreso a la puesta del sol. Al llenar los dos baldes los cargamos con una vara que poníamos en el hombro derecho y en cada punta de la vara colgábamos un balde para que equilibrara su peso.

En muchas ocasiones íbamos a cortar leña para las hornillas. En una de las vacaciones llegaron dos de mis hermanas con una estufa transportada en la parte de arriba del autobús con ruta desde Culiacán. En ese momento pensé que se me acababa el trabajo de cortador de leña, pero al tiempo me di cuenta que el trabajo seguía vigente ya que en el pueblo no vendían gas y cada vez que se acaba el cilindro había que esperar varios días para que mi madre pudiera adquirir uno de un camión que recorría las calles vendiéndolo.

Gustaba caminar por el monte hasta llegar a un ojo de agua (Los Tules) en donde bebían agua las vacas y allí nos quitábamos los huaraches para refrescar los pies y tomar agua. En casa escuchaba a mis hermanas cuando se juntaban con otras muchachas y causaban un gran alboroto en su cuarto, pero sinceramente esos eran asuntos que en principio no entendía y segundo no me interesaban. Imagíname mejor caminar por esos montes con mis huaraches de tres puntadas, llegar acalorado a ese aguaje con ganas de nadar, recoger ciruelas, bajar pitayas y limpiarlas con dos palitos comiéndome algunas y llevándome la otra parte a mi casa.

Siendo adulto, estuve recorriendo esos caminos con tenis en mis pies. Recorriendo los caminos de la infancia acompañado de los recuerdos. Pero ya en una vida completamente diferente a la de la infancia: en el pueblo. Aquellos años en los que la gente no le daba tanta importancia a la apariencia, y a los estudiantes que regresaban de la ciudad nos catalogaban como libertinos, vagos y unas cuantas palabrotas, sobre todo si nos veían por la noche vagar por una de las calles consumiendo cerveza con los amigos.

Los estudiantes creíamos como si fuera obligación juntar un poco de dinero y destinarlo a comprar cerveza creyendo que esa era la vida de un estudiante y no se debería de criticar por ello. Aclaro que no éramos los únicos, tanto jóvenes de nuestra edad que no estudiaban y los adultos que vivían en el pueblo eran muy propensos a este tipo de embriaguez. Comenzaba el tiempo del consumo de las drogas siendo preferente entre ellas la marihuana, y algún despistado consumía pastillas psicotrópicas llamadas “Chochitos”

Unos días antes del regresar al pueblo, me preguntaba ¿Cómo seguía la embriaguez de los jóvenes, el consumo de drogas, la moral? Suspiré, luego me detuve y me prometí no pensar más en cosas malas. Para ser honesto tuve la intención en esa fecha de no regresar debido a que se celebraba la semana Santa y los jóvenes se vuelven locos consumiendo cerveza. Recordé a un niño delgado quien me acompañaba a cortar ciruelas y pitayas, su madre no sabía de él si comía o vivía.

Un niño miedoso con cara tímida quien me esperaba a salida de la casa para acompañarme arriar las vacas al potrero. Con él, sostenía largas conversaciones mientras caminábamos por el sendero. Incluso me aseguro que cumpliendo unos años más (15 años) se iría para el norte (Estados Unidos) Le pregunté su ¿Por qué? Si aquí se vive muy a gusto. Es posible que no supiera ni siquiera ¿Dónde quedaba ese norte que mencionaba, mucho menos la distancia a recorrer? Creía que estaba pasando el rio y unos cuantos metros más, pero por lo visto acariciaba esa posibilidad para cambiar de vida, ya que observaba que los que regresaban de Estados Unidos traían camionetas nuevas.

 

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REFLEXIÓN SOBRE MI VIDA (PARTE SEÍS)

En los días de infancia nació en mi alma una pasión por vagar por los montes, cantar en la soledad. El amor por la naturaleza. Vivía en mi mente los cuentos escuchados y las películas disfrutadas en el cine, Eran sueños feliceses estando despierto dejando volar la imaginación. Volaba por encima de las montañas, atravesaba ríos, arroyos a lomo de mi caballo. Viví los grandes chubascos y el estruendo de sus rayos en medio de esos parajes, admiré la libertad de los pájaros, su alegre cantar. Me sentía atraído por los miles de mariposas que volaban por el camino en los socavones del arroyo de Colompo.

 

Todo ello despertaba un sentimiento especial en mi alma. Ese placer hizo que cada vez iniciara viajes más lejanos del pueblo. En mi tierna alma se albergaba un corazón amante de la naturaleza. Tuve por primera vez una enciclopedia de seis tomos en mis manos en me dediqué a leerla con entusiasmo. Allí describían animales hermosos, su forma de vida y la imaginación volaba a esos lugares. Por la noche cerraba los ojos para transportarme en sueños a esas tierras y animales desconocidos. Escuche a los arrieros y gambusinos hablar del oro, la plata. Busque literatura, pero estaba escasa en el pueblo. En secundaria pude conseguirla para entretenerme en leer esas novelas de cazadores, conquistadores, científicos.

 

Seguí soñando con esas grandes aventuras hasta que en mis sueños a los brazos les salieron alas y salí volando alegremente sobre la tierra observando todo a mi paso. Unos de los libros que conquistaron mi juventud fue la “Breve historia de México” de José Vasconcelos, otro lo fue la novela “El Dios de la lluvia llora sobre México” de Laszlo Passuth y entre cuestión religiosa “La historia de Cristo” de Giovanni Papinni. A partir de allí vendrían cientos pisándoles los talones. Las lecturas me quitaron muchas noches de sueño, pero aún recuerdo el olor de sus viejas páginas. Empecé a leer fabulosas aventuras, recuerdo que me escondía de la gente, prefería los rincones apartados y fue hasta que llegué a la biblioteca de la Universidad Nacional Autónoma de México donde me vi sentado con cientos de jóvenes que al igual leían en completo silencio.

 

Hago la referencia a la Universidad debido a que creía que en todas las Universidades se respetaba este silencio, pero tuve años despues la mala experiencia de acudir a la biblioteca de la Universidad Autónoma de Sinaloa y era una fiesta dentro de ella, desde la empleada dedicada en su mostrador a platicar a viva voz con otras compañeras de trabajo. En mis primeras lecturas infantiles tuve la oportunidad de luchar contra los monstros que mi mente invocaba mediante la imaginación. En los sueños, vi a los caballeros descritos en el libro, terribles monstruos, peleé con ellos y gané.

 

Te vas haciendo viejo y vas olvidando aquellos caballos imaginarios que echaban lumbre por sus fosas nasales (Belfos), las chicas que rescataban los caballeros andantes, las hazañas de los Hidalgos, los caminos llenos de maleza y bandidos esperando la diligencia cargada de oro y plata. Los ejércitos de libertad, los enemigos de la patria vencidos, las grandes batallas épicas. Todo eso lo leía en un rincón alejado de miradas indiscretas. El tiempo nos va borrando todo, son raros los adultos que conservan ese maravilloso recuerdo, los ratos felices por ser momentos que solo nos visitan cuando volvemos a sentirnos como niños.

 

 Es allí donde vagamos al encuentro de lo ido con aquellas lecturas, las personas que amamos y se han marchado al eterno oriente, es el sentimiento que se comporta con la misma capacidad que lo hizo unos años atrás siendo un niño, y su corazón late con fuerza y ​​alegría. En la preparatoria José Vasconcelos comencé a escribir por vanidad, codicia y orgullo, deseaba ser admirado por mis compañeros. Creía que ser escritor me daría esa fama, dinero y el asedio de mis compañeras. Comencé a escribir sobre lo bueno del amor, el romanticismo. Al ver que no producía efecto alguna mostré lo malo de la sociedad, los políticos.

 

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REFLEXIÓN SOBRE MI VIDA

 A veces recuerdo las tardes de mi primera infancia con una claridad asombrosa. Nuestra gran familia en ese momento – ocho hijos, madre/padre, abuela/abuelo, tías, las primas, y muchos más. Mi familia viviendo en esa casa. En la casa había un gran patio. En aquellas tardes, mi madre salía a regar la tierra de la calle y barrer con su escoba en mano, mientras el crepúsculo iba llegando. Enseguida encendía varios alumbrados (Lámpara de petróleo) A esa hora me mandaba a comprar el pan. El abuelo vivía en la casa de enfrente, y debía mantenerme en silencio tratando de no hacer ruido para que no me enviara a sus mandados a la tienda interrumpiendo mi juego.

 Un hombre al que respetaba y me mandaba con su mirada, un hombre que nunca en su vida conoció la ociosidad, y al que la mayoría de las gentes del pueblo lo saldaban reverenciándose a su paso. Para él, la noche era el momento de su descanso, y en ese lapso de tiempo lo aprovechaba para juntarse con sus amigos en una esquina de la banqueta y de ahí, irse al cine. Crecí en una familia dominada por el abuelo, por el que criticaba al que se emborrachaba sin importar que lo justificara por ser día festivo, criticaba al que no trabaja para ganarse el pan. Salía cada mañana antes de que rayara el sol a los campos a lomo de una mula traída de Africa de 2 metros a la cruz la que pegaba a unos escalones para poder subirse en ella. Fue de esos hombres que le daban toda la confianza a la gente y respetaba la palabra dada, así pensaba.

Aquellos años en infancia donde no le dabas importancia a usar zapatos y corrías descalzo o te balanceabas sobre un columpio, te metías al agua del rio y lanzabas el agua o mirabas despues de lanzar una piedra como los círculos de agua se dispersaban y mueren. Los años idos son los eternos testigos de las alegrías y sufrimiento humano. Los arboles nos ven crecer, lo mismo vieron a nuestros antepasados, observaron cómo se fueron apagando sus vidas, observaron a las abuelas atizar la leña de las hornillas y salir el humo, las vieron arrastrar la escoba por toda la casa y la banqueta, recuerdan las viejas canciones con las que se alegraban.

No hace mucho tiempo había pocos pueblos, no existían carreteras, y esos pequeños pueblos comenzaron a crecer naciendo las ciudades ruidosas. Los grandes árboles fueron cortados para construir casas, los que los cortaron envejecieron sin disfrutar el silencio del susurro del aire entre sus hojas. Hoy todo es ruido, música estruendosa incapaz de curar el alma. Cada momento, incluso la más pequeña, la más sin sentido, así como cada momento alegre de la vida, tienen un gran valor perdurable.

Lavan las penas espirituales, nos traen un ligero soplo de vida, y nos dan un poco de felicidad. Y podemos estar seguros, que nadie desea desperdiciar unos momentos de felicidad. Vamos por la vida corriendo tratando en tropezar con esos momentos. No le quites nunca un juego a un niño déjalo jugar y lo disfrute. En el juego descansa, se vuelve más alegre, más cariñoso, más amable.

En la convivencia de su juego con otros niños vive su inocencia desinteresada, ensancha su alma, y es que la niñez se esfuma en un instante, no obedece a la voluntad humana y no puede ser retenida a la fuerza. Camina a paso rápido y ligero. Llega alegra y se va. Por eso debemos aprender a observar la naturaleza, escucharla para entrar en su corriente de vida y unirnos a la felicidad de la naturaleza. Quien quiera naturaleza viva, juego alegre, debe liberarse interiormente, extinguir en sí toda tensión, entregarse a ellas con espontaneidad infantil y mantener un ligero equilibrio espiritual, disfrutando de la belleza y la alegría de los seres vivos.

 

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REFLEXIÓN SOBRE MI VIDA (CUATRO)

Estaba de nuevo entrando por la calle principal de mi lugar nativo “El pueblo” El aire fresco de la mañana me recibía con su susurro en mis oídos. A lo lejos se observaban las casas con sus tejas rojas. Los rincones en las laderas del monte que lo rodea y por donde trepé de niño en mi lucha por las alturas. Miré las aguas tranquilas correr rio abajo. Un mundo y su naturaleza pequeño para algunos he inmensamente grande para otros. Un lugar en que naces y te atrae con fuerza por muy lejos que te encuentres.

 

Me quede un rato mirando la antigua casa de mi infancia, pensando en el pasado. La feliz infancia que encajó en mi vida con una neblina nerviosa distante, que pinto en mi niñez el futuro a buscar, el camino a recorrer, los trazos a pintar. Aquellos años, y que al igual que hoy volaron en el tiempo con la misma somnolencia que se percibe en este instante. La vida camina por un sendero angosto que se va perdiendo su medida en la espesura de las preocupaciones y se arriba al verano de la juventud, para tener la fortuna de llegar a viejo como el árbol que plantaste y creció en tu patio.

 

Nada me preocupa, escucho el susurro alegre de los pájaros, quienes generosamente me hacen la vida alegre con su canto ¿Quién se preocupa por mí, en este instante? ¡Nadie! Mis padres han muerto, el sol domina con sus rayos, las ancianas caminaban apresuradas para cumplir con sus responsabilidades y a veces reniegan indignadas por sus dolencias, y sus achaques, o tal vez por su propia longevidad. La antigua calle de arena que servía de camino a los caballos y las vacas desapareció para darle entrada a unas calles con adoquín.

 Mi mirada se detiene en un pájaro carpintero, quien golpea con toda su fuerza la corteza de un árbol. El viento sigue zumbando en mis oídos, mientras reflexiono en los años idos y mi ingenuidad infantil cuando cabalgaba por estas calles suspirando a lomo de mi caballo sintiendo en el alma y mi mente el ser un héroe que desde niño ya había acumulado ese poder para ayudar a los demás. Los tiempos en que corría descalzo o en huaraches de tres puntadas hechos por mi padre. Aquí crecí bajo la brisa del invierno frio, el verano caluroso, las bondades de su gente, el amor de mis padres.

Creo en el poder irresistible del tiempo que nos arrastra sin misericordia ¿Para que dependemos del tiempo? Si al final te conduce a la nada, al polvo, pero ese es el camino que debemos recorrer y al cual no vas por tu propia voluntad por más que protestes o asumas una posición de quererlo engañar con menjunjes sobre la piel, ejercicios, alimentos. El tiempo con el correr de los años en la vida se va volviendo rápido o pesado, sordo o ciego, lúgubre con sus silencios y soledad. Nos va envolviendo en la vida sin sentido, sin la voluntad del porque luchar. Ese es el poder del tiempo que no depende de nosotros. El camino está ahí desde antes que se junte el ovulo con el espermatozoide, lo que me hace reflexionar que el destino no depende de mí ni valen las protestas, es el tiempo el que nos moldea a su manera.

 Los años trascurridos en principio aclaran la mente, enseguida la nublan, nos invade el miedo a lo nuevamente desconocido y abrazamos con mayor fuerza la espiritualidad buscando terrenos más firmes, pensamientos tranquilizadores que nos den la idea en que no está todo perdido, aunque sepamos que lo vamos perdiendo. Naces y todo cambia, llegas al mundo y ves por primera vez la luz brillante para que en unos años todo se desvanezca y seas reemplazado por la siguiente generación, oras ante un Dios y le pides milagros que no llegan.

 

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RECUERDOS

El tiempo de nuestra felicidad infantil es irrecuperable, todos amamos esos recuerdos, sin embargo, ellos se niegan aparecer. A los infantes que fueron feliceses al lado de sus padres en la edad adulta les encanta memorarlos refrescando sus momentos feliceses. En lo personal me sirven como fuente de experiencia y aprendizaje. Y lo digo debido a que corrí hasta la saciedad, tome leche directamente de la ubre la vaca, mi madre cerro mis ojos a la hora de dormir, escuche a los ancianos, a los adultos, a mis profesores. Escuche voces dulces y no tan acogedoras, pero cada sonido se establecía en mi corazón y la memoria. Me levante con los ojos hinchados, la vista nublada.

Me movía y me encantaba cuando lograba lo que me proponía, a la vez me derrumbada en el fracaso, me daba la vuelta y lo reanudaba. Aquellas recomendaciones se “Es la hora de dormir” No quiero dormir, mama. No tengo sueño, - le responderás, y nos ganaba el cansancio para arribar a esos vagos, pero dulces sueños que llenan tu imaginación, el sano sueño infantil te cierra los párpados, y en un minuto olvidarás y dormirás como Angelito. Estas dormido y sientes la suave mano de tu madre o padre dándote un beso en el cachete o la frente. Reconoces las caricias recibidas de quien es esa mano, ese beso, e incluso en un sueño agarras involuntariamente esa mano y la presionas firmemente. 

Una madre que nos observa mientras dormimos y pasa su mano tierna sobre nuestro cabello y su voz dulce suena sobre nuestro oído “Levántate mi amor, es hora de desayunar para ir a la escuela” Abres los ojos y ves los de ella derramando ternura y amor. De nuevo nos da un beso, nos toca las manos y repite el “Levántate mi amor, es hora del desayuno” Toma nuestro cuerpo abrazándonos para enseguida hacernos cosquillas juguetonas- Aquellos amaneceres con la habitación en silencio, la mañana semioscura; nuestra madre se sienta a un lado. Escuchamos su voz. Eso, nos hace saltar, envolver los brazos alrededor de su cuello, presionar nuestra cabeza contra su pecho. 

Que recuerdos y momentos tan hermosos, llenos de sentimientos. No te daba miedo exclamar que amabas a tu Mamá y a tu Papá. Por mi parte los recuerdo cuando me envolvía en una cobija y me acariciaba antes de darme las buenas noches. Instantes gratificantes, pero ¿Porque se van, los olvidamos, no regresan, son escurridizos en la mente? ¿Por qué esa felicidad, amor deja de brillar en nuestras mentes? ¿Recuerdas tu primer juguete favorito? ¿El cómo te bañaban de pequeño? ¿Tu perro, gato, almohada, lo que admirabas?

Unos padres que se levantaban en su diario pensando en cómo hacerte feliz, que no sufrieras tropiezos en tu caminar, y siendo adulto los ves cayéndose a ellos por su edad y en respuesta volteas tu rostro o te ríes de ellos ¡No, con ellos! Ellos que dejaban de dormir tranquilos ante cualquier alarma de enfermedad, o daño físico ¿Por qué los descuidas? ¿No sientes ya esa necesidad de amor de parte de ellos? ¿Qué tiempo podría ser mejor el tuyo cuando niño o el de ellos siendo ancianos? Las virtudes se maman y transitan por el camino de la necesidad ilimitada de dar y recibir amor, esos son los verdaderos motivos de la vida, lo otro es vanidad, egocentrismo, arrogancia, desprecio.

¿Cómo no amar, no apreciar los recuerdos de la infancia? Estos recuerdos refrescan, elevan mi alma y me sirven como fuente de los mejores placeres. Habiendo corrido jugando con los amigos por las calles y patios llegaba a sentarme a que me sirvieran la comida. Era el tiempo de sentarte y escuchar a tus padres. Oir la dulce voz de tu madre que le habla a uno de tus hermanos o a ti, con el corazón mirándolos fijamente a los ojos. Es ver, esos mismos ojos somnolientos esperando que seas tu quien se duerme primero por la noche antes de irse ella a descansar, y no se despega de ese lugar hasta que ver que no te mueves. Una mano suave recorre tu cabello en espera de ese sueño infantil. Nuestra madre es como si todo su tiempo lo dedicara a estarnos espiando para descubrir lo que necesitamos para ser feliceses, es increíble el tiempo que dedican a ello.

Son instintivas para adivinar lo que nos sucede ¿Cómo lo hacen? No lo sé, pero ese pensamiento les sirve para guiarnos mediante conversaciones que en la mayoría de las ocasiones no, nos gusta por muy amable que este sea. En cada página de nuestra vida están presentes, y en la juventud cuando todas las fuerzas del alma se dirigen hacia el futuro lo hacen con mayor presencia. Así, es todos los días desde el nacimiento hasta el día que dejan de existir, son Sol y luz a la expectativa a que nuestro destino se cumpla. Estúpido y tonto es el que reniega de ella. Hay muchas pruebas en la vida, como hay amor, odio, miedo, hay necesidades, prosperidad, espiritualidad, gloria.

 

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Repaso el miedo que sentía al verlas desangrarse en medio de la noche mientras yo conducía la camioneta en los caminos rurales y a varios kilómetros de distancia de un hospital. En la mayoría de las ocasiones sacaba dinero de mi sueldo para comprar algunas medicinas para sus animales puesto que ellos no contaban con recursos y eran sus únicos animales que les servían de sustento a su familia, reflejaba en ellos, los ojos de mi padre y su lucha por acarrearnos el alimento a la mesa. Las gentes agradecidas me invitaban un desayuno de frijoles, café caliente y un pedazo de queso de cabra. Todo esto provoco cambios sustanciales en mi mente, mismos que continúan significando una forma de ver la vida cuando trato de medirla. Como persona optimista he mantenido esa esperanza que ayude a sacar de esa situación difícil a esos seres humanos.

Es por eso que no me arrepiento de nada y si he fallado, es porque no pude hacer más y solo me quedó confiar en que Dios los proteja. Veo a la sociedad en general en un camino por el que no podrá continuar por mucho tiempo, las personas deben caminar actuando a favor de los seres vivos, ayudarnos mutuamente para retornar el sentido de la vida. Siempre he mantenido la esperanza que para que todo esto mejore debemos enfocarnos en los niños. He sido un adicto al trabajo y al estudio desde una edad temprana.

El trabajo al lado de mi padre y madre dominaba mi pensamiento y el uso del tiempo en dedicárselo al estudio en secundaria generó serios problemas en la relación con la diversión con los amigos. Para remediar esta situación en mi último año de preparatoria los acompañaba a ingerir cervezas y eso me condujo como vicio al llegar a la Universidad, donde las prioridades eran muy distintas. El tiempo en la Universidad no me alcanzaba, requería un esfuerzo adicional si deseaba ir y cumplir con todo lo que me gustaba.

Puse en primer lugar los estudios, en segundo el béisbol, la danza, y el tercero en conseguir dinero para alimentarme y el autobús puesto que no pagaba renta por vivir en la casa del estudiante de Sinaloa en la colonia Santa María la Ribera de la Ciudad de México. En tercer año de profesional recibí una beca, y la oportunidad de trabajar para la Universidad. Fue allí, donde comencé a organizar mi vida económica. Han pasado los años y el tiempo me ha revelado lo que es verdaderamente importante para nosotros (Mi vida espiritual, mi servicio desinteresado para la humanidad, mi esposa, hijos, amigos). Compartir con todos ellos tiempo de calidad. Siento que es reconfortante compartir este tipo de esperanzas, y anhelos.

 Aprendí en el desierto la importancia de cuidar la más insignificante planta, animales, y gota de agua, fue allí donde reflexione sobre la importancia del crecimiento de los hijos, me dije debo cuidarlos para que nadie los queme, ni destruya y para ello debía actuar correctamente. Soy afortunado por la mente que la naturaleza me doto con la que puedo actuar por la experiencia adquirida más correctamente que en mi juventud. Nunca estuve preparado para ser padre, pero trato de hacer mi trabajo lo mejor que puedo. En la experiencia de la vida, y los libros encontré la ayuda con la que trato de superar la deficiencia.

 

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REFLEXIÓN SOBRE MI VIDA

En mi vida he disfrutado muchos momentos maravillosos, pero también enfrentado pruebas amargas y creo que me las arregle en cada situación para seguir adelante. Siento que la bendición de mi madre me ha acompañado a lo largo de mi vida, desde la niñez. Tuve la madre más bondadosa del mundo, quien con su ejemplo me dejó un gran legado. Es increíble que aun recuerde las canciones que de niño ella me cantaba, así como sus dichos y bromas. En la secundaria cuando regresaba al pueblo platicaba largamente conmigo sospechando que iba por mal camino, desde luego me hacia el ofendido para cortar el regaño.

Hubo mucho deporte en mi vida, por eso estoy agradecido con la vida por ese tiempo disfrutado. Lo que experimenté en mi juventud. A veces me perdía en la mentira del placer de la vida, estando bastante cerca de la verdad incomprendida, pero seguí cantando y bailando. Fui elegido para varios programas de televisión nacional interpretando danza, representé a México en el festival de danzas autóctonas en Estados Unidos, obtuve la habilidad para ser seleccionado con el equipo de béisbol de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De todo me emocione hasta temblar de miedo en su momento. Respete a mis padres, abuelos, a las personas mayores. Anime las redes con mis comentarios. Creo que todo eso es lo que necesitaba en ese instante. Trabaje en mis valores para servir a las personas, estudie arduamente en cómo enseñar el aprendizaje de los niños, jóvenes, aprender hablarles según su edad, curar a los animales, lance mi primer libro, escribí sobre mis añoranzas, con la pluma en mano vague en mis ansiedades redactándolas y dándolas a conocer con la intención que otros no cometieran mis errores.

Es difícil voltear atrás, pero si existiera esa oportunidad en la vida lo volvería hacer sin dudarlo. Soy el resultado de mis decisiones, entre lo que hice bien y mal. Hoy reflexiono que la paz que tanto anhelaba se debía a llenar esos vacíos que se rellenan con gratitud, alegría, bondad, con sentimientos aplicados.

De joven lleve una vida indisciplinada, sin descansos adecuados y desvelos enfiestado. Jugué el béisbol y tuve el privilegio en ser reconocido por el nivel de juego. Estoy muy agradecido por esto debido a que lo disfrute en cada momento. Entiendo que no siempre se tiene el éxito deseado, pero lo que valoro ese logro cuando con mis amigos recordábamos con alegría aquellos triunfos y derrotas. Mi cabeza siempre la mantuve en conseguir mis sueños, eso me lo planteé desde mi infancia, pero ciertamente fueron muchas las cosas que se tuvieron que sortear y otras no alcanzar. Soy esposo y padre y en ese pasado mis seres queridos se debieron adaptar de muchas formas para seguir adelante juntos.

Ellos hicieron que mis dias malos y buenos los valorara mejor. De niño mi madre me acompañaba antes de dormir a diario en dar mis oraciones a Francisco de Asís, y a Dios, esas eran mis conversaciones espirituales. Los domingos la acompañaba a la iglesia. En secundaria me puse nervioso ante la primera señal de enamoramiento, pero en la Universidad ya era capaz de compartir mis sentimientos. Durante este largo recorrido y a través de los libros descubrí el poder de la mente. Reflexione sobre mi existencia, el significado de la vida. Llore, baile, cante, me emborrache, estuve en un tren deportivo, una biblioteca ambulante, un creyente empedernido.

 

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LIBRO Nuestra juventud ya se dio por enterada de lo que sucede en el universo y se han cansado de leer las investigaciones. Escuchan hasta el cansancio que son el futuro de México y de la Humanidad. Ahora desean saber ¿Para qué? les puede servir la Literatura si ellos se dedicaran a ella ¿Quién les pagaría, ¿cuánto ganarían? ¿Qué papel social representarían? Son preguntas que no se pueden contestar en unas simples líneas cuando no se cuenta con recursos de ninguna índole para impulsarla. La inversión no es el todo sino una parte de la responsabilidad en el atraso literario siendo la débil causa cultural, y profesionistas apáticos para la lectura. El libro toca la vida cotidiana desde el punto de vista de un actor principal que es el autor, su experiencia en la vida desde que inicia su camino para ser profesionista sin saber en lo que se va a meter.

 El tiempo de nuestra felicidad infantil es irrecuperable, todos amamos esos recuerdos, sin embargo, ellos se niegan aparecer. A los infantes que fueron feliceses al lado de sus padres en la edad adulta les encanta memorarlos refrescando sus momentos feliceses. En lo personal me sirven como fuente de experiencia y aprendizaje. Y lo digo debido a que corrí hasta la saciedad, tome leche directamente de la ubre la vaca, mi madre cerro mis ojos a la hora de dormir, escuche a los ancianos, a los adultos, a mis profesores. Escuche voces dulces y no tan acogedoras, pero cada sonido se establecía en mi corazón y la memoria. Me levante con los ojos hinchados, la vista nublada.


INDICE

1.       El cuento sobre mi vida pág. 5

2.       Isabel y Chico pág. 50

3.       Sandra y su Amor pág. 57

4.       Un recuerdo Pág. 70

5.       El Carruaje pág. 73

6.       El Borracho pág.  76

7.       El Diario Pág.  82

8.       Error de Juventud Pág. 86

9.       Rio Piaxtla Pág. 89

10.   La Paloma Muerta Pág. 92

11.   Enjabonar el Alma Pág. 98

12.   Mi Mujer me heredo las moscas Pág. 101

13.   Luisa y su abuela Pág. 108

14.   Tania y su Virginidad pág.  111

15.   Unión Libre Pág. 122

16.   Casada dos veces de forma extraña Pág. 125

17.   Un hombre que le gusta divorciarse Pág. 128

18.   Los tesoros Pág. 131

19.   La amiga de Secundaria Pág. 134

20.   Sé dejo embarazar en Preparatoria Pág. 137

21.   Junta de padres con la asesora de grupo Pág. 140

22.   La lavadora Pág. 143

23.   El niño huye de su casa Pág. 146

24.   Escuela y los Profesores Pág. 149

25.   La hija Grosera Pág. 157

26.   Estampida en la escuela Pág. 160

27.   El Niño de la calle Pág. 163

28.   Niña raptada Pág. 166

29.   Amor del alumno al maestro Pág. 177

30.   Cosecha de un Profesor Pág. 181

31.   Estudiante de enfermería Pág. 183

32.   Desde la ventana Pág. 195

33.   El árbol equivocado Pág. 197

34.   Camino de la vida Pág. 200

35.   Nada es para siempre Pág. 203

36.   El escritor que llevo dentro pág. 206

37.   Cuaderno de mis recuerdos Pág. 209

38.   Hablar con la verdad Pág. 211

39.   El periodista y sus cuatro tumbas Pág. 214

40.   El niño y el Jaguar Pág. 217

41.   El almendro y el niño Pág. 220

42.   Gabriela y su amor Pág. 223

43.   El Doctor Pág. 226

44.   La madre y su hijo Pág. 228

45.   Aquellos Ojos azules Pág. 231

46.   Fruto de mis padres pág. 234

47.   Se enamoraba de sus Profesores Pág. 245

48.   ¿De qué somos capaces?  Pág.  248

49.   Se marchó sin mirar atrás Pág. 251

50.   Palos de la vida Pág. 254

51.   La vida Pág. 257

52.   Mi auto ironía Pág. 262

53.   El niño y los políticos Pág. 265

54.   Chayo y el hotel Boyas Pág. 268

55.   Frente a catedral Pág. 274

56.   Moriremos, no hay duda Pág. 276} Dos historias 279

57.   La divorciada 281

58.   La Virgen en el tronco del árbol Pág. 284

59.   Héctor en la secundaria Pág. 287