lunes, 11 de marzo de 2024

 

MEXICANAS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Los hombres parecen ser protagonistas únicos—-, existe una historia paralela, diferente, llena de sentido común y determinante para la nación mexicana: la historia femenina. El panteón cívico de la Patria concedió algunos pedestales bien ganados a Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Margarita Maza, Carmen Serdán, entre las más representativas. Pero fue al mismo tiempo injusto arrojar al anonimato a muchas otras, intelectuales, políticas, activistas y guerreras. En los siglos XVIII y XIX muchas hicieron relucir sus espadas por la independencia, en la defensa del territorio nacional o en las guerras entre liberales y conservadores. Rita Pérez llamada “la Generala Moreno” se encargó de administrar los recursos del fuerte insurgente “El Sombrero”.

 En los años más cruentos de la lucha perdió dos hijos en combate, a una hija, fusilada por negarse a intercambiar prisioneros con el ejército realista y a un bebé recién nacido. Quizá su único consuelo fue el presenciar el triunfo de la Independencia. Manuela Rafaela López Aguado, casada con Andrés López Rayón y viuda desde

1810, se adhirió a la causa insurgente junto con sus cuatro hijos. En diciembre de 1815 uno de ellos de nombre Francisco, fue aprehendido y doña Manuela recibió un ultimátum: si no persuadía a sus hijos para deponer las armas, lo fusilarían. “Prefiero un hijo muerto que traidor a la Patria” —fue su estoica respuesta. En los últimos días de diciembre, Francisco fue pasado por las armas. Soledad Solórzano llamada “La Heroína”, apoyó a los guerrilleros republicanos de la región de Michoacán, prestando auxilio a heridos durante la intervención francesa. Capturada por los imperialistas belgas, fue colocada al frente de la trinchera para impedir el asalto guerrillero sobre Tacámbaro y a pesar del embate, salió con vida.

Manuela Molina (la Capitana), levantó un grupo armado y lo puso al servicio de la causa. Participó en 7 batallas, pero uno de sus objetivos era conocer personalmente al cura Morelos, recorrió más de 100 leguas para llegar a su campamento expresando después de llegar, que podía morir gustosa. Logró ver consumada la Independencia, y según algunas crónicas falleció en 1822, a consecuencia de dos heridas que recibió en un combate y que la tuvieron postrada año y medio.

Agustina Ramírez, nacida en Mocorito, Sinaloa, no fue una madre común. Durante la guerra contra la intervención francesa y el imperio de Maximiliano enfrentó la muerte de su marido, pero no lo lloró, tomó valor y ofreció la vida de doce de sus hijos a la causa de la República y de Juárez. Celebre su frase: “Os los entrego, porque cuando la patria está en peligro, los hijos ya no pertenecen a los padres”, dijo en aquella ocasión. No perdió uno o dos hijos, sino los doce. Según cuenta la historia, Agustina dejó una frase para la posteridad: “¿Por qué, ¿Dios mío, no tengo otro esposo y otros doce hijos para que continúen defendiendo a la patria del invasor?”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario