MEXICANAS
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano. FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Los hombres parecen ser
protagonistas únicos—-, existe una historia paralela, diferente, llena de
sentido común y determinante para la nación mexicana: la historia femenina. El
panteón cívico de la Patria concedió algunos pedestales bien ganados a Josefa
Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Margarita Maza, Carmen Serdán, entre las más
representativas. Pero fue al mismo tiempo injusto arrojar al anonimato a muchas
otras, intelectuales, políticas, activistas y guerreras. En los siglos XVIII y
XIX muchas hicieron relucir sus espadas por la independencia, en la defensa del
territorio nacional o en las guerras entre liberales y conservadores. Rita
Pérez llamada “la Generala Moreno” se encargó de administrar los recursos del
fuerte insurgente “El Sombrero”.
En los años más cruentos de la lucha perdió
dos hijos en combate, a una hija, fusilada por negarse a intercambiar
prisioneros con el ejército realista y a un bebé recién nacido. Quizá su único
consuelo fue el presenciar el triunfo de la Independencia. Manuela Rafaela
López Aguado, casada con Andrés López Rayón y viuda desde
1810, se adhirió a la causa
insurgente junto con sus cuatro hijos. En diciembre de 1815 uno de ellos de
nombre Francisco, fue aprehendido y doña Manuela recibió un ultimátum: si no
persuadía a sus hijos para deponer las armas, lo fusilarían. “Prefiero un hijo
muerto que traidor a la Patria” —fue su estoica respuesta. En los últimos días
de diciembre, Francisco fue pasado por las armas. Soledad Solórzano llamada “La
Heroína”, apoyó a los guerrilleros republicanos de la región de Michoacán,
prestando auxilio a heridos durante la intervención francesa. Capturada por los
imperialistas belgas, fue colocada al frente de la trinchera para impedir el
asalto guerrillero sobre Tacámbaro y a pesar del embate, salió con vida.
Manuela Molina (la Capitana),
levantó un grupo armado y lo puso al servicio de la causa. Participó en 7
batallas, pero uno de sus objetivos era conocer personalmente al cura Morelos,
recorrió más de 100 leguas para llegar a su campamento expresando después de
llegar, que podía morir gustosa. Logró ver consumada la Independencia, y según
algunas crónicas falleció en 1822, a consecuencia de dos heridas que recibió en
un combate y que la tuvieron postrada año y medio.
Agustina Ramírez, nacida en
Mocorito, Sinaloa, no fue una madre común. Durante la guerra contra la
intervención francesa y el imperio de Maximiliano enfrentó la muerte de su
marido, pero no lo lloró, tomó valor y ofreció la vida de doce de sus hijos a
la causa de la República y de Juárez. Celebre su frase: “Os los entrego, porque
cuando la patria está en peligro, los hijos ya no pertenecen a los padres”,
dijo en aquella ocasión. No perdió uno o dos hijos, sino los doce. Según cuenta
la historia, Agustina dejó una frase para la posteridad: “¿Por qué, ¿Dios mío,
no tengo otro esposo y otros doce hijos para que continúen defendiendo a la
patria del invasor?”.
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