martes, 29 de abril de 2025

 

PARTE DOS “ERRORES DE PADRES Y MAESTRAS”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de la escuela Normal del Pacifico – Ex Director General del Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

 El problema de los adolescentes por lo general crea una verdadera situación de crisis en la vida de toda la familia, y la escuela.  Los padres a menudo son ciegos y sordos a todo lo que constituye la esencia de la vida de sus propios hijos. Los padres son autoritarios, cerrados, tercos, y no permiten que nadie se meta en la educación de sus hijos, sino que ellos los educaran conforme fueron educados por sus padres. Estallaran cada ocasión en que les colme la paciencia el adolecente. La mayoría de los padres se justifica que trabaja mucho para darle lo mejor su familia y que no tiene tiempo para sentarse a platicar con sus hijos.

Creen que su única responsabilidad es aportar dinero al hogar. A la hora de los alimentos son ellos los que llevan la voz cantante, sin permitir que el hijo interrumpa, y si lo hace es reprimido teniendo que agachar la cabeza en señal de sumisión a las ideas de su padre o madre. La escuela esta alerta siempre para expulsar a jóvenes que fracasan en sus materias, en su comportamiento, y por lo general no revisan a sus maestros incapaces, conflictos, faltos de ética, pedagogía.

Muchos jóvenes tienen problemas de toda índole, para ellos los cambios fisiológicos, mentales, anatómicos, los desequilibran, y eso puede ser el factor detonante en un maestro impuesto a ser arrogante y soberbio en su clase, por lo que hará alarde de su poder. Al joven le cuesta más concentrarse, pensar, reflexionar, mantenerse quieto, prestar atención a todos los temas de cada materia. Unas son más importantes que otras y elige las que le resultan agradables.

El maestro no distingue sin su materia le resulta atractiva o no, el exige la máxima concentración, y silencio para ser escuchado. El comportamiento de un joven que no le atiende, que se muestra retraído es motivo para atacarlo ridiculizándolo en su clase. Los compañeros lo toman a burla, incluso valoran que ese compañero es mucho más destacado en el aula que ellos, y trataran de imitarlo hasta que la clase cada dia se vea peor. El alumno estará agotado por el aburrimiento y el maestro desesperado por que guarden silencio dando por cumplida su clase.

Nadie de los jóvenes se levanta de su asiento sin que sea sancionado verbalmente, así que se comunican entre filas en voz baja. Al fin alizar la clase se burlan del maestro llamándolo idiota o haciendo payasadas imitándolo. Un maestro que trabaja con la boca llena de amenazas, y trata de demostrar con sus alegatos que sus alumnos son unos tontos por no aprovecharlo ¿Quién no recuerda en su aula al compañero payaso, que se paseaba entre los pupitres o con sus bromas desesperaba al maestro? Aquel que el maestro de matemáticas lo llamaba el, pero de su clase y hoy es un Médico destacado.

Ese Médico en su mente trae un cuaderno con las rayas llenas de llamadas de atención por parte de su maestro de matemáticas o de física, incluso sus maestros de esas materias se apresuraron para ir a la dirección de su secundaria para que lo expulsaran por su mal comportamiento y el excesivo número de calificaciones que ellos le ponían en sus materias. Así, es la vida de un joven que ama otras materias, y este que menciono tuvo serias dificultades para ingresar a la Universidad por el promedio de todas sus materias en bachillerato.

Ese mismo estudiante cuando estaba en la clase se ciencias naturales y biología no perdía detalle, incluso era él quien le llamaba la atención alguno de sus compañeros que interrumpieran la clase. Cada quien utiliza su intelecto en lo que le interesa y gusta. El problema puede ser que ningún padre se interesa en investigar antes de inscribir a su hijo el tipo de maestro que le tocara dando por hecho que todos son iguales.

 No todos los maestros aman su profesión, ni están en la materia que imparten con el perfil adecuado sino por cumplir horas de trabajo, además son dados a cargar de trabajo académico para justificar su inoperancia, y eso salpica la formación académica de los jóvenes. Hay una fe ingenua en todos los padres en que cada maestro es el correcto. Son ese tipo de maestros que al igual que ciertos padres son intolerantes, arrogantes, soberbios, incapaces de amar y apoyar a sus alumnos o sus hijos. Gustan en juzgar, condenar, sancionar, y van afectando a los jóvenes en su maduración. La intolerancia acarrea enfermedad, seres infelices, enojados, groseros.

 Su proceso se deja sentir con los gritos, reproches, palabras ofensivas, insultantes. Hay padres y maestros que para el joven se vuelven un tormento, y ellos le llaman conflictivo, escandalosos, los buscan asustar con verbalizaciones, amenazas de expulsión de la escuela, malas calificaciones, reportes ante la dirección. Son maestros que no lo sueltan en cada clase, y está al pendiente para sancionarlo, despues de todo lo odia, desea ahogarlo con sus exigencias, está desesperado por controlarlo, y cree que con sus gritos, amenazas y sanciones el adolescente se doblegara. La autoestima del maestro, su carácter inestable, su impulsividad, su incapacidad pedagógica tratando de reflejar sus propios problemas personales sobre el estudiante, lo orillan a un cierto tipo de venganza que le produce placer, y es el estudiante el que debe pagarla.

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