PARTE DOS “ERRORES DE PADRES Y MAESTRAS”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de la escuela Normal del Pacifico – Ex Director
General del Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Creen
que su única responsabilidad es aportar dinero al hogar. A la hora de los
alimentos son ellos los que llevan la voz cantante, sin permitir que el hijo
interrumpa, y si lo hace es reprimido teniendo que agachar la cabeza en señal
de sumisión a las ideas de su padre o madre. La escuela esta alerta siempre
para expulsar a jóvenes que fracasan en sus materias, en su comportamiento, y
por lo general no revisan a sus maestros incapaces, conflictos, faltos de
ética, pedagogía.
Muchos
jóvenes tienen problemas de toda índole, para ellos los cambios fisiológicos,
mentales, anatómicos, los desequilibran, y eso puede ser el factor detonante en
un maestro impuesto a ser arrogante y soberbio en su clase, por lo que hará
alarde de su poder. Al joven le cuesta más concentrarse, pensar, reflexionar,
mantenerse quieto, prestar atención a todos los temas de cada materia. Unas son
más importantes que otras y elige las que le resultan agradables.
El
maestro no distingue sin su materia le resulta atractiva o no, el exige la
máxima concentración, y silencio para ser escuchado. El comportamiento de un
joven que no le atiende, que se muestra retraído es motivo para atacarlo
ridiculizándolo en su clase. Los compañeros lo toman a burla, incluso valoran
que ese compañero es mucho más destacado en el aula que ellos, y trataran de
imitarlo hasta que la clase cada dia se vea peor. El alumno estará agotado por
el aburrimiento y el maestro desesperado por que guarden silencio dando por
cumplida su clase.
Nadie de
los jóvenes se levanta de su asiento sin que sea sancionado verbalmente, así
que se comunican entre filas en voz baja. Al fin alizar la clase se burlan del
maestro llamándolo idiota o haciendo payasadas imitándolo. Un maestro que
trabaja con la boca llena de amenazas, y trata de demostrar con sus alegatos
que sus alumnos son unos tontos por no aprovecharlo ¿Quién no recuerda en su
aula al compañero payaso, que se paseaba entre los pupitres o con sus bromas
desesperaba al maestro? Aquel que el maestro de matemáticas lo llamaba el, pero
de su clase y hoy es un Médico destacado.
Ese
Médico en su mente trae un cuaderno con las rayas llenas de llamadas de
atención por parte de su maestro de matemáticas o de física, incluso sus
maestros de esas materias se apresuraron para ir a la dirección de su
secundaria para que lo expulsaran por su mal comportamiento y el excesivo
número de calificaciones que ellos le ponían en sus materias. Así, es la vida
de un joven que ama otras materias, y este que menciono tuvo serias
dificultades para ingresar a la Universidad por el promedio de todas sus
materias en bachillerato.
Ese
mismo estudiante cuando estaba en la clase se ciencias naturales y biología no
perdía detalle, incluso era él quien le llamaba la atención alguno de sus
compañeros que interrumpieran la clase. Cada quien utiliza su intelecto en lo
que le interesa y gusta. El problema puede ser que ningún padre se interesa en
investigar antes de inscribir a su hijo el tipo de maestro que le tocara dando
por hecho que todos son iguales.
No todos los maestros aman su profesión, ni
están en la materia que imparten con el perfil adecuado sino por cumplir horas
de trabajo, además son dados a cargar de trabajo académico para justificar su
inoperancia, y eso salpica la formación académica de los jóvenes. Hay una fe
ingenua en todos los padres en que cada maestro es el correcto. Son ese tipo de
maestros que al igual que ciertos padres son intolerantes, arrogantes,
soberbios, incapaces de amar y apoyar a sus alumnos o sus hijos. Gustan en
juzgar, condenar, sancionar, y van afectando a los jóvenes en su maduración. La
intolerancia acarrea enfermedad, seres infelices, enojados, groseros.
Su proceso se deja sentir con los gritos,
reproches, palabras ofensivas, insultantes. Hay padres y maestros que para el
joven se vuelven un tormento, y ellos le llaman conflictivo, escandalosos, los
buscan asustar con verbalizaciones, amenazas de expulsión de la escuela, malas
calificaciones, reportes ante la dirección. Son maestros que no lo sueltan en
cada clase, y está al pendiente para sancionarlo, despues de todo lo odia,
desea ahogarlo con sus exigencias, está desesperado por controlarlo, y cree que
con sus gritos, amenazas y sanciones el adolescente se doblegara. La autoestima
del maestro, su carácter inestable, su impulsividad, su incapacidad pedagógica
tratando de reflejar sus propios problemas personales sobre el estudiante, lo
orillan a un cierto tipo de venganza que le produce placer, y es el estudiante
el que debe pagarla.
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