¿QUIEN? ES MÁS, FELIZ “El NIÑOS DE PUEBLO, o CIUDAD
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC-
Universidad Nacional Autónoma de México.
En la ciudad, hay mucho
entretenimiento, atracciones, parques. En el pueblo, están muy cerca de la naturaleza
y encuentran alegrías sencillas en las cosas cotidianas. ¿Qué opinas? Nació y
creció en un pueblo. Tengo recuerdos muy cálidos de mi infancia. En verano, uno
podría salir de casa descalzo, nadar en el río a gusto y comer frutas de
temporada (Ciruelas, mangos, guayabas, Nanchi, guamúchiles, arrayanes, sandias,
cacahuates, etc. directamente del huerto sin lavarse las manos ni lavar las
frutas.
La única de ellas
que, si la comías cruda te daban torzones o diarrea, eran los cacahuates. En
las lluvias corríamos por los charcos o nos parábamos debajo de las tejas de
las casas para bañarnos con el chorro de agua que bajaba. Viajábamos a los
arroyos cercanos para pasar el día. ¡Pasar mi infancia en el campo es mi opción
ideal!
También hubo
grandes ciudades en mi vida. En ellos la vida no se detiene ni un minuto. Hay
muchas oportunidades para estudiar, trabajar y divertirse. Los mejores centros
deportivos, culturales y médicos se encuentran en las grandes ciudades. Por
voluntad del destino me toco nacer en un pueblo de lo cual no me arrepiento ni
siquiera un poquito. Hoy en mi pueblo se vive con la misma comodidad que en una
ciudad, pero a diferencia de la ciudad ahí estas rodeado de naturaleza. Las
casas en los pueblos son amplias, de techos altos. Hoy hay en cada una de las
casas suministro de agua.
En mi niñez el agua
para tomar la traíamos en botes a lomo de un burro desde la orilla del rio, y
el agua que se utilizaba para lavar los trastes y bañarnos la sacábamos de una
noria que estaba en el patio de cada una de las casas. Hoy el pueblo cuenta con
todo lo moderno haciéndoles la vida más fácil a sus moradores. En mi
experiencia considero que los niños son los más felices de todos en la
tranquila vida del pueblo. Esto se nota especialmente en cada una de las caras
sonrientes que te muestran cuando llegan a su edad adulta y continúan
saludándote con cariño. Un ser humano con libertad, es feliz, después de todo
en el pueblo, lo más importante que tiene es la libertad.
En la ciudad un
niño no puede dar un paso solo fuera de su casa, mucho menos ir a pasear por
los caminos cercanos. En la ciudad un niño aun yendo acompañado por un adulto
corre peligro. En el pueblo los niños se pueden reunir en grupos para jugar en
la esquina de sus casas. Pueden correr todo el día. Los niños del pueblo no son
el tipo de personas que necesitan estar organizadas, siempre encontrarán algo
que hacer por su cuenta. Después de la lluvia, mi actividad favorita era
brincar sobre los charcos de la calle en calzoncillos. Tirarme a tierra y que
el agua me arrastrara ¿No es una felicidad infantil correr por los charcos en
calzones?
A los niños
realmente les encanta construir. Si cuando éramos niños construíamos chozas o
casas, en los terraplenes del callejón compuesto de tierra de tucurubay.
La idea era
construirla apartada de nuestro hogar y como si fuera el club de toby,
juntarnos para jugar o platicar. Tambien en esa zona escondíamos cosas útiles
(armas “Resortera” Piedras redondas pequeñas para la onda, etc. Los niños del
pueblo están estrechamente conectados con la naturaleza. Les encanta atrapar
insectos, libélulas y caracoles, cazar cachoras, iguanas, sapos, ranas,
palomas, pericos, etc. Un tiempo especial es el inicio de la temporada de
lluvias con la llegada de bichos “Meones negros, y los sapos” Aquí hay que
evitar que nos cagaran o miraran elegíamos el sitio con menos luz mientras
observábamos como los sapos cazaban a los bichos hasta que quedaban bombos
“Plenamente satisfechos” Los niños andábamos con huaraches, y algunos
descalzos. Llegaban las flores, y enseguida los colibrís y las mariposas.
Inmediatamente nos preparábamos para ir a los arroyos a cortar quelites para
darles de comer a los burros.
Por ejemplo, con
los niños con los que me juntaba éramos muy unidos como los tres mosqueteros
“Uno para todos, todos para uno” A veces la mamá de un niño no lo dejaba salir
a jugar, y todos nos hacíamos presentes en su casa con la clara intención de
que su mamá no lograra calmarse al vernos a todos ahí, y decidiera dejarlo
salir. Recuerdo que incluso habíamos aprendido a hacer muecas para que la
señora sonriera, pero nadie abandonaba el lugar dejando a su amigo castigado en
su casa. A los 12 años, la natación en el rio era nuestra principal diversión.
Me encantaba ir al rio a chapotear el agua, jugar en la arena y recoger piedras
en la orilla para enseguida tirarlas para que rebotaran sobre el agua a lo que
llamábamos hacer cazuelitas.
Por la tarde noche,
mi abuelo me mandaba a darle agua de beber a los caballos, y eso para mí era
una diversión inigualable. Me montaba al caballo en calzones y lo metía al rio
para bañarlo y al final dejarlo que bebiera agua. ¿Porque son feliceses los
niños de los pueblos? En mi caso, durante todo el año paseábamos por el monte.
Cerca de mi casa estaba la escuela y
allí acondicionamos un pequeño campó de béisbol. En junio preparaba una
vara larga “Lata” para cortar pitayas, y nos juntábamos los niños con baldes de
12 litros para ir al monte a cortarlas y aprovechábamos para cortar ciruelas.
De las ciruelas no
acarreábamos muchas, pero comíamos hasta que los dientes nos quedaban
escaldados “Sensibles” Nos comparábamos ¿Quién? tenía la lengua más roja, o
expulsaba heces fecales más rojas por el exceso de pitayas comidas. Cuando
llevamos con nosotros algún niño más pequeño para asustarlo nos le escondíamos
un momento y comenzaba a llorar tan fuerte que hasta los coyotes se acercaban.
La realidad es que en lo personal no podía soportar las lágrimas de un niño, y
lo único que conseguía era angustiarme “Yo mismo” – Me acercaba para
acariciarlo y tranquilizarlo diciéndole “Vamos, te enseñare como se cortan las
pitayas, o las ciruelas.
El niño cogía el
balde y se veía en sus ojos la felicidad que un niño tiene en su alma tierna lo
cual a la fecha no soy capaz de expresarla con palabras. Así, es como comenzamos
a recoger pitayas y ciruelas a los 10 años de edad. De los mangos que me comía,
un día platee su hueso en una maceta, y espere un tiempo hasta que apareció su
brote. Pronto comencé a buscar un lugar en donde trasplantarlo cerca de mi
casa. Lo lleve cerca del rio, y allí lo deje crecer. Cuando paso por ese lugar
me siento orgulloso de verlo en el árbol de mango en que se ha convertido. La
vida del campo es mucho más sencilla, sin ruido de autos, disfrutando de la
cercanía de la naturaleza y de la sencillez de la vida.
Nos gustaba jugar a
las canicas, al trompo, este último lo hacíamos de palo de Guácima - Es un
juguete muy antiguo y que ha permaneciendo vigente a través del tiempo. Hay
rastros de trompos en pinturas muy antiguas y en textos literarios que citan el
juego. En "La Eneida", Virgilio dedica versos a este. Se han hallado
trompos pertenecientes a la civilización romana, y también en Tebas. También
hay diversos ejemplares de trompos americanos, en México, en Argentina, que dan
testimonio de su permanencia en el tiempo. El trompo está realizado con una
pieza de madera dura en forma cónica (de pera) con una punta de metal (pico,
púa o rejón) sobre el que se le hace girar con una delgada cuerda.
En la parte
superior tiene una especie de cilindro chato o sombrerito, llamado espiga, que
sirve de apoyo para enrollar la cuerda. Para lograr que el trompo gire, se
enrolla un cordel desde la púa hacia la espiga, y luego se le lanza al suelo
con un movimiento brusco, sosteniendo la cuerda desde el cabo que quedó sobre
la espiga. Así se desenrosca al llegar al suelo, y comienza un movimiento
giratorio sobre la punta, con un ritmo y duración que varían según el tipo de
trompo, el impulso que se le haya dado, y la superficie sobre la que está
bailando. Luego comienza a inclinarse hacia los costados, hasta que pierde su
movimiento.
Hay muchas formas
de jugar. Hay quienes realizan el juego en forma grupal, lanzando varios
trompos en una rueda que es el nombre con que se designa al círculo donde
bailarán los trompos, y de donde no deben salir. A veces se juega a ir chocando
y dejando fuera de juego los trompos rivales. Según las reglas del juego que se
establezcan, puede un jugador, lograr que el trompo de su compañero salga, o
dejarlo muerto de un golpe, y quedarse así con la pieza ganada.
Pero cada grupo
establecerá con qué reglas de juego se manejarán. Diversas también son las
características del trompo en sí, según la región. Se consideraba que el trompo
propiamente dicho medía unos seis centímetros de alto, por unos cuatro
centímetros de diámetro mayor. Pero hay formas y tamaños totalmente variados, y
han llegado a hacerse trompos de todo tipo de materiales y modelos, con luces,
musicales, con resortes internos, etc. pero el tradicional es el de madera “Guácima”
y cordel.
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