martes, 29 de abril de 2025

 

¿QUIEN? ES MÁS, FELIZ “El NIÑOS DE PUEBLO, o CIUDAD

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 En la ciudad, hay mucho entretenimiento, atracciones, parques. En el pueblo, están muy cerca de la naturaleza y encuentran alegrías sencillas en las cosas cotidianas. ¿Qué opinas? Nació y creció en un pueblo. Tengo recuerdos muy cálidos de mi infancia. En verano, uno podría salir de casa descalzo, nadar en el río a gusto y comer frutas de temporada (Ciruelas, mangos, guayabas, Nanchi, guamúchiles, arrayanes, sandias, cacahuates, etc. directamente del huerto sin lavarse las manos ni lavar las frutas.

 La única de ellas que, si la comías cruda te daban torzones o diarrea, eran los cacahuates. En las lluvias corríamos por los charcos o nos parábamos debajo de las tejas de las casas para bañarnos con el chorro de agua que bajaba. Viajábamos a los arroyos cercanos para pasar el día. ¡Pasar mi infancia en el campo es mi opción ideal!

 También hubo grandes ciudades en mi vida. En ellos la vida no se detiene ni un minuto. Hay muchas oportunidades para estudiar, trabajar y divertirse. Los mejores centros deportivos, culturales y médicos se encuentran en las grandes ciudades. Por voluntad del destino me toco nacer en un pueblo de lo cual no me arrepiento ni siquiera un poquito. Hoy en mi pueblo se vive con la misma comodidad que en una ciudad, pero a diferencia de la ciudad ahí estas rodeado de naturaleza. Las casas en los pueblos son amplias, de techos altos. Hoy hay en cada una de las casas suministro de agua.

 En mi niñez el agua para tomar la traíamos en botes a lomo de un burro desde la orilla del rio, y el agua que se utilizaba para lavar los trastes y bañarnos la sacábamos de una noria que estaba en el patio de cada una de las casas. Hoy el pueblo cuenta con todo lo moderno haciéndoles la vida más fácil a sus moradores. En mi experiencia considero que los niños son los más felices de todos en la tranquila vida del pueblo. Esto se nota especialmente en cada una de las caras sonrientes que te muestran cuando llegan a su edad adulta y continúan saludándote con cariño. Un ser humano con libertad, es feliz, después de todo en el pueblo, lo más importante que tiene es la libertad.

 En la ciudad un niño no puede dar un paso solo fuera de su casa, mucho menos ir a pasear por los caminos cercanos. En la ciudad un niño aun yendo acompañado por un adulto corre peligro. En el pueblo los niños se pueden reunir en grupos para jugar en la esquina de sus casas. Pueden correr todo el día. Los niños del pueblo no son el tipo de personas que necesitan estar organizadas, siempre encontrarán algo que hacer por su cuenta. Después de la lluvia, mi actividad favorita era brincar sobre los charcos de la calle en calzoncillos. Tirarme a tierra y que el agua me arrastrara ¿No es una felicidad infantil correr por los charcos en calzones?

A los niños realmente les encanta construir. Si cuando éramos niños construíamos chozas o casas, en los terraplenes del callejón compuesto de tierra de tucurubay.

 La idea era construirla apartada de nuestro hogar y como si fuera el club de toby, juntarnos para jugar o platicar. Tambien en esa zona escondíamos cosas útiles (armas “Resortera” Piedras redondas pequeñas para la onda, etc. Los niños del pueblo están estrechamente conectados con la naturaleza. Les encanta atrapar insectos, libélulas y caracoles, cazar cachoras, iguanas, sapos, ranas, palomas, pericos, etc. Un tiempo especial es el inicio de la temporada de lluvias con la llegada de bichos “Meones negros, y los sapos” Aquí hay que evitar que nos cagaran o miraran elegíamos el sitio con menos luz mientras observábamos como los sapos cazaban a los bichos hasta que quedaban bombos “Plenamente satisfechos” Los niños andábamos con huaraches, y algunos descalzos. Llegaban las flores, y enseguida los colibrís y las mariposas. Inmediatamente nos preparábamos para ir a los arroyos a cortar quelites para darles de comer a los burros.

 Por ejemplo, con los niños con los que me juntaba éramos muy unidos como los tres mosqueteros “Uno para todos, todos para uno” A veces la mamá de un niño no lo dejaba salir a jugar, y todos nos hacíamos presentes en su casa con la clara intención de que su mamá no lograra calmarse al vernos a todos ahí, y decidiera dejarlo salir. Recuerdo que incluso habíamos aprendido a hacer muecas para que la señora sonriera, pero nadie abandonaba el lugar dejando a su amigo castigado en su casa. A los 12 años, la natación en el rio era nuestra principal diversión. Me encantaba ir al rio a chapotear el agua, jugar en la arena y recoger piedras en la orilla para enseguida tirarlas para que rebotaran sobre el agua a lo que llamábamos hacer cazuelitas.

 Por la tarde noche, mi abuelo me mandaba a darle agua de beber a los caballos, y eso para mí era una diversión inigualable. Me montaba al caballo en calzones y lo metía al rio para bañarlo y al final dejarlo que bebiera agua. ¿Porque son feliceses los niños de los pueblos? En mi caso, durante todo el año paseábamos por el monte. Cerca de mi casa estaba la escuela y   allí acondicionamos un pequeño campó de béisbol. En junio preparaba una vara larga “Lata” para cortar pitayas, y nos juntábamos los niños con baldes de 12 litros para ir al monte a cortarlas y aprovechábamos para cortar ciruelas.

 De las ciruelas no acarreábamos muchas, pero comíamos hasta que los dientes nos quedaban escaldados “Sensibles” Nos comparábamos ¿Quién? tenía la lengua más roja, o expulsaba heces fecales más rojas por el exceso de pitayas comidas. Cuando llevamos con nosotros algún niño más pequeño para asustarlo nos le escondíamos un momento y comenzaba a llorar tan fuerte que hasta los coyotes se acercaban. La realidad es que en lo personal no podía soportar las lágrimas de un niño, y lo único que conseguía era angustiarme “Yo mismo” – Me acercaba para acariciarlo y tranquilizarlo diciéndole “Vamos, te enseñare como se cortan las pitayas, o las ciruelas.

 El niño cogía el balde y se veía en sus ojos la felicidad que un niño tiene en su alma tierna lo cual a la fecha no soy capaz de expresarla con palabras. Así, es como comenzamos a recoger pitayas y ciruelas a los 10 años de edad. De los mangos que me comía, un día platee su hueso en una maceta, y espere un tiempo hasta que apareció su brote. Pronto comencé a buscar un lugar en donde trasplantarlo cerca de mi casa. Lo lleve cerca del rio, y allí lo deje crecer. Cuando paso por ese lugar me siento orgulloso de verlo en el árbol de mango en que se ha convertido. La vida del campo es mucho más sencilla, sin ruido de autos, disfrutando de la cercanía de la naturaleza y de la sencillez de la vida.

 Nos gustaba jugar a las canicas, al trompo, este último lo hacíamos de palo de Guácima - Es un juguete muy antiguo y que ha permaneciendo vigente a través del tiempo. Hay rastros de trompos en pinturas muy antiguas y en textos literarios que citan el juego. En "La Eneida", Virgilio dedica versos a este. Se han hallado trompos pertenecientes a la civilización romana, y también en Tebas. También hay diversos ejemplares de trompos americanos, en México, en Argentina, que dan testimonio de su permanencia en el tiempo. El trompo está realizado con una pieza de madera dura en forma cónica (de pera) con una punta de metal (pico, púa o rejón) sobre el que se le hace girar con una delgada cuerda.

 En la parte superior tiene una especie de cilindro chato o sombrerito, llamado espiga, que sirve de apoyo para enrollar la cuerda. Para lograr que el trompo gire, se enrolla un cordel desde la púa hacia la espiga, y luego se le lanza al suelo con un movimiento brusco, sosteniendo la cuerda desde el cabo que quedó sobre la espiga. Así se desenrosca al llegar al suelo, y comienza un movimiento giratorio sobre la punta, con un ritmo y duración que varían según el tipo de trompo, el impulso que se le haya dado, y la superficie sobre la que está bailando. Luego comienza a inclinarse hacia los costados, hasta que pierde su movimiento.

 Hay muchas formas de jugar. Hay quienes realizan el juego en forma grupal, lanzando varios trompos en una rueda que es el nombre con que se designa al círculo donde bailarán los trompos, y de donde no deben salir. A veces se juega a ir chocando y dejando fuera de juego los trompos rivales. Según las reglas del juego que se establezcan, puede un jugador, lograr que el trompo de su compañero salga, o dejarlo muerto de un golpe, y quedarse así con la pieza ganada.

 Pero cada grupo establecerá con qué reglas de juego se manejarán. Diversas también son las características del trompo en sí, según la región. Se consideraba que el trompo propiamente dicho medía unos seis centímetros de alto, por unos cuatro centímetros de diámetro mayor. Pero hay formas y tamaños totalmente variados, y han llegado a hacerse trompos de todo tipo de materiales y modelos, con luces, musicales, con resortes internos, etc. pero el tradicional es el de madera “Guácima” y cordel.

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