miércoles, 28 de enero de 2026

 

ABRUMADOS POR EL MIEDO A LA MUERTE

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 La vida nunca es tan mala como crees. Aguanta. Nunca te rindas. Tengo que decirte, eres una persona valiosa para alguien solo que no puedes verlo. Felicítate por estar aquí cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día. Deja de victimizarte, odiarte, borra los recuerdos tristes que afectan tu estado mental. Distánciate de la gente negativa, toxica, céntrate en ti mismo. Así que, cambia tu mentalidad. Aunque estés pasando por algo difícil, créeme, la vida no es fácil, y eso es lo que la hace hermosa. Si buscas una razón para seguir viviendo, intenta encontrarte a ti mismo. Piensa en cosas que aún no has hecho. Intenta desarrollar un pasatiempo. Empieza una rutina. No quiero obligarte a hacer nada ahora, pero no quiero que te rindas.

Cuando piensas en el final de tu vida, ¿qué es lo primero que te viene a la mente? La mayoría de las veces, no evaluamos nuestros propios pensamientos, ni siquiera los que consideramos privados ni los que compartimos en grupo. Pero solo al detenernos y reflexionar sobre nuestros diversos pensamientos sobre la duración de la vida, por qué los tenemos y de dónde provienen, podemos empezar a interpretar y cuestionar su veracidad.

 

Vivir y morir son conceptos que no pueden abarcarse con una sola explicación, lo que dificulta responder a la pregunta más importante: ¿Cuál es el propósito de la existencia? Algunos argumentan que “existimos para amar”, mientras que otros, desde el otro extremo, afirman que los humanos somos meras cajas de petri, de virus y bacterias, y servimos para esas bacterias, virus, parásitos, hongos se reproduzcan.

Muchas religiones y grupos espirituales ofrecen sus propias interpretaciones a estas preguntas. De quienes han sobrevivido a experiencias cercanas a la muerte, o han regresado de viajes místicos (por ejemplo, una experiencia alucinatoria) tienen sus propias explicaciones. Simplemente difieren. ¿Cuál es su comprensión, creencias o sentimientos actuales sobre la vida? ¿Y sobre la muerte? Tememos a lo desconocido. Pero lo cierto es que, mientras vivimos, no sabemos absolutamente nada de la muerte, ni siquiera de la vida misma, y ​​este es nuestro dilema fundamental. Lo único que aprendemos es que nacemos, crecemos, y nos llega lo inevitable despues del declive de nuestro cuerpo y mente.

Lo claro es que al final la muerte tiene el poder de evocar sentimientos de impotencia, separación, pérdida de control y una completa falta de sentido. Para algunos, el miedo a la muerte puede ser tan intenso que incluso puede anular por completo la plenitud y la alegría de vivir. Dentro de cada uno de nosotros creó que existe una necesidad biológica que nos controla la ansiedad sobre la muerte, y que esta necesidad es, de hecho, la fuerza impulsora básica detrás de todo comportamiento humano. Nos aterra conocer que nacemos de la nada, y en nada nos convertiremos.

Tenemos un nombre y nos aterra que sea borrado con el trascurrir del tiempo despues de la muerte “Esto es la conciencia profunda de nuestros sentimientos, ese anhelo interior de nuestra alma que se expresa, y que, aun así, nos hace comprender que moriremos nos guste o no”. El miedo a ser comidos por gusanos despues de la muerte nos empuja a la cremación “No, es fatalismo, sino miedo” Pero volvamos a la pregunta inicial ¿Por qué nacemos, y estamos en este mundo? ¿Cuál es el significado de todo esto? Todas las personas nos declaramos creyentes de un Dios (Excepción de ateos y Agnósticos) Y se debe a que para calmar la ansiedad en afrontar nuestros miedos existenciales nos sumergimos en creencias culturales y aceptamos la realidad socialmente construida he interpretada por cada creencia, o religión. Estas creencias e interpretaciones dotan a la vida de significado, propósito y esperanza mediante la inmortalidad, literal o simbólica, para trascender a la muerte. En resumen, las personas afrontan la muerte intentando evitarla en la medida de lo posible sus miedos.

La gran mayoría de las religiones ofrecen a sus seguidores la inmortalidad del alma, les prometen una vida eterna y feliz. Un espíritu que desde el cielo cuidara a los seres más queridos que dejamos atrás, y que tendremos una segunda oportunidad cuando llegue el juicio final, o la reencarnación. Otras personas buscan su inmortalidad acumulando la mayor riqueza material, logros significativos, dejar un legado genealógico, o el mayor poder político (Inmortalidad simbólica) Nos consolamos confiando en la inmortalidad para evitar que nos aflijan las ansiedades mundanas, porque creemos que existe algo más grande después de que nuestros cuerpos físicos dejen de funcionar.

Cuando aspiramos a la inmortalidad simbólica, intentamos proyectarnos hacia el futuro, dejando nuestra propia huella (creando obras de arte, escribiendo libros, procreando, etc.) para que, incluso después de morir, la gente siga recordando nuestro nombre. Estas acciones parecen aliviar el sufrimiento y, al mismo tiempo, nos distancian de la muerte. Cuando tenemos la oportunidad de escuchar de boca de un médico que vamos a morir comenzamos a evaluar sobre los males lamentables que hicimos “Sentido de culpa” Cientos de estudios han confirmado teóricamente que la conciencia del final de la vida puede generar estrés y reducir el bienestar psicológico, y quitarnos días, meses o años de la posibilidad de vivirlos.

Una de las formas de evadir la mente de la amenaza de la muerte, es considerarla como algo lejano a nosotros (Ilusión) Ignorar cualquier mención de la muerte e incluso cuando la persona está muy enferma y al borde de su muerte prohibimos que se hable delante de ella sobre su diagnóstico final, o reaccionar agresivo sobre la persona que cuestiona nuestras creencias sobre la muerte. La forma de comportamiento es característica de nosotros cuando escuchamos que a otra persona le han diagnosticado cáncer de pulmón, suele preguntar, y juzgar si fuma. Si la respuesta es “Si, fumo” para el que no fuma y escucho esa respuesta siente un alivio al deducir que se lo busco “Prejuzga, y justifica que eso no le pasara”

Cuanto más relevante nos parezca una enfermedad, más amenaza nuestra percepción de las exenciones por fallecimiento. A veces escucharas a otros preguntando sobre detalles específicos de una enfermedad o fallecimiento, y otras veces te encontrarás indagando sobre esos detalles. Esto es común y no hay nada de qué avergonzarse: si la intención detrás de las preguntas es escuchar y apoyar a la otra persona, no hay necesidad de evitarlo deliberadamente. A medida que te vuelvas más consciente de esto, es posible que necesites menos información que antes, porque comprenderás las razones detrás de esta indagación. Todas estas preguntas, he indagaciones son para controlar nuestra ansiedad.

Con el miedo a la muerte nos sentimos cada vez más intranquilos, y nos llegan a la mente los recuerdos de la pérdida de seres queridos dejándonos completamente abrumados. Los humanos encontramos una manera de afrontar nuestro miedo a la muerte mediante acciones que representen la inmortalidad. Por ejemplo: Algunas personas en vida crean fundaciones altruistas, y aportan fondos porque saben que sus esfuerzos continuarán después de su partida. Otras luchan por cambios en las leyes o regulaciones. Y otras transmiten tesoros invaluables, como recetas familiares poco conocidas, la artesanía de un artista o historias ancestrales. Incluso el acto de bondad más sencillo o un comportamiento que refleje tus valores dejará huella en la memoria de los demás. Por pequeño que sea, un recuerdo puede proyectarnos al futuro de forma inofensiva, a la vez que calma nuestras emociones en el presente.

Ahora bien, pregúntate ¿Qué legado quieres dejar a tus seres queridos, tu comunidad, o al mundo de que estuviste aquí vivo? ¿Qué crees que es más significativo para ti y para los demás? Tus ideas pueden ser extravagantes, lujosas o muy sencillas. ¿Qué esperas de quienes podrían beneficiarse de tus creaciones y donaciones? ¿Quién eres y cómo quieres ser conocido o recordado? ¿Cuáles son tus valores y virtudes? Si te sientes abrumado por la idea de que la vida es corta, recuerda que puedes transformarla en una fuerza para el bien. Piensa en lo que puedes crear y compartir con los demás, incluyendo a tu familia y amigos, o a personas de tu comunidad en general (los conozcas o no).

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