lunes, 26 de enero de 2026

 

EL OTOÑO DE MI VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano – FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

He estado de buen humor últimamente. Mi ánimo esta al tope en todos los sentidos. Puedo ver, caminar, ver la inmensidad del mar y sus atardeceres. Puedo escuchar el canto de los pájaros en los árboles. La cálida luz del sol se filtra en las mañanas por mi ventana cayendo sobre mi cuerpo para avisarme que tengo por delante un día más de vida. Mi sonrisa florece y los pensamientos se encrespan. Es restarte tiempo a tu vida para admirar el sol, los recuerdos, el cielo azul, los vientos otoñales y hojas que caen, cantos de pájaros y flores fragantes, amanecer y atardecer.

Mi mirada aguda atraviesa los obstáculos, descubriendo que incluso en la penumbra, todavía hay cielo azul. Comprendo que la vida es una escena hermosa, y de nosotros depende ser correctos o incorrectos en las decisiones que vamos tomando, puede generarnos tristeza o alegría, felicidad, puede desconcertarnos, como generarnos ambiciones.

Tomar la acumulación en años sobre nuestro cuerpo menos en serio nos traerá más felicidad. Sí, no me gusta hablar, debo hablar más seguido, si no me gusta sonreír debo hacerlo más seguido.

Dicen que los vientos y las lluvias otoñales son una bendición maldición, y que los años otoñales en una persona son una maldición.

Cuando los años te alcanzan en el otoño de tu vida: Son momentos en que te puedes sentir cansado, no poder dormir, despertarte temprano, que ya no te importen tus juegos favoritos, que reflexiones que en el camino de tu vida has dejado demasiadas fichas sueltas, que el ritmo de tu vida va disminuyendo, que te sientes aburrido, o que tu vida es demasiado monótona. Ya no te produce alegría salir con los amigos a tomar una cerveza los fines de semana, incluso llegas a sentir pena por ti mismo. Ya nadie te valora, todos te ignoran, te van restringiendo hasta el confinamiento, y la soledad independientemente si hiciste las cosas bien en la vida o mal, si tuviste éxito o fracasaste.

En lo particular tanto el otoño como el invierno me obsesionan una y otra vez, me cautivan, me encantan, y, me preocupa las personas que viven en la miseria por no contar con una forma digna para enfrentarla. Ellas vagan por las calles sufriendo la lluvia helada, y el frio que taladra los huesos. De ahí, en fuera estas dos estaciones me encantan. Los adultos mayores hablan de su juventud, tan sentimental que salen sus lágrimas ante el recuerdo al recordar su pujante juventud que ha llegado a su final, que ya no enciende sus pasiones, y que solo les queda alegrarlas con sus recuerdos lejanos. El otoño nos trae la belleza de ver las hojas de los arboles caer, danzar con el viento que no solo las levanta a ellas sino al polvo con ellas como nuestras pasiones ocultas en la soledad a la que nos orilla la edad.

Eres joven, vives soñando, imaginándote vivir en un mundo mejor mientras las estaciones del año secan las flores, las hojas se caen con la fuerza del viento, y tú sigues soñando en tu paraíso viril, soñando en medio de la noche a veces con sueños húmedos, otros con fantasmas que sacan tu miedo. Los otoños corren uno tras otro, y las personas ya no son personas sino polvo porque el tiempo no se detiene, “Vuela”, y llegas al instante en que ya no eres la persona joven que se pueda mantener en la primera fila, te van relegando, te van olvidando, te van silenciando. Cada ola que revienta en la arena de una playa son segundos vividos que se convierten al sumarlos en minutos, horas, meses, años.

Hay años tranquilos que pasan suaves como un suspiro, otros en tus sentimientos se amargan al ritmo de tus tristezas, amarguras, desencantos, resentimientos. A veces pensamos que el remedio es dormirse pensando en las cosas buenas que estan por venir a nuestra vida, otras que pronunciemos palabras optimistas sobre la vida que deseamos en un futuro inmediato, pero el tiempo no se detiene, las células mueren, las neuronas envejecen, las flores se marchitan, la belleza humana como la etiquetamos desaparece de los cuerpos, y cuando despertamos al pararnos frente a un espejo nos llenamos de tristeza porque nos damos cuenta que soñar con permanecer jóvenes es solo un sueño.

Reflexionamos si tenemos derecho a empezar de nuevo como si la vida fuera un juego, pero la realidad es ya es demasiado tarde. Una vida llena de vacilaciones, errores, conflictos, problemas, un rostro roto en su belleza juvenil frente a un espejo. Un rostro que se trata de reparar mediante cirugías estéticas, pero por mucho que se repare con esmero, seguirá teniendo grietas en el alma, y mientras haya grietas, siempre existe la posibilidad de que se vuelva a romper dejando cicatrices aún mayores en ese rostro. Las grandes heridas del alma tienen su raíz en los resentimientos, el odio, y su visión se da en el rostro.

Las arrugas del rostro no son solo en la cara sino en el alma, son los rencores acumulados por decisiones, errores, o compartir vida con personas equivocadas. Finalmente, la edad acumulada nos lleva al olvido a la que podemos odiar, pero es el destino de todo ser viviente. El mundo de amor que creemos en la juventud finalmente cae con la acumulación de años en el cuerpo “Es natural” Aquella juventud llena de risas, actividades, libido, alegría de vivir despreocupadamente cae en el caos mental. Aprendemos que el amor supera al odio por eso congelamos ciertos recuerdos para que no se nos olviden en que un día, en un lugar nuestros caminos se cruzaron, y en otro nunca volverán a cruzarse. Esto es recorrer nuestro propio camino en la vida, y luego ya no tenemos nada que ver uno que nos acompañó en el otro camino. El tiempo vuela las nubes se convierten en agua de lluvia que caen por el calor que sobre de ellas se ejerce, y vuelven a ser nubes por evaporación gracias a ese calor para volver a caer dando vida “El amor no es más que eso, ¡nubes!”.

 

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