domingo, 12 de enero de 2020


DE LOS AÑOS 70s a 2019 MÉXICO

En la década de los 70s, mi vida era relajada con sueños y proyectos a futuro que los miraba en una carrera profesional. La Vida del estudiante no iba más allá del pensamiento en lo inmediato. Irónicamente escuchaba frases negativas en boca de personas con una carrera terminada y trabajo estable. Me tranquilizaba pensando que llevaban basura en su cabeza y su mal humor lo canalizaban en la etiqueta de sus congéneres cercanos. Toca a la generación que me presidio y la mía ser pioneros en rebelarnos contra el estado de cosas que se vivían, por ello fuimos clasificados como revoltosos, inadaptados sociales, negativos para el gobierno. Sin importar ser juzgados por la sociedad a partir de manejo infame del estado para describirnos y ser satanizados salíamos a las calles a protestar. Las etiquetas negativas se dejaban sentir en la prensa institucionalizada quien nos comparaba con el mismo satanás y otras abreviaturas para deshumanizarnos a juicio de su comprador y patrón.

Estudiantes etiquetados entre juicios sumarios que nos enredaban en sus prejuicios mencionando que infringíamos la ley y dañábamos a terceros así como la buena marcha del país. Casi toda la sociedad se sentí con el derecho en juzgarnos negativamente y la prensa nos trataba como basura. Nuestro delito era que no estábamos de acuerdo con quienes nos dominaban y se enriquecían a costillas del ciudadano común. Es difícil pensar que el esclavo dañado lamiera la yunta y la prensa se contagiara emocionalmente o mediante un módico pago para que expulsara su adrenalina pura en desprestigio.

Son muchos años los que han pasado y la importancia radica en que la nueva sociedad continua viendo su inmediata supervivencia con una necesidad a priori de entrar a ser esclavo (Enfermedad contagiosa peor que la contaminación de la bomba atómica) El ciudadano mexicano sintiéndose culpable mientras en sus señalamientos lo hace verse insidioso con resentimiento, que tolera toda clase de abusos y tiene confianza en otro próximo gobierno. El estado emocional de la sociedad es tesoro a conquistar para disminuir su razonamiento y crear esa sensación de certeza, esperanza y caridad que elimine la duda y la institucionalidad le ofrezca las pruebas (Intelectual) para que defina el discurso y la acción.

Cuanto más segura es la verdad que emana de lo institucional mayor es la ignorancia en lo que sucede. Estamos seguros pues que el mundo imaginario de los 70s, no ha caminado y ello significa que las dosis de mentiras no han requerido ser aumentadas para obtener similares resultados emocionales. Han pasado los años y hoy me siento seguro sin etiquetas negativas por haber roto la adicción a salir a protestar lo que significa que mis escritos y palabras ya no representan un comportamiento opositor, lo que los hace sentirse seguros y proclamarse en salvadores de la sociedad. La sociedad no está resentida, no busca saltar para exigir más bien esta encarecidamente encariñada con el yugo el cual lame.

Amar la cadena también emoción, solo que más sofisticada. Después de tantos años me falta aún comprender el papel de esos afectos que autorregulan el amar a quien esclaviza y sentirse satisfecho el mirar desde abajo un proceso social dañino. Lo central seria ¿Cuánto hemos avanzado? Lo que representa la tentación emocional y los deseos frustrados que divierten a quienes abusan. Finalmente seguimos dependiendo de lo mismo y volteamos la cara para ignorarlo queriendo predecir el futuro que es típico de los que esclavos amantes de abusadores.

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