lunes, 20 de enero de 2020

LO MEJOR DE TI
Quizás existan personas que nos muy relajadas y observen los problemas cotidianos como lo más normal, pero no todas las personas contamos con esa capacidad de asimilación. La mayoría de las personas vamos dando a conocer lo que nos preocupa, lo que impide, lo que ocupamos, deseamos y lo que opinamos. Tener miedo a que nos etiqueten hace que nos callemos más de la cuenta.
No existe un solo ser vivo que no enfrente dificultades para vivir y eso lo mueve una voluntad latente la cual en forma intencionada desata el instinto de sobre vivencia el cual requiere de voluntad intencionada para hacer lo que en ese instante le dicta la mente que debe hacer para no ser aniquilado. Las dificultades están siempre presentes y se apoderan del estado de ánimo lo que hace difícil llevar a cabo la acción deseada. Son instantes fugases que aparecen como estado de alerta para salir adelante.
El principio es estar en la circunstancia y ahí, sacar lo mejor de acuerdo a nuestra capacidad. Son instantes fugases, espontáneos que nos señalan el llevar a cabo la acción estemos o no convencidos del resultado. La voluntad es un estado de motivación que nos permite esforzarnos para realizar lo que nos señala, es la que facilita la dificultad a pesar de estar conscientes que no está muy fácil en lograrlo por los inconvenientes que analizamos antes de llevarla a cabo. Es actuar a pesar de los inconvenientes, sin pensar en que el reto es inalcanzable.
Son instantes en los que ponemos en duda el enfrentarnos, abandonar o dejar que las cosas sucedan por si solas, en los que sabemos que con la intención no basta o que esperar a que se corrijan por si solos “Tampoco” Es hacer, bien o mal, pero actuar. No se trata de escapar sino de enfrentar dando prioridad a las acciones bien pensadas para llegar, desde retrasar esperando que otra acción se presente y, que nos facilite la operación o dar tiempo para que los estados de ánimo se calmen para actuar.
El enemigo número uno al que nos enfrentamos se llama comodidad para que las cosas sigan como están sin menor desgaste, es decir permanecer como observador sin movernos, olvidando la responsabilidad en participar en forma activa pero al mismo tiempo denota falta de carácter, irresponsabilidad, inconsistencia. Muy por el contrario cuando se enfrenta se traduce en capacidad, entrega, carácter, responsabilidad.
Todos los días enfrentamos este tipo de situaciones, es una lucha constante en la que hay que ir decidiendo sobre el quehacer cotidiano, es ser perseverante, perfeccionarnos a base de esfuerzo, buscando resolver en forma favorable y con menor desgaste “Perseverancia” Y, sobre todo llevar impregnada la camiseta en que hacemos que lo que sea realista se lleve a cabo y no estar esperando a que las cosas sucedan por si solas o dando tiempo a que caigan por su propio peso en espera de la disposición ajena o que las circunstancias nos sean totalmente favorables.
Las condiciones que enfrentemos pueden ser de lo más adversas sin embargo la vida nos va llenando de una fortaleza para que lo cotidiano no sea agobiante y termine por ahogarnos en un vaso de agua, sobre todo saber descartar lo que no es verdaderamente importante y no carguemos el juicio en resolverlo en forma inmediata “De vida o muerte”
Saber interpretar las cosas importantes a resolver se convierte en el placer en ser protegidos de los vicios diarios que personas que conviven cerca de nosotros nos hacen que dependamos y caigamos en ellos des gastándonos.
Esto permite que la personalidad se llene en dignidad y se niegue a participar en lo mundano dejando atrás las criticas, los temores, la idea en que si no lo hago corro el riesgo de quedarme solo por ser rechazado aún sabiendo que lo que quieren que haga está mal y el simple hecho de hacerlo me ofrezca la felicidad ficticia del momento en gloria que los que me incitaron en hacerlo me prodiguen. Las personas nos valoramos entre las que contamos con moral, buenas costumbres, valores y las manipuladoras que esconden sus bajos instintos con máscara de cordiales.
Es ahí, en donde nuestro sentido de responsabilidad, dignidad nos hace titubear y el esfuerzo termina por caer en el vicio cotidiano del quedar bien a pesar de saber que lo que hacemos está mal. Las grandes decisiones apegadas a buenos principios requieren sacrificio y quitar el miedo a ser rechazado. Hay que cumplir con uno mismo para resolver los problemas cotidianos.
Parece imposible que en medio de tantas preocupaciones y contratiempos, podamos conservar la serenidad para resolver todo sin caer en la desesperación ni afectar a los demás con nuestra impaciencia. La tranquilidad y serenidad aún en las circunstancias más adversas permite la claridad para solucionar a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.
Vivir intranquilos es un miedo que puja por salir, que llega desde adentro y termina en desesperarnos, esto hace que por medio de impulsos reaccionemos en la mayoría de las ocasiones en forma inadecuada lo que hace que nos intranquilice aún más que antes de la acción. Ese impulso indeseado bloquea la inteligencia y encierra la razón, la verdad o la justicia que debamos aplicar.
Quitar el miedo, es liberarnos, salir de ese circulo vicioso que no permite analizar las cosas con inteligencia y esperar a que estemos calmados. No hay mejor manera que asistir a un lugar de sano entretenimiento en busca de gozar la alegría ajena al grado en que nos contagie para que no terminemos por resolver en forma agresiva, grosera. Es mejor alejarnos un poco de ese espacio en donde los estados de ánimo no están claros y pasar a un lugar que produzca placer y “No preocupación” que al final será lo adecuado para resolver con inteligencia y decisión.
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