CAMINAR para REFLEXIONAR
LARRAÑAGA
TORRONTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diploma y
Maestría en Desarrollo Humano. FESC Universidad Nacional Autónoma de México
Siempre me ha
gustado caminar ya sea por la mañana o por la tarde, soy un andarín incansable
y las impresiones más profundas de los lugares que visito son precisamente las
de las personas que en ellos encuentro.
Estoy
pensando, por ejemplo, en las calles del centro de la ciudad, en aquellas
antiguas casas que servían de mesones y que ahora se han hecho tres o cuatro
casas de una sola por su amplia dimensión.
En ocasiones
camino frente al mar y veo en el mismo el reflejo de amores dejados, de sueños
olvidados, de intimidad reflejada en su agua y en ese momento “Pienso” porque
aunque lo duden pienso. Si en este momento fuese posible ir a la Luna y me
invitaran un fin de semana, yo no haría ese viaje. Un mundo sin seres humanos
no me interesa.
Soy un goloso
de panoramas, sí, pero habitados. No deja de ser un riesgo andar entre tanto
loco suelto por nuestras calles, pero es preferible a estar solo. No siempre
encuentro espíritus de excepción en mis andanzas. Pero, incluso así, prefiero
mil veces la mancha oscura de su presencia en el decorado que voy descubriendo,
que la blancura de su ausencia.
Un hombre
joven llega a esta ciudad y estudia, un hombre viejo vive en esta ciudad y
escribe lo que aprendió. Ambos no tienen nombres, ni casa, ni trabajo. Uno ha
venido a la ciudad a estudiar, el otro ha venido a la ciudad a escribir.
Escribe o, mejor dicho, no escribe: se muere de hambre.
El joven
deambula por aulas de la universidad, el viejo por las calles, la ciudad ambos
en un laberinto de hambre y todos los días son iguales. Uno estudia artículos
el otro escribe artículos para un periódico local sin que nadie los solicite.
Ambos sufren, están siempre al borde de la locura, siempre a punto de
derrumbarse.
Sin embargo,
uno estudia para escribir, el otro escribe para pasar el rato y ver la
posibilidad de que le paguen un poco de dinero. El que estudia, no trae dinero
para comer, y se maneja de rayte a la universidad, el que escribe de vez en
cuando, logra vender un artículo y puede permitirse un respiro en su miseria.
Pero ambos
están demasiado débiles para lograr lo que se proponen, uno demasiado débil
para concentrarse en el estudio, el otro está demasiado débil para escribir con
regularidad y rara vez consigue acabar los textos que comienza.
Entre sus
obras inconclusas, se encuentra un ensayo titulado Crímenes en las calles, un
tratado filosófico sobre el país de las maravillas, una alegoría basada en un
incendio en una tienda departamental donde los muebles toman vida. Ambos deben
comer para poder estudiar y escribir, pero si no estudia y si no escribe, no
come, y si no puede comer, tampoco puede escribir. No puede escribir. Escribe.
No escribe.
El joven deambula por las aulas de la universidad, el viejo deambula por las
calles de la ciudad, habla solo en público, asustando a la gente. Cuando por
casualidad consigue algo de dinero, lo regala. Al joven lo echan de la pensión.
Vive un breve romance con una joven, un romance que no conduce a ninguna parte
y que sólo le depara humillación. Pasa hambre, maldice el mundo, pero no muere.
Por fin, sin
razón aparente, coge un empleo a bordo de un barco de mesero y abandona la
ciudad. Y en la ciudad, no pasa nada, ya vendrán otros jóvenes a estudiar y
otros viejos a tratar de escribir lo que aprendieron en las aulas.
Así, se
escriben las historias, mirando al joven y detallando al viejo, por ejemplo:
Hace muchos años conocí, una muchacha la cual le gustaba repartir cartas en la
escuela, que ella misma escribía, unas tristes, otras alegres y las amorosas.
Los muchachos las recibíamos con agrado y finalmente las quemábamos cuando
estas eran ofensivas o insidiosas.
Finalmente
esta muchacha al paso de los años fue internada en un manicomio y ahora va de
un lado a otro recorriendo los pabellones entregando cartas dirigidas a los
pacientes que en este se encuentran, va de un lado a otro repartiendo
continuamente cartas, que echa en un buzón colocado expresamente para ello por
la administración del manicomio, y que están dirigidas a los demás pacientes.
Inmediatamente
después de ser internada en el manicomio y tras en ser uniformada, según se
dice, para no tener que volverse loca empezó a escribir cartas a los internos.
Mientras me
entretenía escribiendo lo anterior, llamo mi atención una alerta que me
invitaba a entrar a una página de you/tube, encontrando una muchacha conocida
exhibiéndose en paños menores y aquí continúo mi reflexión dedicada a la loca
del you/tube.
Seguramente
tus papas estarán muy orgullosos de la maravillosa hija que han formado...
Porque en verdad quede con la boca abierta por un buen rato cuando abrí el
you/tube y te encontré encuerada como Dios te trajo al mundo, “bueno con una
tanga” Tomarse fotos del trasero, exhibirlas como si se tratara de tu colección
de timbres postales y presumirle a un mundo sediento de curvas prominentes y
cinturitas de avispa que tu las posees debe provocarte una satisfacción
inimaginable.
Yo se que
sobra decirte que no eres única, ni especial, ni nada por el estilo; de hecho
dentro de tu tipo eres bastante vulgar. La forma en que te apachurras el pecho
para que se te vean más grandes de lo que realmente son, eso denota que no
estas de acuerdo contigo misma y dentro de poco traerás unos silicones.
Que eres
agraciada nadie lo niega, que muchos hombres anhelan tener un encuentro sexual
contigo, tampoco, así como no ponemos en duda que no será más que eso porque
estas destinada a ser la detestada por las de tu genero y la aplaudida por los
del genero contario, pero estos mismos al final te despreciaran por liviana y vulgar
ramplona.
Así te hayas
tirado hasta a los postes de luz, a los cuerpos de bomberos, a la policía
completa o te conserves virgen, la fama de golfa te perseguirá hasta el último
de tus días por el hecho que acabas de hacer al volverlo publico y sin saber a
quien va destinado.
Tal vez
esporádicamente pienses que esa banalidad que te ha dado tanta fama efímera en
tu entorno estudiantil, en estos últimos años de estudiante en bachillerato no
serán más que un grato recuerdo para un puberito masturbándose, créeme, no te
equivocas, estas logrando denigrarte ante la vista de todos y peor aun estas
hundiendo en el fango a tus padres.
La ley de la
gravedad causará estragos en ti, como lo ha hecho con muchas otras, llegará el
día en que no serás más que un montón de cueros rebotando por aquí y por allá,
carne flácida, horrendos cataplasmas que solo te deprimirán al recordar lo que
a tus 20 años fuiste y tuviste y la forma en que los echaste a la basura. Si,
te casas que será muy difícil o simplemente si tienes hijos (porque no creas
que las calenturas se bajan de a gratis o siempre la píldora del día siguiente
dará resultados)
Observaras a
las demás chamacas que estudiaban contigo y te carcomerás de envidia al ver
como ellas si aprovecharon el tiempo y caminan sin cicatrices que las
avergüence. Tu rumbo será un botadero mientras dura la esbeltez y tu final una
esquina oscura en espera de clientes...digo.
Tu esposo, si
es que te casas como dije al principio, tu feliz esposo no te permitirá cruzar
palabra con nadie al traer latente los celos, cada giro de tu cuello, cada vez
que te acomodes el cabello o parpadees pensara que estarás coqueteando con
alguien, incluso con una mujer ¿por qué no? si a los veinte ya te sacabas
fotografías semi desnuda y las publicabas en Internet para regocijo de todos.
Es triste ver
que alguien que tiene todo en la vida para triunfar (si, me refiero a tu
físico, no traiga nada dentro de la maseta llamada inteligencia) Desperdicias
tu tiempo y tu dignidad sobradamente. Claro que lo anterior para ti, fue puro
sarcasmo, de ese sarcasmo que para las de tu tipo es lo cotidiano. Basta ya de
hablar de ti, tu que te autodenominas chamaca dulce, jaja, para mi no eres más
que otra con sesera dura.
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