lunes, 19 de febrero de 2024

 


PROFESORES DE CARA A LA SOCIEDAD

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad nacional Autónoma de México.
En cada una de las reformas educativas que el gobierno a través de los últimos años ha impulsado, la figura clave es el profesor. Sin embargo, es la pieza clave que no es tomada en cuenta y por lo general dichas reformas van en contra de su estabilidad laboral y prestaciones y no para mejorar la calidad en la educación. En las condiciones de los cambios socioeconómicos, el estatus del docente y sus funciones educativas están cambiando radicalmente y, en consecuencia, los requisitos para sus cualidades profesionales son altamente vigiladas y evaluadas.
Por eso una de las cuestiones más urgentes en los debates pedagógicos modernos es la cuestión de la imagen moral y psicológica de un docente. Las opiniones de la sociedad sobre los maestros son diametralmente opuestas. Una parte de la sociedad defiende la postura de que la calidad educativa depende del maestro, y está enteramente determinado por las cualidades personales del mismo, y la metodología. Otros, apelando a los logros académicos o estabilidad laboral sostienen lo contrario, y dan crédito a que la tecnología es capaz de suplantar el trabajo del maestro.
En esta anterior suposición ven al profesor como si fuera un simple conductor de los trabajos escolares y por lo tanto su calidad humana, métodos, preparación académica (Pedagogía, Psicología, no cuentan) Los partidarios de esta idea social creen que las cualidades personales de un Maestro no tienen una importancia decisiva, ya que permanecen más allá del umbral de la enseñanza, especialmente cuando se trata de computadoras u otros medios de comunicación electrónica.
No olvidemos que las cualidades personales de un maestro son, en un grado u otro, requisitos previos para la selección y el uso exitoso de los métodos establecidos, y, en segundo lugar, por el hecho de que a medida que se domina la técnica mediante la adquisición de habilidades profesionales y con la experiencia se va siendo un maestro con mayor capacidad y habilidad, y habilidad para ofrecer educación de calidad. Ser un maestro humanista, es contar con una visión psicológica y pedagógica conectada mediante la empatía, y una colaboración creativa genuina con los niños, y los estudiantes, basada en la comprensión de su psicología y un deseo apasionado de ayudarlos en el trabajo difícil.
El Maestro, despierta en los alumnos las mejores cualidades humanas, evitando los sermones aburridos y las presiones sobre el niño, tan comunes en la práctica escolar. Sin embargo, el humanismo en el sistema actual de evaluación se extiende, y se manifiesta en la actitud hacia los alumnos, quienes, debido a las circunstancias imperantes, el maestro se ve obligado a inflar las calificaciones de los estudiantes descuidados en su responsabilidad con la intención de motivarlos. La sociedad ante su falta de conocimiento de cuáles son los detonantes que motivan al ser humano critica fuertemente la trasparencia de estas evaluaciones, y las valora como deshonestas.
Antes de ir a una valoración tan simple se necesita conocer a fondo el humanismo de las investigaciones psicológicas del que se parte. ¿Quién valora negativamente, y restaura la dignidad del maestro? La experiencia pedagógica es una combinación de un todo en una persona con título de profesor (a)
Es conocimientos, experiencia, psicología, pedagogía, técnicas didácticas, metodología, etc. Y, todo ello se combina con libro de texto, discurso pedagógico, plan y programas nacionales, contenidos, personalidad, su sistema de valores, porque la escuela no sólo transmite a las generaciones más jóvenes en un orden estricto y de manera fácil toda la experiencia adquirida por la humanidad, sino que también hace un balance crítico de esta experiencia para ahogar los males y los vicios y fomentar los valores humanos universales, adquiridos y probados a lo largo de los siglos.
La escuela hace todo esto con el objetivo de facilitar que cada persona lleve una vida independiente. Sin embargo, al ayudar a las personas, la escuela enseña cómo construir mejor sus vidas. En mi opinión personal, “El Profesor es un sembrador de sueños, los padres son los que preparan y cultivan la tierra y la sociedad cosecha esos frutos”
En la familia y en la escuela el niño adquiere las habilidades y herramientas razonables principales de la sociedad y su sistema de valores. Cada niño va adecuando su sistema de valores, con sus propios problemas correspondientes al estado de la sociedad, con su propia cultura espiritual.
La cultura espiritual es la implicación del niño en el mundo en todas sus manifestaciones, reflejada en ideas humanistas. Esta implicación se manifiesta en la empatía por el mundo como tal, en los intentos de encontrar respuestas a preguntas vitales, en la responsabilidad que asume una persona por los acontecimientos de la realidad circundante, así como en la creación y afirmación activa de ideales humanistas. El problema de la cultura espiritual de la familia y los maestros hoy es extremadamente grave (Cultura espiritual, no es sinónimo de religión)
La familia busca desesperadamente nuevas formas de educar a los hijos en una economía de mercado, así como la insatisfacción general con el proceso educativo y el nivel de educación de la generación más joven. El olvido por parte de muchos de nuestros ciudadanos de la "regla de oro de la moralidad", que exige tratar a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes, genera la necesidad de una orientación de la cosmovisión entre los jóvenes, que se evaluaría según "cuán noble es". todo el mundo lo es en relación con otras personas”. Es importante que el profesor posea esta cualidad, ante todo, y no prejuzgue a los jóvenes imponiéndole castigos mediante calificaciones por el simple hecho de no ser como el profesor, o no compartir sus ideas.
En la actualidad vivimos en una sociedad cínica, en donde se ha perdido la sensatez, y en donde muchos de los profesores lo que menos les interesa es la educación de calidad. Este tipo de profesor es de color gris, cree que siempre tiene la razón en todo, y grita en las aulas para establecer su supuesto dominio y control. Es parte de su insuficiencia pedagógica, psicológica, metodológica. Hoy ha quedado claro que no es el profesor el que regula y controla todo, ni que es él el único que contrala el conocimiento y la razón.
Hoy ha quedado claro que este tipo de relación está claramente obsoleta. La educación debe realizarse no a través de relaciones sujeto-objeto, sino como un intercambio de valores espirituales a nivel de comunicación personal.


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