CARIDAD
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y
Maestría en desarrollo humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México.
Cuando las
dificultades alcanzan a una persona, casi siempre cae en la desesperación y
busca culpables. Cuando vemos a una persona pidiendo caridad en las esquinas
nos sentimos tristes y muchas veces no vemos que esa persona se encuentra en un
callejón sin salida por lo que justificamos que se encuentra en esa situación
porque no ha sabido caminar con la frente en alto. Solo una acción nos hará
sentir plenos.- Los actos de caridad y bondad con los que llenamos nuestra
vida, sin caridad todo ser es desdichado. El amor es el primor del espíritu y
la caridad es la exquisitez del amor.
Si bien es
cierto, todos tenemos problemas, la diferencia radica en la manera de
afrontarlos y cuando estos estén presentes, no debemos escaparnos algún lugar
para que sigan su curso, sino enfrentarlos, meditar con tranquilidad; no
dejarnos arrastrar por la tristeza, o esperar a que alguien tome nuestro
problema en sus manos y lo resuelva. Toda situación requiere un análisis
profundo y detenido.
Si, no
tranquilizamos el espíritu, por nuestra mente pasamos y repasamos las mismas
palabras, las mismas opciones y los mismos pensamientos sin llegar a nada y
aumentando nuestra ansiedad, perdiendo tiempo, energía y buen humor. La caridad
comienza donde termina la justicia, crece dando y dándose, es un deber, no
busca jamás la propia comodidad. La humildad y la caridad son una misma cara en
una moneda, van juntas, son inseparables del alma buena.
La caridad nace
de una necesidad en una sociedad en donde unos tienen recursos y otros carecen
de los mismos. La sociedad se dividió en clases sociales lo que ocasionó la
desigualdad y para convencer al que tiene recursos se inventó la frase de darle
al que no tiene para que Dios te lo devuelva al doble. Este compromiso verbal
llevó a la sociedad en hacer caridad para expiar culpas contribuyendo a que la
paz se mantuviera mediante la pequeña entrega de dinero al que no tiene forma
de vivir.
La caridad
fue avanzando y, se convirtió en norma establecida como una forma de cumplir
con Dios. Posteriormente crece la idea de que dar caridad debe ser desapegado o
darle de corazón, no de dientes para afuera, que exista realmente la voluntad
en dar llegando incluso a establecerse como obligación moral otorgando la
satisfacción de estar cumpliendo con un mandato divino. No es lo mismo caridad
que limosna, ni exige posición social sino más bien el esfuerzo por ayudar al
desvalido con buena intención.
La
desobediencia se piensa se castiga en el juicio final, es por ello que juega un
papel preponderante en las almas de buena voluntad logrando la satisfacción del
alma. La caridad no es una forma de publicidad mal entendida “Que se haga
cuando lo estén viendo otras personas”, esto es mera simulación el cual parece
de sentimientos y de importancia para purificar las pasiones que nacen del
alma.
Evidentemente
quienes asumen este tipo de acciones que además es secreto a voces en una
sociedad determinada que cuentan con riquezas acumuladas y entregan una limosna
para ser reconocidos por el público asistente como persona caritativa “Son
perversos” que juegan con la necesidad de quien la recibe.
Esos que solo
buscan verse visibles ante un público carecen del sentimiento profundo que sale
desde el espíritu. La caridad nace desde las elites sociales como una forma de
controlar los delitos y para que los que poseen la riqueza no sean sujetos de
purgación social.
Entregar por
caridad es un estado de alerta que nace desde el espíritu sano el cual no se
pregunta si ¿Está bien o mal? El entregar un poco de lo que se tiene al ser una
voluntad que se tiene sin verse obligado por circunstancias sociales o por
verse bien al dar esa dadiva minina en busca de ser considerado por su sociedad
como persona de bien. Los que reciben la dádiva con frecuencia se culpabilizan
de estar en ese estado por la suerte. Estas personas van perdiendo poco a poco
su personalidad, se van desactivando de la dignidad y ofrecen todo tipo de
gracias por el bien recibido.
Para las élites
este tipo de personas no cuentan con valor humano y no es importante ayudarlos
más bien lo hacen como una forma de expiar culpas, sobre aquellos que ya viven
de la resignación en el estado en que se encuentran, en esa condición de vida
que atestan la suerte les dio.
La caridad es
una voz que nos taladra la sensibilidad espiritual y es al mismo tiempo la
fuente mediante la cual las élites encontraron silenciar al negado, es esa voz
que termina por ahogar en su propio lamento todo cuestionamiento sobre quienes
ejercen el poder y terminan por justificarlo conformista menté con la frase de
que Dios así lo dispuso y esa es su cruz.
Lo inmoral en
entregar a los que carecen de lo mínimo se olvida cuando la escala social
permite contar con mayor número de recursos y la idea de justicia social se
pierde en el baúl de los desgraciados con cara de ayuda caritativa para que
hayan sido despojados eternamente de una forma sana de vivir. No hagas crítica
negativa del menesteroso, cuando no puedes honrar a una persona en adversidad,
mejor cállate. Cuando ayudas sin esperar ser alabado por ello, doblemente eres
generoso.
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