MISA DELAS ANIMAS
LARRAÑAGA TORRONTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en desarrollo humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México.
En el pueblo de San Ignacio Sinaloa en 1880, vivía una señora llamada Maria Catalina a la que todos los habitantes respetaban mucho. Era soltera a sus 40 años de edad y dedicaba parte del dinero a ayudar a los necesitados que no faltaban. Todos la querían y la consideraban muy bondadosa por actos de caridad y vida dedicada hacer el bien.
Doña María Catarina además de buena y caritativa era muy piadosa y todos los días acudía a la iglesia a oír misa a las cinco de la mañana y regresaba a la de seis. Cuando salía de su casa procuraba llevar un chocolate caliente y un pan de vieja para darselo a un señor humilde que cuidaba el portón de la iglesia éste era ya un anciano enfermizo y débil.
En cierta ocasión a María Catalina la despertaron las campanadas de la iglesia que anunciaban el comienzo de la misa a las doce de la noche. La dama se mostro extrañada sin embargo al escucharlas la mujer se apresuró, pues se dio cuenta que llevaba un poco de retraso. Rápidamente se vistió y salió de la casa con su rosario en la mano.
Al llegar a la iglesia la dama se dio cuenta que el humilde cuidador no estaba en el portón sin embargo entro y ocupó su sitio habitual que se encontraba en la parte delantera y esperó a que diera comienzo la misa, mientras tanto se puso a leer su rosario. Sin embargo, un extraño silencio hizo que la mujer levantara la cabeza para ver lo que pasaba en la iglesia.
Al momento se dio cuenta que todos los que estaban sentados delante de ella llevaban una tunica negra. Este hecho insólito la llenó de temor.
De la boca de la asustada mujer salió un gemido de pánico y angustia. En eso dio comienzo la misa, el padre salió y se colocó frente al altar. Cuál no sería la sorpresa de la mujer cuando se percató que el sacerdote tambien venia cubierto con una tunica negra.
En ese momento María Catalina sintió una mano que le tocaba el hombro, volteó y vio al cuidador del portón tambien vestido con tunica negra. Escuchó que le decía: Querida señora, esta misa no es para los vivos, es una misa para los muertos.
Aterrorizada, la mujer asintió con la cabeza y se apresuró a salir de la iglesia. Pero no podía salir de prisa porque sentía las piernas muy pesadas, como si no le obedeciesen. Cuando por fin logró llegar a su casa y empezaba a abrir la puerta, escuchó las campanadas del templo indicando que era la hora de la misa de cinco. Nuevamente tomo su rosario y salio presurosa a la Iglesia.
En la puerta se encontraba el humilde cuidador quien sonriendole le dijo.-bienvenida la estabamos esperando esta misa esta especialmente dedicada a su persona.- Al llegar las otras señoras a la misa se dieron cuenta que en las bancas de adelante se encontraba vestida con tunica negra doña María Catalina pero al tocarla se dieron cuenta que estaba muerta.
Así pues, desde entonces aunque las campanas llamen a misa a las doce de la noche nadie se atreve a ir a la misa. Cuando las personas escuchan las campanadas anunciando la misa de doce y andan por las calles lo primero que hacen es echarse a correr hacia sus hogares temerosos de participar en una misa dedicada solamente a los difuntos.
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