sábado, 11 de noviembre de 2023

 


HERRADURAS, Y LOS CABALLOS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Médico Veterinario Zootecnista FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

  La primera mención documentada de un caballo herrado se remonta al año 632 d.C. y se encuentra en el Corán. Sin embargo, según las excavaciones y las suposiciones de los científicos, las herraduras aparecieron mucho antes. Se sabe que los primeros dispositivos estaban hechos de cuero, medias y estopa y se fijaban a las patas del caballo con cuerdas y cinturones, luego aparecieron placas de metal especiales.

 Las herraduras se generalizaron en la Edad Media, momento en el que adquirieron la forma que nos es familiar. Su valor ha sido bastante alto a lo largo de los años, razón por la cual nació la superstición moderna de que las herraduras traen buena suerte. No hace falta decir que incluso los impuestos oficiales se podían pagar con herraduras. Esta situación se debía al coste del metal y al trabajo del herrero. La herradura se comenzó a fijar con clavos en el siglo VIII, o en el IX (Francia, Italia, Suecia, Noruega, Dinamarca).

Un castigo que se aplicaba a los caballeros de la época era quitarle las herraduras a su caballo. Montar un caballo sin herraduras era una vergüenza. En el siglo XVIII los caballos se forraban con cuero para protegerles el casco, pero esto les provocaba enfermedades. Luego llego el uso de la resina. En la época de Cleopatra se comenzaron a usar las herraduras de oro, o platino a los cascos de los caballos sujetas con cordeles. Con el tiempo, los cordones se desgastaron, la herradura se cayó y quien la encontró tuvo la suerte de poder venderla muy cara. En el Japón medieval, por ejemplo, los cascos de los caballos estaban envueltos en esteras de paja.

 Los tártaros usaban almohadillas de cuero especiales para un propósito similar, y la kirguís usaban placas de cuerno especiales. Ser herrero era un prestigio social, incluso se abrieron escuelas para estudiar para herrero, ya que herrar a un caballo se convirtió en un arte, sobre todo si la persona sabia fabricar herraduras. En la época moderna con tanto pavimento se ha inventado una herradura de plástico que se pega a los cascos, se adapta a la forma del casco y se puede quitar y fijar fácilmente, según las condiciones de trabajo y la época del año. Existen distintos tipos de herraduras para distintos caballos, para distintos usos.

 Durante la fabricación, tanto el espesor como la forma varían; por ejemplo, se fabrican herraduras más gruesas para caballos pesados ​​y otras más delgadas para caballos ligeros de peso. Actualmente existen alrededor de 5 mil herraduras diferentes. Convencionalmente, se pueden dividir en los siguientes grupos: ortopédicos, de aluminio, de plástico, de invierno, de carbón, ligeros y estándar. La mayoría de ellos tienen la posibilidad de instalar picos. Existen 13 tamaños de herraduras y 6 tipos de clavos especiales.

 El ancho de una herradura promedio es de 22 mm y el grosor es de 8 mm. Como regla general, la parte superior de la herradura, que está en contacto con la suela, es plana, y la parte inferior puede tener un cierto relieve o perfil. Para asegurar la fijación de la herradura al casco, se realiza una solapa especial en la parte delantera de la herradura, dirigida hacia arriba. Además, como regla general, en la parte inferior hay una pequeña ranura en la que están empotrados los clavos.

La excepción son las herraduras de invierno: los cascos sobresalen con la punta hacia afuera para garantizar el máximo agarre en la superficie. Las herraduras para las patas traseras y delanteras también se diferencian por la forma natural de los cascos. Por tanto, los cascos traseros de un caballo son algo más alargados que los delanteros. Escuchar el ruido que producen las herraduras en los caballos nos un toque romántico de tiempos lejanos, cuando aún no se cambiaba por el claxon.

Herrar al caballo no tiene nada que ver con ese sonido romántico, sino que está diseñado para proteger la parte córnea del casco de un desgaste excesiva o rotura, y los tejidos blandos de la pierna de hematomas traumáticos al caminar o correr sobre superficies duras. También ya existen piezas ortopédicas y especiales, que persiguen objetivos específicos. El calzado ortopédico es un método para tratar los cascos lesionados o corregir aquellos caballos que tienen un defecto congénito. Con la ayuda de este último se protegen los caballos en los hipódromos.

En lugares con mucho hielo se usan herraduras con púas, que aumentan la estabilidad del caballo en tramos resbaladizos del camino.  Herrar a un caballo requiere a una persona con conocimiento sobre ello y que se haga al menos cada mes o dos meses dependiendo de la actividad del animal. Si se herra mal provocara enfermedades al caballo. Para herrar, primero se debe recortar la pezuña. Luego se ajusta la herradura al casco del tamaño del casco. Hay que seguir las líneas del casco. Enseguida que se ha hecho esto, la herradura se fija al casco mediante clavos de herradura especiales.

En esta etapa, el herrador debe tener especial cuidado, ya que los clavos no deben penetrar el cuerno del casco ni entrar en el tejido blando de la pierna. De lo contrario, el caballo puede quedar cojo, y presentar incluso tétano. Al hacerlo, el herrador necesita herramientas especiales como cizalla, martillo de forja, alicates de forja, cuchillo para cascos, raspador para cascos, cuchilla, martillo, llave de espiga y pata.

Los clavos de la vieja herradura se quitan, y se poda y limpia el casco. Los alicates o pinza especial se usa para sacar los clavos, y morder recortando los brotes indeseables del cuero no del casco. Se utiliza un cuchillo para pezuñas afilado para recortar el cuerno y una escofina para dar forma al borde de la pezuña. Los clavos están diseñados para atornillar la herradura en el plano del casco.

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