TOMAS
CASTRO VALVERDE MAESTRO QUINTO GRADO EN EL PUEBLO DE SAN IGNACIO.
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
¡Cuántas
líneas maravillosas están dedicadas a personas que se llaman maestro! Y no es
de extrañar. Después de todo, es necesario tener un gran don y talento para
inspirar en sus alumnos la sed de conocimiento, la pasión por la búsqueda, para
poder formar una persona real y un ciudadano digno. Y todo esto, día tras día,
de lección en lección, a menudo de forma inmediata e imperceptible, despierta
al maestro en los niños. Cada uno de nosotros tuvo su propio maestro en la
vida, cuya imagen era fascinante y cuyas lecciones tenían un poder mágico
especial. Cada uno merece mi más profundo agradecimiento, por ser amables con
sus palabras, y el tan necesario apoyo que necesitamos para desarrollarnos.
Como
suele suceder, conoces a una persona, hablas y queda claro que dedicó toda su
vida a su profesión favorita, aplicó todas sus habilidades al negocio más
cercano a su corazón, que este negocio que siempre ha sido su alegría. Entre
estas personas maravillosas se encuentra el maestro Tomas Castro. Una persona
de alma bondadosa, educado y talentoso quien cuidaba de las almas de los niños
en la escuela Morelos frente al quinto grado de primaria.
Era un maestro muy letrado en historia,
ciencias sociales y tenía experiencia amplia en todo lo relacionado a su
profesión. Llegaba temprano al salón para verificar que todas las cosas
estuvieran en su lugar y el aula limpia. Al principio me asusto su seriedad,
pero luego me resulto interesante. Muy al contrario, me gustaba su
personalidad, sobre todo que conocía perfectamente los contenidos, y los
explicaba claramente. Nos hizo interesar incluso en los temas más complejos y
problemáticos.
Cuando
todavía era un niño, comprendía lo valioso y lo importante que es para un
maestro que como alumnos le retribuyamos con conocimientos sus esfuerzos
estudiando. Es un trabajo colosal que muchos no respetamos ni valoramos. Le
gustaba estudiar, se apegaba a los programas educativos, pasaba del dicho al
hecho. Era un maestro romántico en literatura, y se inspiraba en sus
conocimientos del campo rural. Sin duda se preparó para ejercer la profesión.
Vivía por la calle libertad a un lado de la escuela por lo que recorría un
camino de su casa a la escuela caminando de cinco minutos.
Sus métodos poco los recuerdo, lo que sí es su
vasta experiencia pedagógica. Se preparaba en cada una de las lecciones
pensando en cualquier cambio o pregunta. Tal vez para mí fue suerte el tenerlo
como maestro por su calidad humana y enseñanza, lo que me impulso a mis futuras
responsabilidades con respeto al estudio. Estar en sus clases fue precisamente
lo que se convirtió en mi camino personal hacia la vida escolar. La escuela era
de dos turnos, asistíamos en la mañana y regresábamos por la tarde.
Recuerdo
el empeño que destinaba para revisar las tareas y trabajos de cada niño
comprobando el grado de avance en cada niño. Enseguida nos hacia las
recomendaciones explicándonos las deficiencias. En una palabra, conocía todos
los métodos de enseñanza y nos daba la oportunidad de rectificar poniendo a
prueba los conocimientos que íbamos adquiriendo en base a ese arsenal de su
base metodológica. Hoy despues de tantos años cuando me pongo en el lugar de un
maestro frente a un grupo, siempre me pongo en el lugar del alumno. Es el
recuerdo de ese apoyo y compresión que recibí, el disfrute de aquellos
momentos. Una experiencia acumulada gracias a sus años de trabajo.
Para
amar la escuela primaria no bastan las habilidades, lo interesante de una
materia por sí solas no son suficientes. Lo principal es interesar, no alejarse
ni de uno mismo ni del tema. Y el maestro con su bondad viene al rescate, que
puede contener un maestro como Tomas en su alma quien independientemente de las
circunstancias, las condiciones climáticas o los problemas en su vida personal
estaba presente, sonriente prestándonos la debida atención para trabajar con
sus alumnos, para guiarnos a extraer conocimientos de los libros de texto y
enriquecerlos con su propio conocimiento.
Hoy es fácil para un niño y está en solo
apretar un botón en una computadora o deslizar el dedo en el teléfono, y se
puede acceder directamente a cualquier información. Pero antes todo era
diferente. Para ampliar sus horizontes y despertar el interés de los
estudiantes, el propio maestro Tomas Castro la propia tuvo que leer varias
revistas, enciclopedias, sintetizar con una libreta en la mano para al otro día
mostrárnosla en el aula. Pero también debía prepararse para ver cómo hacerlo,
que despertara en nosotros el interés, el deseo con una sonrisa en su cara para
que de esta forma no perdiéramos en interés en su clase.
Es el
momento en que un maestro lo es todo. Tomas Castro siempre trato en ser un
maestro amable, el tacto y el respeto por la personalidad del niño estaban
presentes. Nunca le escuche una sola palabra grosera. Los niños siempre
respondíamos amablemente a la bondad. Nunca nos reprimió en las emociones, nos
hablaba respetuosamente. A quien se lo merecía lo elogiaba, y tal vez sentía
pena por los que se quedaban atrasados. No le agradaba que sacáramos malas
notas y a esos niños les prestaba mayor atención para regularizarlos. Nos hacía
preguntas para interesarnos.
Nunca
admitió el fracaso de uno solo de los niños, en si un maestro muy competente y
posiblemente en su vida personal con sus defectos como cualquier persona. Tomas
Castro tenía ese don de lograr resultados en cualquier nivel de preparación de
los niños. Durante muchos años trabajo en la escuela Morelos. Se jubiló ya
viejo, porque todo tiene su tiempo. A veces en la vida es importante salir a
tiempo para hacer algunas de las tareas del hogar. Cuando lo saludaba por en la
calle, su mente inquieta me recordaba como uno de sus alumnos, y su rostro se
transformaba en una sonrisa.
Un hombre serio, convertido en una de las
personas más dignas del pueblo. Ser un profesor como Tomas Castro tan
responsable, sigue siendo un ejemplo para sus ex alumnos en comportamiento y
comunicación. Los niños sienten al maestro de manera muy sutil, por eso lo
principal para un maestro es el equilibrio. Un maestro que cuido nuestra salud
física y mental, que entendió nuestro cansancio y nos dejaba reposar, nos
prestaba atención a cada uno ¿Cómo olvidarlo? Un maestro lleno de bondad,
comprensivo, que nos calentaba el alma. Un maestro a toda prueba.
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