sábado, 4 de noviembre de 2023

 MANUEL ENRIQUE BASTIDAS PEÑA MAESTRO DE SEXTO GRADO EN SAN IGNACIO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
En Sexto grado recuerdo a mi maestro Manolo Bastidas Peña. Mis impresiones más vividas están asociadas a este maestro. Él fue quien me abrió las puertas al vasto mundo del conocimiento. No sólo nos dio conocimientos sobre materias escolares, sino que también nos enseñó sobre la vida. Un ser humano alegre que conocía el carácter, los pasatiempos y los sueños de cada estudiante. Enseñó de manera muy brillante e imaginativa, habló de todo con admiración y amor, y estos sentimientos se transmitieron a todos los estudiantes.
Con mucha paciencia y sinceridad, enseñó que una persona debe ser diversificada. Y todos los niños sintieron el calor de su corazón y se sintieron atraídos hacia su persona. Su casa, familiar frente a la plazuela del pueblo servía para reunirnos a todos. En la calle lo saludábamos con cariño y aprecio siendo ex alumnos. Era una persona muy sincera y nos enseñó exactamente eso. No tanto con palabras sino con hechos, con su ejemplo nos explicó que debemos tratar a los demás con amor y comprensión, ser trabajadores y poder disfrutar del trabajo.
Amable y estricto al mismo tiempo, con un sutil sentido del humor, vio en cada uno de nosotros a uno de sus hijos. Nos permitió discutir y expresar nuestras opiniones. No teníamos miedo de ser incomprensibles y no escuchados; estábamos pendientes de cada palabra de él en clase. Junto con el maestro y sus historias de los héroes, aprendimos a ser decididos, responsables y a superar las dificultades. Nunca nos levantó la voz y con su sabiduría y tacto nos cautivó y conquistó. Y nosotros, a nuestra vez, intentamos no molestarlo. Era un maestro inquieto, responsable, concienzudo, siempre estuvo con los alumnos en los recreos. Se dedicó por completo a servir a la infancia.
Y hoy me parece que aun escucho su voz sonora que me trasporta de nuevo a mi infancia. Por eso, hoy recuerdo a mis primeros queridos maestros de primaria con calidez y amor. Ha habido muchos buenos maestros en mi vida; recuerdo con especial respeto a Manolo con sus matemáticas y la historia. Las matemáticas son una ciencia entre todas las ciencias, y Manolo fue un profesor entregado a la enseñanza de las matemáticas y la historia. Era muy estricto, pero ahora entiendo que la objetividad y el profesionalismo son el mayor activo de un profesor.
Los niños de sexto rara vez llegábamos desprevenidos a sus lecciones o sin la tarea resuelta, porque con solo mirarnos identificaba al perezoso. Puedo asegurar con confianza que ser maestro fue su vocación. Nos trató a cada uno de nosotros con respeto y nosotros lo respetábamos. Este maestro fue un verdadero entusiasta de su trabajo.
Las lecciones de matemáticas fueron muy interesantes: el libro de texto y el trabajo del programa eran sólo una pequeña parte de lo que estudiábamos. Muy a menudo, las clases se convertían en debates en los que participaba toda la clase. Logro contagiarnos de optimismo. Bromeaba a menudo, se defendía de las bromas de los otros maestros, nunca nos levantó la voz y el peor castigo para nosotros fue su mirada severa. Quiero agradecerle por enseñarme a no ceder ante tareas difíciles, a encontrar palabras de apoyo en situaciones difíciles y a seguir siendo un verdadero amigo para cada uno de nosotros después de la escuela.
Durante sus lecciones, nos sentábamos en silencio y teníamos miedo de cometer errores, porque conocíamos su mirada severa. Siempre estábamos listos para las lecciones: recordaré durante mucho tiempo los cuadernos llenos y las reglas memorizadas. Esto sucedía cuando recién lo conocías. Al llegar a la edad adulta, agradecí al maestro Manolo por los conocimientos adquiridos, por sus lecciones inusuales y su material excelentemente presentado. Es imposible olvidar sus lecciones, llenas no solo de un intenso trabajo académico, sino también de la alegría de aprender, la comprensión de la armonía, la armonía del habla y un sentimiento de participación en el destino de nuestro país natal.
Cuánta fuerza espiritual y energía nos dio a nosotros, sus alumnos, enseñándonos a expresar nuestros pensamientos de manera correcta, concisa y sencilla, a escribir de manera competente, a respetar la literatura, español, matemáticas, a encontrar respuestas a las principales preguntas humanas: qué es el bien, la verdad, ¿Cuál es el significado de la vida? ¿Qué significa amar a tu patria? Me he preguntado muchas veces ¿Cuál era el secreto de su habilidad y talento? Probablemente, la vida misma lo hicieron así: amable y exigente, comprensivo y estricto, justo, sabio, ¡un verdadero Maestro!
Nos ayudó a comprender el mundo a través de sus explicaciones elocuentes. Nos demostró que él no inventaba nada, enfatizando que todos los descubrimientos en física se basan en observaciones. Fue la observación lo que nos enseñó en una atmósfera especial propicia para la actividad educativa, una atmósfera de completa inmersión en el material que se estudiaba en esa clase. Como maestro, se distinguía por su erudición y competencia, conocía bien las características individuales de sus alumnos y combinaba un enfoque individual con un control constante sobre el trabajo de los alumnos. Integridad, honestidad, intransigencia, fuerte voluntad: estas son las cualidades que hicieron de Manolo Bastidas una persona especial, cuya comunicación es recordada para siempre por sus ex alumnos.
Fue el profesor más singular, ya que lo mismo nos asustaba que nos hacía reír. En geografía conocía muy bien nuestro país, toda la diversidad de nuestro planeta, un nacionalista amante de su patria. Con él aprendí por qué hace frio en los polos y calor en el ecuador, por qué los canguros viven en Australia, pero no en Europa, por qué ocurren los terremotos, por qué cambian las estaciones, los mares y océanos, las llanuras y las montañas, la flora y la fauna, los minerales. Nos enseñó lo que sucedía con la economía del país y la política, a comprender las leyes. Han pasado 57 años, y hoy escucho su voz.
Lo veo frente a un gran mapa con un puntero en la mano. Anticipando para que estuviéramos en total silencio todos los niños para que lo escucháramos, o en la elocuencia fascinante de un relato inspirado en la historia o pensado en su cabeza en ese instante. Nos enseñó a buscar y encontrar países, continentes, ubicar ríos, mares etc. Impartía las lecciones de historia de manera tan interesante y entusiasta que las esperábamos con ansias. Un día llego con una canasta de basquetbol y la pego en un poste de madera en medio del patio, frente a nuestra aula.
Trajo un balón y nos demostró las técnicas, cómo calentar antes del entrenamiento y nos enseñó las reglas del juego de baloncesto. Sus historias fueron instructivas. Siempre tuvo su propio estilo de enseñanza. Todo un sistema creado a lo largo de muchos años de trabajo. Su estilo de enseñanza hizo que realmente amara la escuela. Nunca fueron fáciles para mí las matemáticas, pero encontró la forma de motivarme. Su forma de enseñar no se parece a ningún tipo pedagógico descrito.
Un maestro culto quien a menudo hablaba de la historia y las costumbres del país, y siempre enfatizaba lo importante que es comprender la cultura del idioma español que se estudia para hablarlo de manera más auténtica. Despues de tantos años que han transcurrido siempre quedará un rincón dedicado a este maestro y los recuerdos escolares. El maestro sabio, que lo escuche explicar entre sus bromas. El hombre que me dio consejos. El maestro al que corríamos a sus lecciones con entusiasmo y con gran deseo. Las lecciones transcurrieron en un suspiro y fueron muy interesantes, ya que el conocimiento que dio se basó en el conocimiento de temas académicos y ejemplos de la experiencia de la vida.

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