lunes, 8 de enero de 2024

 

ARRIBAMOS A 2024 ¿QUE; NOS DEPARA?

LARRAÑAGA TORRONTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en desarrollo humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México.

No permitas que los elogios de otros, oscurezcan tu inteligencia, ni dejes que sus críticas destrocen tu corazón. No te dejes infectar por el mortal virus del elogio y sigue escuchando como si nada tuviera que ver contigo, sin dialogo interno o reflexión exaltante. No permitas que ese virus desencadene emociones destructivas, pensamientos reprimidos, exaltación de rabia por reconocimientos o desastres emocionales. Salva tu vida, tu cuerpo, tu alma.

Cuando alguien te este elogiando es mejor recoger los escombros de la humildad, hacer catarsis de limpieza general y esterilizarnos interiormente. Adquirir una dimensión sana de nuestro lugar en el mundo y volver a decorar con compromiso y respeto nuestra conciencia y la conciencia de quienes nos hayan otorgado los desastres.

Sólo ordenando el caos, se olvidarán los miedos, la incertidumbre y la desconfianza irán desapareciendo, y los elogios no se borrarán, pero al menos dejarán de dolernos en la humildad que deseamos controlar.

La reconciliación es el restablecimiento de la concordia o amistad perdida entre dos o más personas que se habían enfrentado y que, gracias a sus propios esfuerzos llegan a un acuerdo para deponer sus desavenencias o contradicciones. Es decir, se humanizaron.

Ya es hora de irnos civilizando y demostrarnos que podemos transformar una sociedad enferma por una donde quepamos todos sin exclusiones ni expoliaciones. Despojarnos de odios y egoísmos y mirar que el otro, así esté en desacuerdo conmigo, también tiene sus derechos.

Nuestro Dios (G:. A:. D:. U:.) cada día nos ofrece las herramientas para que cada uno se convierta en portador del amor, la paz, la fraternidad y la tolerancia; sin embargo, nos hemos dejado someter por los desdenes de los tiempos, acomodándonos a la vida fácil y placentera (Hedonistas) olvidándonos de nuestra labor terrenal. Hemos sido presa del odio y la intolerancia. No reconocemos nuestros errores. Continuamos todos nuestros fracasos a la justificación y hechar culpas a los otros.

Creo que la reconciliación debe comenzar desde cada uno de los corazones para alcanzar lo que deseamos para esta sociedad. De nada vale que llenemos de gracia y de gozo instantáneos cuando a los pocos días, olvidamos los principios elementales de la civilización: el amor, la paz y el perdón, y nos convertimos en personas lesivas para la sociedad, ayudando a acrecentar los males terrenales.

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