lunes, 1 de enero de 2024

 

UN AÑO MENOS DE VIDA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 

Sabemos que la percepción del paso del tiempo está influenciada por diversos factores. Las emociones juegan un papel importante. Cuando estamos solos o tristes, el tiempo parece detenerse y cuando escuchamos nuestra música favorita, pasa demasiado rápido. La percepción inmediata del tiempo puede diferir de su percepción en los recuerdos.

 

Un ejemplo es un viaje al extranjero, o las vacaciones. En el viaje y las vacaciones los días pasan volando. Pero tan pronto como regresamos a casa, nos parece que han pasado siglos: después de todo, hemos recibido muchas impresiones nuevas. Cuanto más sentimos la falta de tiempo, más rápido pasan los días, las semanas y los meses, y esto no depende de la edad.

 

Esta ilusión está entrelazada con el sentimiento de que somos incapaces de hacer todo lo que planeamos, y nos queda claro que cuanto más viejos somos, más rápido pasa el tiempo para nosotros. Nos preguntamos ¿Por qué recordamos mejor la juventud que otras etapas? Porque entonces todo fue una novedad para nosotros: el primer amor, el primer trabajo, la primera salida a un centro nocturno, el primer viaje sin padres, la primera experiencia de vida independiente, la primera oportunidad de elegir nuestro propio camino, etc.

 

La idea que se clava en la mente se debe a que un día es igual al otro que se terminó por la rutina diaria, pero además sientes que no puedes seguir el ritmo de tu vida acelerada en la juventud, y esto te molesta. El problema puede solucionarse si la persona anda en busca de nuevas experiencias. La edad es un fenómeno que preocupa a muchas personas. Una persona que cumple años, piensa en ello cada vez y cuenta sus años, y llega a su conclusión que está envejeciendo y que la vida se le está pasando volando.

 

La única etapa de la vida en donde se desea crecer más rápido es en la infancia. Primero sueñas con ir a una escuela, pero si la escuela se vuelve aburrida se pierde la emoción de asistir a ella por lo que detestas las tareas, el comportamiento que se exige, el respeto de las reglas. En la juventud ante las exigencias de los padres de familia y la escuela reflexionas que los adultos lo tienen mucho más fácil. Enseguida te pones ansioso por terminar la escuela lo más rápido posible. Aquí te parece que los años van pasando muy lentos y que estas muy lejos de finalizar la educación.

 

Nos llega el momento en vernos convertidos en adultos, y es cuando comenzamos a comprender que el tiempo pasa muy rápido. Cuando éramos niños nos encantaban nuestros cumpleaños, hasta contábamos los días que faltaban para el festejo, para recibir regalos, poder invitar a tus amigos. A partir de los veinte años tampoco piensas en los años que has vivido. Parece que todavía tienes toda la vida por delante. Después de todo, eres joven, hermoso y fuerte.

 

Pero diez años pasan volando como un día, y ya cumpliste 30. Es durante estos años cuando nos damos cuenta de que el tiempo avanza a una velocidad tremenda. A los treinta años aparece un sentimiento de indiferencia hacia el cumpleaños. Y algunas personas incluso temen este evento. Es muy difícil aceptar la idea de que la juventud va desapareciendo paulatinamente dando paso a la madurez.

 

Nos llega el momento de los hijos, además algunos de nuestros amigos han fallecido, y esa noticia nos da vuelta en la cabeza. La fecha del cumpleaños se convierte en una fecha más del calendario debido a que ya no puedes salir a festejar con tus amigos como en la juventud sin compromiso alguno. Algunas personas reaccionan con especial fuerza ante un año más de sus vidas. Creen que el tiempo los está acercando al último día. Este trauma psicológico es inherente a las personas mayores. Aunque muchos de ellos prefieren bromear sobre este tema y no reaccionar ante el aumento del número de años acumulado en su vida.

 

El escritor Mark Twain, escribió “La edad es algo que existe en nuestros pensamientos. Si no lo piensas, no existe”. Algunas personas de 70 años en edad expresan que se sienten bien, sanos, alegres incluso como un joven de 20 años. En cambio, hay jóvenes de 30 años de edad, que ya está decepcionado de la vida, se considera un anciano, no ve ningún significado en la existencia, no reacciona ante los eventos alegres. Resulta que no se trata en absoluto de números, sino de los pensamientos de una persona.

 

 Puedes perder el interés en la vida a una edad temprana. Y esto no depende de los años vividos, sino de la visión de la persona. Además, los malos hábitos, el medio ambiente, la vida personal y los intereses también afectan el alma. Algunas personas prefieren estar solas y se sienten absolutamente cómodas haciéndolo, otras no saben vivir alejadas del bullicio. Lo importante es no perder el interés por la vida. En este caso, el paso de los años no será ni perturbador ni deprimente. Incluso en la edad adulta, vejez, un cumpleaños será una ocasión para reunir a familiares y amigos.

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