UN AÑO MENOS DE VIDA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Sabemos que la percepción del paso del tiempo está
influenciada por diversos factores. Las emociones juegan un papel importante.
Cuando estamos solos o tristes, el tiempo parece detenerse y cuando escuchamos
nuestra música favorita, pasa demasiado rápido. La percepción inmediata del
tiempo puede diferir de su percepción en los recuerdos.
Un ejemplo es un viaje al extranjero, o las vacaciones. En el
viaje y las vacaciones los días pasan volando. Pero tan pronto como regresamos
a casa, nos parece que han pasado siglos: después de todo, hemos recibido
muchas impresiones nuevas. Cuanto más sentimos la falta de tiempo, más rápido
pasan los días, las semanas y los meses, y esto no depende de la edad.
Esta ilusión está entrelazada con el sentimiento de que somos
incapaces de hacer todo lo que planeamos, y nos queda claro que cuanto más
viejos somos, más rápido pasa el tiempo para nosotros. Nos preguntamos ¿Por qué
recordamos mejor la juventud que otras etapas? Porque entonces todo fue una
novedad para nosotros: el primer amor, el primer trabajo, la primera salida a
un centro nocturno, el primer viaje sin padres, la primera experiencia de vida
independiente, la primera oportunidad de elegir nuestro propio camino, etc.
La idea que se clava en la mente se debe a que un día es
igual al otro que se terminó por la rutina diaria, pero además sientes que no
puedes seguir el ritmo de tu vida acelerada en la juventud, y esto te molesta. El
problema puede solucionarse si la persona anda en busca de nuevas experiencias.
La edad es un fenómeno que preocupa a muchas personas. Una persona que cumple
años, piensa en ello cada vez y cuenta sus años, y llega a su conclusión que
está envejeciendo y que la vida se le está pasando volando.
La única etapa de la vida en donde se desea crecer más rápido
es en la infancia. Primero sueñas con ir a una escuela, pero si la escuela se
vuelve aburrida se pierde la emoción de asistir a ella por lo que detestas las
tareas, el comportamiento que se exige, el respeto de las reglas. En la juventud
ante las exigencias de los padres de familia y la escuela reflexionas que los
adultos lo tienen mucho más fácil. Enseguida te pones ansioso por terminar la
escuela lo más rápido posible. Aquí te parece que los años van pasando muy
lentos y que estas muy lejos de finalizar la educación.
Nos llega el momento en vernos convertidos en adultos, y es
cuando comenzamos a comprender que el tiempo pasa muy rápido. Cuando éramos
niños nos encantaban nuestros cumpleaños, hasta contábamos los días que
faltaban para el festejo, para recibir regalos, poder invitar a tus amigos. A
partir de los veinte años tampoco piensas en los años que has vivido. Parece
que todavía tienes toda la vida por delante. Después de todo, eres joven,
hermoso y fuerte.
Pero diez años pasan volando como un día, y ya cumpliste 30.
Es durante estos años cuando nos damos cuenta de que el tiempo avanza a una
velocidad tremenda. A los treinta años aparece un sentimiento de indiferencia
hacia el cumpleaños. Y algunas personas incluso temen este evento. Es muy
difícil aceptar la idea de que la juventud va desapareciendo paulatinamente
dando paso a la madurez.
Nos llega el momento de los hijos, además algunos de nuestros
amigos han fallecido, y esa noticia nos da vuelta en la cabeza. La fecha del
cumpleaños se convierte en una fecha más del calendario debido a que ya no
puedes salir a festejar con tus amigos como en la juventud sin compromiso
alguno. Algunas personas reaccionan con especial fuerza ante un año más de sus
vidas. Creen que el tiempo los está acercando al último día. Este trauma
psicológico es inherente a las personas mayores. Aunque muchos de ellos
prefieren bromear sobre este tema y no reaccionar ante el aumento del número de
años acumulado en su vida.
El escritor Mark Twain, escribió “La edad es algo que existe
en nuestros pensamientos. Si no lo piensas, no existe”. Algunas personas de 70
años en edad expresan que se sienten bien, sanos, alegres incluso como un joven
de 20 años. En cambio, hay jóvenes de 30 años de edad, que ya está decepcionado
de la vida, se considera un anciano, no ve ningún significado en la existencia,
no reacciona ante los eventos alegres. Resulta que no se trata en absoluto de
números, sino de los pensamientos de una persona.
Puedes perder el
interés en la vida a una edad temprana. Y esto no depende de los años vividos,
sino de la visión de la persona. Además, los malos hábitos, el medio ambiente,
la vida personal y los intereses también afectan el alma. Algunas personas
prefieren estar solas y se sienten absolutamente cómodas haciéndolo, otras no
saben vivir alejadas del bullicio. Lo importante es no perder el interés por la
vida. En este caso, el paso de los años no será ni perturbador ni deprimente. Incluso
en la edad adulta, vejez, un cumpleaños será una ocasión para reunir a
familiares y amigos.
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