sábado, 7 de junio de 2025

 

EL NIÑO NO QUIERE IR A LA ESCUELA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex director de “La escuela Normal del Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.

 Si la situación es única, no tiene nada de malo. Todos los niños no quieren ir a la escuela de vez en cuando, es absolutamente natural. Por ejemplo, hay un control difícil, o no durmió lo suficiente, o se peleó con un amigo. Si esto no sucede con demasiada frecuencia, entonces no hay nada de qué preocuparse. En secundaria algunos niños simpatizan con una compañera de clases, pero la niña se muestra indiferente o platica con otro niño. El puberto la valora como la niña de sus sueños. Por eso no quiero ir a la escuela ¿Son sus padres felices al ver que su hijo, es el más interesado en ir a la escuela?, pero eso no siempre sucede.

 No todos los niños quieren ir constantemente a su escuela. Los padres suelen hacer esta pregunta y, por supuesto, no existe una respuesta única para todas las ocasiones. Puede haber muchas razones, y la tarea principal de los padres es determinar qué está sucediendo exactamente en su situación particular. Y habiendo determinado, entienda cómo actuar. Cuando el padre lo escucha de labios de su hijo, le suena como que el hijo, está enfermo, que le duele la cabeza, el estómago y de inmediato se da a la tarea de comentar su propio diagnóstico, como si él fuera un médico lo indicado es averiguar exactamente que está sucediendo.

 El médico, al enterarse del dolor de cabeza, comienza a hacerle preguntas al paciente. Pero si esto sucede todo el tiempo, si el niño solía ir a clases de buena gana, y luego los caprichos, los lloriqueos de repente comenzaron, y si pasan días, semanas, meses y el niño no está feliz en la escuela, entonces el asunto es grave y necesita intervención de un especialista.

 Si, por iniciativa propia, el niño no habla sobre la escuela, pero responde a las preguntas de los padres de que todo está bien, entonces debe tener cuidado. Tal aislamiento puede indicar dos cosas a la vez: primero, que algo anda realmente mal en la escuela, y segundo, que hay un problema en las relaciones familiares. Cuando hay confianza absoluta entre él niño y los padres, no tiene miedo de contar sus problemas escolares. Es cierto que no puede ser solo una cuestión de miedo.

 A veces los niños simplemente deducen que su situación no es anormal, y que, si informa a sus padres, de un conflicto con el profesor, ellos pueden mal interpretarla castigándolo, por eso no se lo comentan. Un ejemplo puede ser que su profesor cuando el niño tiene necesidad de ir al baño, no lo deja y se hace en los pantalones recibiendo la burla de sus compañeros. En algunos casos el fondo es que el niño tiene problemas serios en la escuela (con los estudios, con las relaciones, con la autoestima), esto se refleja en otros aspectos de su vida y es difícil no notarlo desde afuera. Por ejemplo, un niño está deprimido, ha dejado de interesarle lo que antes le fascinaba. El niño se ha vuelto más caprichoso que antes, constantemente nervioso, irritado.

 Antes todo el tiempo tarareaba algo, pero ahora permanece callado. El apetito del niño empeoró, comenzaron los problemas para dormir. El rendimiento también ha disminuido. Todos estos son signos de gran angustia y los padres deben actuar con urgencia. Puede haber muchas razones por las que un niño no quiere ir a la escuela, pero todas se dividen en dos grandes grupos: en primer lugar, problemas de relación (tanto con los niños como con los profesores) y, en segundo lugar, problemas con el estudio. Uno de los motivos más habituales es el acoso escolar, tanto el que les llega desde otros niños como el de su profesor. El niño puede sentirse ofendido por su profesor y en su mente piensa que no puede decírselo a sus padres debido a que le resultara contra producente.

 No, es que el profesor haga cosas que vayan más allá de lo que debe ser su moral, ética y comportamiento verbal, pero el niño siente que lo ofende y no tiene la capacidad para decírselo pidiéndole que no lo haga. El niño comenzara a mostrar hostilidad contra el profesor. Los padres al ver que el niño no quiere asistir a la escuela lo primero que reflexionan es cambiarlo de escuela, sin conocer las causas. El profesor puede comportarse bastante correctamente, pero no mostrar ningún interés particular en este niño y les da preferencia a otros niños, sin prestarle atención ni en clase ni fuera de clase. El ignorarlo puede causar un daño bastante comparable al acoso.

 Solo que, a diferencia del acoso, con el que existen métodos efectivos para enfrentarlo, aquí es más difícil hacer algo, porque parece que no hay nada de que acusar al profesor. Los padres pueden sugerir al profesor para que se organice un paseo o actividades fuera del aula que le sean interesantes a todos los niños y participen con alegría, o un recorrido por la ciudad con un guía que les vaya comentando cosas interesantes. Es importante que estas actividades sean realmente atractivas para los niños, y no reportar eventos para el espectáculo, donde todos son conducidos para cumplir con la parte extra curricular.

 Los niños de primaria y los estudiantes secundaria tienen diferentes razones para no querer ir a la escuela. Un niño cuyo rendimiento siempre ha sido exitoso en las clases y los exámenes, pero por una enfermedad u otra razón perdió el hilo y ahora presenta problemas debido a que no entendió bien, ni logra ser el niño que era antes de su inasistencia, se siente mal.

 Prontamente se molesta debido a que sus calificaciones bajan y los otros niños se burlan. Su profesor no está contento con él, los padres lo regañan, los compañeros de clase lo ven como un perdedor, que malgastó su liderazgo. Entonces el niño se bloquea, baja su auto estima. Estudia, pero tropieza por más que se esfuerza.

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