ESMERO EN CALIDAD PARA EL
HIJO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Ex Director de “La escuela Normal del
Pacifico” Ex Director General “Instituto Pedagógico Hispanoamericano.
Los padres siempre están al pendiente de inculcar habilidades y comportamientos en los hijos, les enseñan lo que es ser ordenado, los protegen de cualquier peligro. Hay niños que agarran un juguete y no lo sueltan y el otro lo agrade para quitárselo o se pone a llorar para llamar la atención de sus padres y que intervengan a su favor. Los padres van dando advertencias “No, agarres al perro, porque te muerde, no le jales la cola, no toques el enchufe de la luz, no agarres los botones de la estufa etc. No toques aquí, no agarres allá, no pises los charcos porque te ensucias o se romperán tus zapatos, no digas eso porque es malo, no te acerques a eso, no te quejes, no te atrevas, o te voy a castigar.
Todo ello le resultará molesto al niño y ocultará su malestar ¿Cuánto de todo esto, será capaz el niño en entender? Sin embargo, la confianza del niño es absoluta en lo que le dice una persona a la que él está consciente que lo ama. Si, le dice que se golpeara, se caerá, o cortara, lo cree sin cuestionar nada. En muchas ocasiones se exagera y vamos trasmitiendo al niño de que el mundo que lo rodea es peligroso y cruel, y que debe comportarse en silencio, debe tener cuidado, porque en cada esquina, y cada uno de sus movimientos le espera un gran mal que puede ocasionarle dolor o causarle la muerte.
Pero lo principal para los padres es que “Obedezca asustándolo” Las propias madres se ven convertidas en chantajistas cuando le condicionan, que si no lo hace no lo amaran y solo lo hacen cuando cumple sus órdenes (No hay un término medio de negociación, siendo chantaje sentimental puro, y llano) El niño aprende de inmediato que el amor que recibe está sujeto a controles en lo que “Les gusta a sus padres y lo que no” por eso cumple con esas condiciones manipuladoras. El niño necesita amor, verse seguro, cuidado rodeado de personas que lo aman y a como dé lugar obedecerá para merecer ese amor.
Las exigencias de los padres van en aumento conforme el niño va creciendo, pero por más que lo intente no puede cumplir todo lo que se ordena, porque a veces no lo entiende, en otras le gusta y por eso lo intenta a escondidas, lejos de la mirada de sus padres y tiene miedo en ser descubierto. Ante esa falta de aclaración de los porque por parte de los padres se va formando una personalidad caprichosa, terca que va midiendo los límites en donde sus padres estallan. No todos los padres quieren y respetan a sus hijos, no nos cuestionamos ni buscamos aprender sobre los niños, sus cuidados y como ser padres, creemos que aprendemos con la experiencia que nuestros padres nos enseñaron, y pocos se dan cuenta cuando asumen una actitud negativa, incluso no pasa por su mente.
No entendemos que el amor que un niño recibe en sus primeros años de vida es fundamental, y es debido a que determina en qué se convertirá cuando sea adulto. En la forma en la que convivamos y participemos con el niño surgirá en “Él” un sentimiento optimista o pesimista de su vida. Se mostrará tranquilo o ansioso, amistoso o hostil. El niño percibe cuando se le rechaza, se le ama y eso va formando sus futuras relaciones con otras personas. Si esos momentos se distorsionan se dañará temprano, y en su futuro será muy difícil de enderezar el camino. Un ejemplo: Al niño se pide por parte del profesor que dibuje su familia. Despues de hacerlo el niño orgullosamente se lo presenta al profesor y este asume la postura de crítica “Te quedaron muy feos, los pies están muy largas, la cabeza grande”
El niño, se siente ofendido puesto que con su critica el profesor le da a entender al niño que no quiere a sus padres porque los dibuja mal. A partir de allí, se sentirá amenazado cada vez que su profesor le pida un trabajo. Lo mismo sucede cuando sus padres lo regañan. Cada adulto tiene en su mente una forma que considera es su verdad para educarlo “Cada profesor su librito”, pero ninguno se da a la tarea de investigar, leer sobre los niños, por eso se cometen tantos errores, y se sacan conclusiones erróneas. Tratan a todos los niños como ven que lo hacen los demás, pero se olvidan que cada niño es diferente, no existe una copia igual.
Estandarizarlos es negarles su individualidad. El sistema educativo toma una gran piedra(Niños) que los irán puliendo para que se forman en lo individual (Estética de la educación) Se construye sin garrotes de por medio, ni manipulaciones sin razonamiento. No se trata de obediencia ciega, ni hacerlos adictos a verdades cuestionables. Los padres y los profesores los presionan a cada momento a esa obediencia ciega, los obligan obedecer sin darles un razonamiento por lo que el niño crece sin criterio y generosamente ignorante.
Los niños siguen la regla a obedecer por instinto y aprenden que solo triunfan sin castigo los sumisos por ello van desarrollando la pereza mental y la astucia para seguir avanzando en los grados de estudio, generando en ellos a la larga una gran indiferencia por aprender más de lo que lo que se les exige para una calificación. Aterrizan sus esperanzas en que no hay nada más allá de conseguir ese avance en grado académico. Los pocos jóvenes que se atreven a romper esos límites son los que sus padres desarrollaron en ellos la confianza, el amor, la motivación, la insatisfacción por ser uno más del montón.
Solo en donde los esfuerzos de sus padres van en esa línea de influencia se puede lograr un desarrollo armonioso del hijo. Aquí es donde se abre la oportunidad para la influencia creativa de los padres y profesores, porque la cualidad de desobediencia puede ser buena marcando límites y mala, si se suelta sin prestarle atención. El niño y sus padres necesitan llegar al estado en donde se comprendan a sí mismos, sus sentimientos, emociones y en cada control impuesto, ofrecer un razonamiento. A cada acción hacer consciencia del porqué de sus límites, sin regaños, amenazas o castigo, para que el niño cuando no está ante los ojos de sus padres se autocorrija y con ello se realice.
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