miércoles, 15 de marzo de 2023

 



CAMINO DE LA VIDA

Ponerme a escribir puede parecer una tarea inútil a muchos, sobre todo a los que no leen. Lo hago sin recibir órdenes de nadie, pero muchas veces al iniciar no tengo claro el rumbo que voy a tomar, ni la intención final. Lo quiero y lo hago, eso es todo. A veces inicio y me voy en sentido contrario a la intención inicial. A sido el trabajo de muchos años, sin prisas. Muchos de estos trabajos han sido examinados en diferentes etapas de mi vida y son temas que me han interesado. Con el correr de los años me doy cuenta de cuán absurdos deben parecer mis escritos ante todo pensamiento racional y práctico, pero sigo escribiendo.

 Me atreví hacerlo desde niño, incluso en mi etapa de adolescente que es la más frívola y en la que significa menos la lectura para las personas. Me gusto vivir como un humano libre, pero me tuve que acostumbrar al control para poder alimentarme. Los controles que se ejercen sobre la persona que trabaja para alimentarse son como una cama dura que no permite descansar tranquilamente. Lo peor llega cuando te acostumbras y lo ves como algo normal dejando de respirar el aire libre fresco por el viciado encerrado en una oficina de trabajo o en una actividad que no deseas desarrollar.

 Pero llega la esposa, luego hijos y a partir de allí, difícilmente serás libre. A medida que el tiempo pasa, te vas acostumbrando a tener miedo por perder esa entrada de dinero que tanto significa para que tú y familia pueda medio vivir. ¿Ese es tu destino hasta llegar a la vejez? Un cautiverio lleno de ansiedad y preocupaciones. A medida que pasa el tiempo lames la soga en señal de agradecimiento porque te tenga controlado, te sientes más tranquilo, incluso disfrutas sin preocupación el que un jefe de trabajo te amenace o abuse de su autoridad todos los días.

 Tu estas dispuesto a seguir esas reglas extrañas que exigen intensifiques tu labor y recibas en pago abusos sobre todo cuando el jefe de trabajo es incompetente. El estudiar te permite que la gente te trate con naturalidad, educación, que tengas un pequeño grupo de amigos con quien reunirte de vez en cuando. El no presumir ningún logro o exhibir una ostentación engañosa hace que la gente no note tu progreso y con ello evitas la envidia. Escribir inicio en mi pasado y ahora no descanso hasta haber anotado mis recuerdos de cierto momento significativo de mi vida. La oportunidad de escribir se me ha dado en aras del tiempo, y el control solo se ejerce en el momento en que entrego un trabajo terminado para ser publicado. Entonces puedo permitirme este placer.

 En cada renglón o página presento la imagen bajo la cual imaginé la vida, sin dejar fuera mis miedos y errores. Hay pocas cosas que dicen más sobre una persona que su visión de la vida: si la ven como un camino, un campo, un árbol en crecimiento o un mar en movimiento. Por mi parte, lo vi con los ojos de un amable estudiante que deseaba subir esa escalera la cual los adultos le decían que mediante el estudio iría subiendo escalón por escalón, pero a la vez me aseguraban que tenía que compartir con otros estudiantes yendo detrás o adelante ya sea pisándole los talones o atravesándome para que no pasaran antes que yo. En realidad, no tenía muchos competidores, pero si muchos envidiosos.

 La mayoría de estudiantes habían puesto sus ojos en sus ambiciones y consideraban su trabajo aburrido por lo que clavaban su mirada en lugares en donde pudieran ganar o agenciarse dinero de forma más rápida sin importar el trabajo que harían. Busque desarrollarme en la vida, pero no deseaba ser empleado, pero eso es malo para una persona que no nace con la vida resuelta a la vez nunca me explicaron cuántos escalones debería de subir para descansar un poco, ni de que gloria disfrutaría estando arriba.

 Tal vez imagine el rancho de mi vida, una familia hermosa, una esposa amorosa o una vida ordinaria en donde debía labrar la tierra. Ese es parte de un viaje que le llame vida, desde un joven que no había decidido para donde ir, muchos menos en donde aterrizaría y cuya tarea más importante de acuerdo a la sociedad era estar sentado en las aulas la mitad de su vida por ser según ellos la actividad más importante por la que debemos pasar para que en la adultez disfrutemos de tranquilidad económica. ¿Cuál sería mi final en esta historia?

Ir aprobando exámenes con desveladas desgastantes para que al tercer día no recordara nada pero que el examinador diera su punto de vista en un papel al que le llama calificación y cuya aprobación es desde su óptica personal. Esos son los vientos que nos arrastran en este viaje y los aterrizajes forzados en los que caemos. Repartir papeles para que te contraten, presentarte a entrevistas sin un plan por parte del entrevistador, conseguir trabajo para que alguien te controle y aguantes la prueba de fuego del mal jefe de trabajo y las condiciones pésimas del espacio en ese trabajo.

 



Llegas a la edad de los 50 años y te parece difícil volver a empezar, aunque sabes que te queda tiempo para ello. Pero tendrías que hacer un poco de trampa con la edad y se debe a que ninguno de los controladores desea contratar a una persona que tenga esa edad. Ves tu rostro lentamente frente al espejo y notas que traes canas y arrugas, pero que aún tienes esas fuerzas y que puedes dar tiempo a ser productivo.

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