VIDA/MIEDO
Mientras
tecleo las ideas, leo mis propias palabras sin llegar a comprender por qué
dedico mi tiempo a reflejar mi realidad, sin entender la razón que me lleva a
hablar de algo que por naturaleza ya es amo de todo, es imposición de un ser. Pienso
y requeté pienso una respuesta que me llega al fondo del alma al darme cuenta
que no soy libre y que la libertad no existe.
No somos
libres, y los espacios dentro del alma son llenados con vacío, ese vacío que
nunca se llena y que ejerce el potencial de hacernos auto destruirnos, quizás
sea por eso que nadie escapa de las insatisfacciones humanas, nadie está
contento con lo que es o hace, puesto que ese vacío le succiona la energía
hasta llevarlo al borde de la insatisfacción.
Los seres
humanos estamos condenados a vagar entre lo posible he imposible, entre
satisfacción y necesidad, tal vez estamos condenados a vagar sin llegar a nada
en una irrealidad ficticia. Piensa en cuestiones sin respuestas y sentirás que
al poco tiempo tu cerebro se bloquea y se llena de un vacío que ahoga, un
camino sin recorrer se hace presente y unas ganas en regresar al pasado nos
marchitan la inteligencia.
Es entonces
cuando descubrimos lo que sentimos o lo que creemos descubrir en ese momento, o
quizás antes, eso no lo sé: la memoria está construida con recuerdos verdaderos
y otros ficticios, verdades a medias ¿será este otro mecanismo del vacío? La
vida está repleta de casualidades y causalidades; esto no es ninguna novedad.
Caminas
solitario por la calle y te encuentras con un conocido que no veías desde hacía
mucho tiempo, comprendes que centra su plática sobre sus lamentos, sus
insatisfacciones y no te da tiempo ni tan siquiera de sacar las tuyas. Otro
día, descubres que alguien comparte tus aficiones, sales con esa persona,
terminas casado y acaba la amistad “Sorpresas nos da la vida”,
un buen día
casi en el ocaso de tu madurez, te das cuenta de que muchos soñaron lo mismo
que tú y que reniegan por sus sueños incumplidos, es entonces cuando miramos al
viento para añorar las esperanzas perdidas en sus remolinos de sueños que nos
estremecen y es cuando nos volvemos a cuestionar, si existe circunstancia en el
mundo que nos haga felices.
Me detengo un
momento ya que, sin ninguna duda, existe en esta vida algo que siempre me ha
hecho muy feliz y es el saber que a mis amigos les va bien y que van alcanzando
las metas y proyectos que una vez se fijaron. Una amiga que encontró trabajo,
otro que no cesaba empeñado en enamorar a la mujer de sus sueños o fantasías y
ahora está con ella, aunque dándose cuenta que la princesa no era como la de
los cuentos de hadas y que mucho menos terminara el cuento con aquella frase
tan trillada de que fueron felices para siempre.
Una amiga que
se esmera en enseñar, para ayudar con sus conocimientos a los que necesitan de
ella y allí encuentra el hombre que la hará feliz; un amigo que crea su pequeña
revista digital en la que desea jugar con las palabras; un amigo que se compra
su primer carrito con gran esfuerzo y que lo nutre de vida a través de pasear a
sus hijos en el mismo, otra que llena su casa de plantas, su pasión; una amiga
que lo deja todo por el amor de su vida, cruza un charco llamado océano
Atlántico, que poco tiene de charco, otro que lucha con tesón y, tras varios
intentos, se levanta con mayor ímpetu a cada caída, y de pronto se ve rodeado
de libros, con proyectos varios, una revista universitaria a la espera de una
confirmación que tarde o temprano llegará y, cómo no, una casa en la que vivir
con sus hijos y su esposa; una amigo que, a pesar de las circunstancias
adversas, prepara la maleta y vuela directa a la tierra que lo llena con su
magia, donde estudia para convertirse en profesionista.
Quiero pensar
de dónde viene la idea de la reencarnación y saber si es castigo o si existe el
infierno, el temor a ese fuego eterno que abrasa las almas. Quiero pensar cómo
nace esa idea de tránsito, de castigo, de precio por una nueva vida.
Me pregunto
cuándo nació el infierno, quién lo creó o si tendrán los animales idea de
infierno. Intento imaginar a esos primeros seres humanos que ven morir a alguno
de su clan y sienten pena o miedo a que sufran allá donde estén y empiezan a
inventar supuestas cosas que permitan lleguen con tranquilidad sin sufrimiento.
O a esos que matan a sus hijos en esta época porque nacen de madre sin casarse
o porque nacen gemelos y esto lo comento al ver un documental de “Tabú” en
discovery.
Entonces esta
idea loca, comienza a adquirir la importancia dentro de la lógica del infierno,
de mi infierno mental, del infierno social. El Prometeo y su robo del fuego que
aún lo vemos con miedo, como vemos cuando sube un rayo en una tormenta, ese
rayo que incendia la rama y, alimentándose del bosque, reduce su inmensidad a
cenizas y negrura.
Esos primeros
seres humanos que conocen la furia del fuego, saben que en él uno acaba
quemándose, como los actuales saben que el fuego de la lengua es más peligroso
que un rayo en medio de la tormenta y es entonces cuando alguien más listo se
aprovecha de ese miedo, que crece sin pausa, para crear une terror mucho más
terrible, el de un lugar de fuego abrasador tras la muerte. Ahí debió surgir el
infierno; diré el infierno estructurado.
Pero se trata
solo de uno de los muchos infiernos. Porque infiernos hay muchos. Lo que es
realmente único es su característica común: un origen a raíz de la conciencia
del terror, del miedo. Al observar los cuetes que se queman en día de fiesta y
vemos como los perros salen corriendo a esconderse debajo de las camas, nos
damos cuenta que el miedo no solo acompaña a los valientes humanos, sino que
cada especie conoce un infierno, uno propio y particular.
Mi perrito
verá el infierno al quedarse solo, abandonado, triste... cuando no hay nadie en
casa; teme, que nadie vuelva y es entonces cuando el infierno abandona su
conciencia canina tomando forma, expandiéndose por las paredes, inundando el
suelo con su particular olor, con colores tétricos, distintos, colores que
somos incapaces de imaginar porque para nuestro ojo no existen, pero para mí
perrito logra hacerlo orinarse.
Él se sentirá
ajeno a la realidad y, en cambio, percibirá la realidad con mayor nitidez, como
aumentada: oirá pasos donde no los hay, se adelantará a la tragedia, tocará
fantasmas que no existen, ladrará desaforadamente en busca de espantarlos, de
ahuyentarlos, hablará consigo mismo sin saberlo, verá en los espejos y
cristales un reflejo poco nítido y creerá que está rodeado por perros con
mirada asustadiza que regresan de ultratumba para llevárselo. Creerá estar solo
en un mar de perros multiplicados.
Solo en casa,
sin nadie, sin mí, en su propio infierno. El infierno no es eterno; de hecho,
muere cuando la conciencia muere, cuando el temor desaparece, cuando la vida se
toma con tranquilidad, cuando la muerte ha perdido todo su poder y ha quedado
relegada a un mero mecanismo de regulación vital.
No sabría
explicar lo alegre y orgulloso que estoy de que mis amigos consigan alcanzar
sus éxitos, del mismo modo que ellos lo estarán el día que yo alcance los míos
y nos encontremos en el paraíso de la vanidad egocéntrica sin que medie entre
nosotros, los miedos o los infiernos. Aún estamos a tiempo: Para recobrar los
valores de vida que una vez usaron nuestros abuelos y padres, como la verdad,
la justicia, libertad, paz, igualdad, armonía.
Necesitamos
hacer un alto en el camino y mirar atrás para volver a lo que amamos y nos han
arrebatado. No permitamos la injusticia, mentira, si dejamos que esto continúe
estaremos condenados al fracaso a la confusión y al caos. Por estas razones es
importante que toda ideología está basada en los valores de vida, en todo
gobierno, de igual manera, no olvidemos que los valores están por encima de las
ideologías, y por encima de los planes de gobierno.

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