sábado, 11 de marzo de 2023

 


VIDA/MIEDO

 

Mientras tecleo las ideas, leo mis propias palabras sin llegar a comprender por qué dedico mi tiempo a reflejar mi realidad, sin entender la razón que me lleva a hablar de algo que por naturaleza ya es amo de todo, es imposición de un ser. Pienso y requeté pienso una respuesta que me llega al fondo del alma al darme cuenta que no soy libre y que la libertad no existe.

No somos libres, y los espacios dentro del alma son llenados con vacío, ese vacío que nunca se llena y que ejerce el potencial de hacernos auto destruirnos, quizás sea por eso que nadie escapa de las insatisfacciones humanas, nadie está contento con lo que es o hace, puesto que ese vacío le succiona la energía hasta llevarlo al borde de la insatisfacción.

 

Los seres humanos estamos condenados a vagar entre lo posible he imposible, entre satisfacción y necesidad, tal vez estamos condenados a vagar sin llegar a nada en una irrealidad ficticia. Piensa en cuestiones sin respuestas y sentirás que al poco tiempo tu cerebro se bloquea y se llena de un vacío que ahoga, un camino sin recorrer se hace presente y unas ganas en regresar al pasado nos marchitan la inteligencia.

 

Es entonces cuando descubrimos lo que sentimos o lo que creemos descubrir en ese momento, o quizás antes, eso no lo sé: la memoria está construida con recuerdos verdaderos y otros ficticios, verdades a medias ¿será este otro mecanismo del vacío? La vida está repleta de casualidades y causalidades; esto no es ninguna novedad.

 

Caminas solitario por la calle y te encuentras con un conocido que no veías desde hacía mucho tiempo, comprendes que centra su plática sobre sus lamentos, sus insatisfacciones y no te da tiempo ni tan siquiera de sacar las tuyas. Otro día, descubres que alguien comparte tus aficiones, sales con esa persona, terminas casado y acaba la amistad “Sorpresas nos da la vida”,

un buen día casi en el ocaso de tu madurez, te das cuenta de que muchos soñaron lo mismo que tú y que reniegan por sus sueños incumplidos, es entonces cuando miramos al viento para añorar las esperanzas perdidas en sus remolinos de sueños que nos estremecen y es cuando nos volvemos a cuestionar, si existe circunstancia en el mundo que nos haga felices.

 

Me detengo un momento ya que, sin ninguna duda, existe en esta vida algo que siempre me ha hecho muy feliz y es el saber que a mis amigos les va bien y que van alcanzando las metas y proyectos que una vez se fijaron. Una amiga que encontró trabajo, otro que no cesaba empeñado en enamorar a la mujer de sus sueños o fantasías y ahora está con ella, aunque dándose cuenta que la princesa no era como la de los cuentos de hadas y que mucho menos terminara el cuento con aquella frase tan trillada de que fueron felices para siempre.

 

Una amiga que se esmera en enseñar, para ayudar con sus conocimientos a los que necesitan de ella y allí encuentra el hombre que la hará feliz; un amigo que crea su pequeña revista digital en la que desea jugar con las palabras; un amigo que se compra su primer carrito con gran esfuerzo y que lo nutre de vida a través de pasear a sus hijos en el mismo, otra que llena su casa de plantas, su pasión; una amiga que lo deja todo por el amor de su vida, cruza un charco llamado océano Atlántico, que poco tiene de charco, otro que lucha con tesón y, tras varios intentos, se levanta con mayor ímpetu a cada caída, y de pronto se ve rodeado de libros, con proyectos varios, una revista universitaria a la espera de una confirmación que tarde o temprano llegará y, cómo no, una casa en la que vivir con sus hijos y su esposa; una amigo que, a pesar de las circunstancias adversas, prepara la maleta y vuela directa a la tierra que lo llena con su magia, donde estudia para convertirse en profesionista.

 

Quiero pensar de dónde viene la idea de la reencarnación y saber si es castigo o si existe el infierno, el temor a ese fuego eterno que abrasa las almas. Quiero pensar cómo nace esa idea de tránsito, de castigo, de precio por una nueva vida.

 

Me pregunto cuándo nació el infierno, quién lo creó o si tendrán los animales idea de infierno. Intento imaginar a esos primeros seres humanos que ven morir a alguno de su clan y sienten pena o miedo a que sufran allá donde estén y empiezan a inventar supuestas cosas que permitan lleguen con tranquilidad sin sufrimiento. O a esos que matan a sus hijos en esta época porque nacen de madre sin casarse o porque nacen gemelos y esto lo comento al ver un documental de “Tabú” en discovery.

 

Entonces esta idea loca, comienza a adquirir la importancia dentro de la lógica del infierno, de mi infierno mental, del infierno social. El Prometeo y su robo del fuego que aún lo vemos con miedo, como vemos cuando sube un rayo en una tormenta, ese rayo que incendia la rama y, alimentándose del bosque, reduce su inmensidad a cenizas y negrura.

 

Esos primeros seres humanos que conocen la furia del fuego, saben que en él uno acaba quemándose, como los actuales saben que el fuego de la lengua es más peligroso que un rayo en medio de la tormenta y es entonces cuando alguien más listo se aprovecha de ese miedo, que crece sin pausa, para crear une terror mucho más terrible, el de un lugar de fuego abrasador tras la muerte. Ahí debió surgir el infierno; diré el infierno estructurado.

 

Pero se trata solo de uno de los muchos infiernos. Porque infiernos hay muchos. Lo que es realmente único es su característica común: un origen a raíz de la conciencia del terror, del miedo. Al observar los cuetes que se queman en día de fiesta y vemos como los perros salen corriendo a esconderse debajo de las camas, nos damos cuenta que el miedo no solo acompaña a los valientes humanos, sino que cada especie conoce un infierno, uno propio y particular.

Mi perrito verá el infierno al quedarse solo, abandonado, triste... cuando no hay nadie en casa; teme, que nadie vuelva y es entonces cuando el infierno abandona su conciencia canina tomando forma, expandiéndose por las paredes, inundando el suelo con su particular olor, con colores tétricos, distintos, colores que somos incapaces de imaginar porque para nuestro ojo no existen, pero para mí perrito logra hacerlo orinarse.

 

Él se sentirá ajeno a la realidad y, en cambio, percibirá la realidad con mayor nitidez, como aumentada: oirá pasos donde no los hay, se adelantará a la tragedia, tocará fantasmas que no existen, ladrará desaforadamente en busca de espantarlos, de ahuyentarlos, hablará consigo mismo sin saberlo, verá en los espejos y cristales un reflejo poco nítido y creerá que está rodeado por perros con mirada asustadiza que regresan de ultratumba para llevárselo. Creerá estar solo en un mar de perros multiplicados.

 

Solo en casa, sin nadie, sin mí, en su propio infierno. El infierno no es eterno; de hecho, muere cuando la conciencia muere, cuando el temor desaparece, cuando la vida se toma con tranquilidad, cuando la muerte ha perdido todo su poder y ha quedado relegada a un mero mecanismo de regulación vital.

 

No sabría explicar lo alegre y orgulloso que estoy de que mis amigos consigan alcanzar sus éxitos, del mismo modo que ellos lo estarán el día que yo alcance los míos y nos encontremos en el paraíso de la vanidad egocéntrica sin que medie entre nosotros, los miedos o los infiernos. Aún estamos a tiempo: Para recobrar los valores de vida que una vez usaron nuestros abuelos y padres, como la verdad, la justicia, libertad, paz, igualdad, armonía.

 

Necesitamos hacer un alto en el camino y mirar atrás para volver a lo que amamos y nos han arrebatado. No permitamos la injusticia, mentira, si dejamos que esto continúe estaremos condenados al fracaso a la confusión y al caos. Por estas razones es importante que toda ideología está basada en los valores de vida, en todo gobierno, de igual manera, no olvidemos que los valores están por encima de las ideologías, y por encima de los planes de gobierno.

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