martes, 10 de septiembre de 2024

 

EDUCACIÓN HUMANISTA

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

1. En una sociedad humanista, la educación sólo puede ser humanista. El principio fundamental de dicha educación es posicionar al niño en el proceso educativo, convertirlo en nuestro asistente voluntario en su propia educación. 2. La comunicación es la esencia de la vida de las personas. El principal método de la educación humanista es darle al niño la alegría de comunicarse con nosotros: la alegría del aprendizaje conjunto, el trabajo conjunto, el juego y la relajación.

 3. La vida cotidiana y la naturaleza de las relaciones entre adultos es el entorno en el que se forma la personalidad de la persona del futuro. Por eso, es muy importante que nuestra vida diaria, nuestra comunicación entre nosotros, corresponda en la medida de lo posible al ideal que nos esforzamos por inculcar en el niño.

4. La fe de una persona en las personas, la fe de una persona en sus propias posiciones de vida es la base fundamental para la comunicación plena entre las personas y la elevación del individuo. Por tanto, estamos obligados a desarrollar y preservar en el niño la fe en nosotros, en sus maestros, la fe en sus compañeros, la fe en las personas, la fe en sí mismo. 5. Una sociedad humanista es una sociedad de personas iguales que se preocupan unas por otras. Nuestro proceso educativo debe estar impregnado del respeto por la personalidad de cada niño, debe formar en los niños un sentido de cuidado por los compañeros, los seres queridos y las personas en general.

6. Una persona puede demostrar y desarrollar todas sus habilidades y talentos y ser feliz sólo en una sociedad a la que se siente necesitada y perteneciente y donde no es elevada ni humillada artificialmente. Así debe sentirse un niño en la sociedad en la que vive. 7. Un niño es una criatura impulsiva; le resultará difícil comprendernos. Somos nosotros, los educadores, quienes estamos obligados a comprender al niño y construir nuestros planes educativos teniendo en cuenta los movimientos de su alma.

8. La educación es un proceso oculto y largo, por lo que debemos mostrar perspicacia, coherencia y paciencia en todos los casos concretos de resolución de problemas educativos. 9. Nosotros, los educadores, debemos guiarnos por la sensibilidad, la capacidad de respuesta, la bondad del alma, el amor, la ternura, la espontaneidad, la constante disposición a ayudar y el sentido de empatía.

Todo esto debe combinarse con exigencias para uno mismo y para el niño, con un sentido de responsabilidad hacia las generaciones más jóvenes y con preocupación por el futuro de la Patria. 10. Debemos abandonar decididamente el autoritarismo y el imperativo, que son contrarios a la educación humanista y reprimen la personalidad del niño, y formas de manifestación como los gritos, las malas palabras, la vulneración del orgullo, el ridículo, la grosería, la amenaza, la coerción.

Los maestros deben regresar al estudio de las teorías educativas, la psicología pedagógica, la teoría de la personalidad, la psicología del desarrollo del niño, etc. Tanto los padres como el maestro deben reconocer la personalidad del niño como el valor más importante de la vida. Tanto padres como maestro deben tener enfocada su vida en la moral, la formación de una personalidad digna y pensante.

La esencia de la educación humanista radica en la comunicación, el diálogo y la comunicación con el niño: El maestro y el niño deben estar en igualdad de condiciones, no hay prioridades, la comunicación es en igualdad de condiciones. La comunicación con un niño debe basarse en el conocimiento de su núcleo espiritual principal, sus preferencias conscientes. En el proceso de comunicación, el maestro debe reconocer y fortalecer las cualidades personales del niño y luego enseñarle a evaluarse a sí mismo. El niño y el maestro deben ser siempre sinceros en sus emociones.

Este diálogo lleva al niño al autoconocimiento, desarrolla la confianza en sí mismo y la autocrítica y le permite resolver problemas de forma independiente. Surge una relación de confianza y armonía entre mentor y alumno. Sólo la pedagogía humana es capaz de educar a una persona, una personalidad y una individualidad altamente morales y espirituales. Cualquier idea pedagógica debe aplicarse en la práctica durante mucho tiempo, en equipo creativo y de forma sistemática. Por lo tanto, este enfoque le permite lograr resultados creativos en la formación de una personalidad desarrollada armoniosamente.

El carácter de una persona se forma en los primeros años de su vida, y lo que se convierte en carácter en ese momento permanece firmemente y se convierte en una segunda naturaleza para una persona. En la niñez hay que educar el alma. Por tanto, el principal principio humano en la educación de un profesor humanista es educación sin castigo. Las calificaciones se utilizan como recompensa por el trabajo, como herramienta de estímulo. El maestro siempre debe inspirar confianza, ser humano, pero al mismo tiempo tener gran autoridad entre los niños.

La escuela debe apoyar el deseo inicial del niño de aprender y motivarlo a sobresalir en sus estudios. Nadie debe nunca apresurar a un niño a dominar el conocimiento. Se necesita ser un amigo y mentor; ayudar a los niños a comprenderse a sí mismos, desarrollar su talento y promover el crecimiento personal. Se necesita en el hogar y en la escuela enseñarle al niño a amar a las personas y la naturaleza, a ver la belleza que lo rodea. Es importante y necesario invitar a los padres a la escuela, pero sólo para aprobar las acciones del niño.

El equipo de trabajo padres, niño, profesor se forma en la alegría, el respeto y el trabajo. El castigo no es necesario si el niño es criado con bondad, afecto y comprensión. Esto es especialmente cierto para los adolescentes. Es necesario abordar a cada niño de forma individual, teniendo en cuenta las características de su fisiología, psicología y nivel de socialización. Es importante enseñarle a controlar sus emociones; ayude a comprender, evaluar y desarrollar la cosmovisión correcta, las cualidades volitivas de la personalidad del niño, y luego el problema de la adolescencia.

Se requiere un enfoque individual para la educación de cada individuo. Hoy en día, el individuo, como sujeto activo de interacción, debe ser motivado para la actividad independiente a través de los conocimientos adquiridos (Internet, televisión, redes, etc.), así como a través de la construcción de su propio programa educativo y de autodesarrollo. Todo el sistema de comunicación personal y colectiva debe trabajar por la transformación del individuo, su educación, su autorrealización y su autodesarrollo.

 En el humanismo el aprendizaje se transforma en la alegría del trabajo para adquirir conocimientos, en la alegría de la creatividad colectiva y el crecimiento espiritual. Para ser maestro humanista se requiere vocación, que crea en el poder de la educación, que pueda apelar a la personalidad de cada niño. La relación entre alumno y profesor debe basarse en el interés y la atención. Sólo entonces surgirá una comunicación real y el niño escuchará a su profesor, sentirá sus aspiraciones y las seguirá. El trabajo físico y el mental influyen mutuamente en el desarrollo de la personalidad: una persona inteligente realiza el trabajo físico de forma creativa.

Y el trabajo creativo puede revelar las inclinaciones naturales del niño, desarrollar el interés y la motivación por la actividad creativa y, de ese modo, impulsar su autodesarrollo. Cuidar animales, plantar flores, comederos para pájaros: todo esto le enseña al niño a leer la naturaleza, comprender la belleza y cuidarla. Hay que nutrir las necesidades del niño, ya que ellas impulsan la personalidad humana. Las necesidades espirituales y materiales de una persona deben ser equilibradas y armoniosas. Esto sólo es posible mediante el cultivo de una cultura de las necesidades. Las necesidades materiales son importantes, pero si las necesidades cognitivas, que es muy fuerte en los niños.

Apoyándolo, puede estimular el deseo del niño de aprender y revelar sus reservas internas. Esta educación hace que la persona sea sabia, sociable, tolerante y no agresiva. La educación humanista acerca a los padres a la escuela. La familia debe aprender hacer el bien. La escuela educa, pero esto debe hacerse junto con los padres. La familia y la escuela deben abordar la crianza de los niños de la misma manera, dándoles la oportunidad de desarrollar una personalidad armoniosa.

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