martes, 17 de septiembre de 2024

 

OBEDECER, CORREGIR AL NIÑO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

Creo que el cuerpo, los sentimientos y los pensamientos son inseparables e interconectados, al igual que la propia personalidad y el entorno en el que se encuentra. Casi todos los padres probablemente se han enfrentado a la desobediencia, los caprichos y la histeria en la infancia. Y, por supuesto, empiezas a pensar: ¿qué le pasa a nuestro hijo? ¿Por qué no nos escucha, por qué es caprichoso e histérico? ¿Y qué hacer, cómo educar para que el niño se vuelva obediente y siga las normas y procedimientos establecidos? ¡Qué fácil y sencillo sería todo si el niño obedeciera siempre! Los padres, luego los educadores, luego los profesores... luego el jefe, el marido o la mujer. Espera, que todo mundo obedezca.

Cuando la naturaleza nos creó, parece que no previó una función tan importante, en nuestra opinión, como la obediencia. Pero me parece que la naturaleza no es estúpida, al fin y al cabo, todo en ella obedece a ciertas leyes de armonía y equilibrio, y tal vez necesitemos mirar más de cerca cómo nos ha estructurado antes de intentar cambiar algo.

Por naturaleza, la función de la obediencia no está incorporada en nosotros desde el nacimiento. Sin embargo, la naturaleza le ha proporcionado al humano algo más, más útil. Y esto es la imitación. Piense usted mismo, después de todo, hubo un tiempo en que las personas aún no habían desarrollado el habla y no podían decirles a sus hijos lo que tenían que hacer. A la naturaleza se le ocurrió algo más simple: ¡deje que los niños miren a sus padres y repitan después de ellos! Y eso es todo: no se necesitan explicaciones adicionales.

Pero la humanidad ha evolucionado, y con ella los discursos de convencimiento para que las personas hagan lo que a uno le gusta sin importar que al otro ¡No! A partir de ahí, se inventaron normas culturales, reglas de comportamiento. Descubrió la humanidad el concepto sobre lo que es correcto para pensar todos de fo5rma igual, qué debes sentir y qué no, qué puedes querer y qué no. Pero por dentro, la naturaleza humana todavía no ha cambiado en nada.

Si le echamos un vistazo al pasado remoto, nos daremos cuenta que queremos las mismas cosas que querían los humanos hace miles de años y experimentamos los mismos sentimientos que experimentaros en tiempos primitivos. Y los niños imitan a sus padres del mismo modo que lo hacías hace miles de años. Nos llegó la sobre abundancia en ideas sobre lo que es correcto y lo que no, y el control se ejerció con reglas, normas y leyes. Aprendimos que contamos con un alma que nos dicta nuestra naturaleza, las verdaderas necesidades, los sentimientos.

Como resultado, dejamos de admitir quiénes somos y no nos damos cuenta de cómo el comportamiento de nuestros hijos refleja el nuestro. Y podemos demostrarle algo a un niño un millón de veces, explicarle, convencerlo, insistir, exigirle, pero si nosotros mismos actuamos de manera opuesta, entonces todo esto carece de sentido y es inútil. Y el niño tiene un conflicto interno: le dicen que no lo haga, pero ellos mismos lo hacen. Esto resulta entonces en histeria frecuente, mal humor, neurosis, etc.

No es necesario obligar a su hijo a escuchar sermones sobre buenos modales y la necesidad de decir "gracias, por favor, hola". Si usted mismo le dice esto a los demás, incluido su hijo, él mismo usará palabras educadas en su discurso, incluso sin recordatorios. A los niños les encanta regalar sus dibujos, algunas baratijas, flores, y si le agradecen sinceramente cada "pequeña cosa", esto no solo le enseñará cortesía, sino que también formará en él el deseo de complacer a los demás. Tal vez algún día, bajo la fuerte impresión de un juguete regalado, no diga "gracias", pero su gratitud seguirá siendo obvia.

¿Su hijo toma juguetes de otros niños? ¿Recuerdas que no le quitaste sus juguetes? ¿De repente le arrebataron algo de las manos? ¿Hiciste algún cambio en su espacio personal? ¿Destruiste el "mundo de cuento de hadas" durante el juego? Por lo general, si los padres respetan los límites de su hijo, él también respetará los límites de los demás y defenderá los suyos propios. Veamos este ejemplo:  Un niño de 4 años golpea a una niña. Su madre enojada agarra al niño y lo golpea, y le grita “¡No le puedes pegar, es una niña!”. ¿Pero qué hace ella misma golpeando al niño, y gritándole? Y el niño sigue golpeando a otros niños, y la madre sigue golpeándolo por esto. La familia juzga ¿Quién enseño a este niño a golpear? ¿Por qué no obedece a nadie? Según su naturaleza el niño repite lo que observa en sus padres.

También sucede que los padres no golpean a un niño, pero él puede golpear a otro adulto, insultarlo, gritarle argumentando que lo hace por defenderse. Aquí es importante no reprimir el sentimiento de ira, sino enseñarle al niño formas constructivas de responder. Es importante preguntarle al niño sobre el agresor, para permitirle expresar su enfado con palabras (a veces esto es suficiente). Explique cómo se puede influir en una situación desagradable de otra manera, pero si el niño mismo es golpeado por otro y no importa lo que su hijo le diga, esto continúa, entonces "contraatacar" es bastante normal, estamos hablando de una situación de protección, gracias a la cual, si algo sucede, el niño podrá valerse por sí mismo.

 

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