LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
CONEJOS
MÉDICO VETERINARIO ZOOCTENISTA FESC- UNIVERSIDAD NACIONAL
AUTONOMA DE MÉXICO
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Siempre es doloroso perder un
animal que ha vivido contigo durante años. Todo el mundo sufre de forma
diferente y no existe una fórmula mágica sobre ¿cómo afrontar el duelo de forma
adecuada? Algunos dueños les dan una tumba, otros los tiran a la calle en
bolsas de plástico. Muchos los tratan como humanos, les ponen su altar
religioso con velas en un rincón de su casa para que les recuerde los gratos
momentos vividos a su lado. Unos más solo los llevan en sus recuerdos y en sus
corazones.
Llega el momento en que un dueño
de animal decide que el perro, gato, etc. Debe ser sacrificado. Todos los días
nacen seres vivos y mueren. Es el curso natural. En el caso de las personas y
los animales surge la pregunta ¿Dar muerte a un ser vivo por mala salud? No
existen las posibilidades de que se recupere y está sufriendo o el humano está
restringido en una cama sin calidad de vida. Pero está peleando por su vida, o
lo que le pueda quedar de vida. Tanto en los animales como en el humano se
decide que debe morir sea por una enfermedad o porque su vida ya no es
apropiada. Tanto los humanos como los animales reciben apoyo en medicamentos
para sobre llevar el dolor (analgésicos, tratamientos contra enfermedades
terminales) medidas que de alguna manera le ayuden a soportar el sufrimiento.
Un ejemplo: A un perro se le corta una de las
patas o queda ciego, tiene parálisis u otra discapacidad por general su dueño
pide que lo maten en una veterinaria (No desea atender necesidades especiales)
Hay casos en los que el dolor en el animal no cede a pesar de los analgésicos,
tratamientos y el animal está sufriendo sin que se vean perspectivas en que
pueda mejorar. Su corazón, circulación, respiración deja sentir esa gran
molestia. El animal deja de comer, se retrae, se confina en un rincón y el
dueño piensa que ya no hay tratamiento posible por lo que surge la idea en
llevarlo a que lo duerman (Muerte).
Estamos hablando de la eutanasia en animales y
en humanos para evitar sufrimientos innecesarios a través de una muerte larga y
dolorosa de acuerdo a los familiares o el dueño del animal. Otros dueños llevan
al animal a la clínica con la esperanza en que exista un tratamiento que lo
sane, pero resulta que el veterinario le recomienda que es mejor sacrificarlo.
La decisión queda en manos del dueño. Los amantes de los animales reflexionan
argumentando ¡Ponte en su lugar! Una de las posibilidades de matar al animal es
administrar sobredosis de anestesia, otra es sedarlo primero y despues
aplicarle la inyección letal. Los más salvajes que no desean pagar para que
muera en esta forma lo envenenan, dar dosis altas de barbitúricos, o pelan un
cable de luz eléctrica poniéndole un hilo en la boca y otro en el ano.
La muerte por inyección letal
sin anestesia previa no es adecuada. Esto generalmente se hace por razones de
costo y, a menudo, desencadena una agonía porque el animal se asfixia mientras
está completamente consciente. En algunos países, el uso sin anestesia previa
está prohibido, pero lamentablemente sigue siendo cotidiano en las prácticas
veterinarias. Les administran un agente mortal sin anestesia previa (T61). El
veterinario se queda con el cadáver en su clínica, otros lo recogen para
llevarlo a enterrar. En algunas ciudades se practica la cremación (Crematorio
animal) las cenizas se ponen en una urna al igual que los humanos, incluso en
algunos países ya cuentan con cementerio para mascotas (Perros, gatos, conejos,
etc.).
Podrían ser enterrados en el
patio de su casa siempre y cuando tenga un espacio en el que se pueda llevar a
cabo (Depende de la opción) Los atrevidos, lo meten en una bola de plástico y
lo tiran en la basura de su barrio. Es aconsejable cuidar ¿A dónde va a parar
una mascota enferma que muere? Puede ser desencadenante de enfermedades tanto
para otros animales que al esculcar en la basura se lo coman como para los
humanos por trasmisión de enfermedades.
Un animal enfermo que muere es una fuente
importante de contaminación de agua, aire, entorno, sobre todo cuando mueren
por enfermedades por ejemplo el conejo por Tularemia, equinococosis,
toxoplasmosis y el virus). La tumba no debe ser la calle, ni un lugar público y
debe cubrirse al menos en un pozo de 50 cm. A menudo cuando la mascota muere
quedan llorando los niños. En los animales más viejos no se extrañan y se
remplazan por uno nuevo al poco tiempo, pero este puede seguir al que murió en
esa casa al recibir la enfermedad que el otro dejo en el lugar. Hay animales
que antes de morir se ponen tristes, dejan de comer.
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