ARCA DE NOÉ
RAMÓN ANTONIO
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
La gran
historia de una embarcación, es la protagonista de una de las leyendas más
impresionantes del Antiguo Testamento, según la cual, un buen hombre de nombre
Noé albergó en ella una pareja de cada especie animal para sobrevivir a las
torrenciales lluvias que durante 40 días y 40 noches cayeron sobre la Tierra,
dejando sumergida la vida bajo las aguas. Tras ese período que fue predicho por
mensaje divino, el sol volvió a lucir en el cielo y Noé dispersó a sus
huéspedes para que poblaran el mundo y restituyeran el desequilibrio natural,
provocado por la ira divina como consecuencia de los desmanes del hombre.
La fabulosa
historia bíblica del Arca de Noé narra una de las aventuras más arriesgadas del
humano, la salvación de la especie humana y del resto de las especies en un
barco construido por Noé, a quien Dios encomendó la tarea frente a la inminente
llegada del diluvio universal.
Recientes
investigaciones parecen demostrar que lo que podía parecer una leyenda pudo
tener lugar en un remoto pasado. Lo que no deja de ser una leyenda parece
haberse convertido en una realidad y las últimas investigaciones realizadas
sobre la zona del Mar Negro nos hablan de restos que podrían corresponder a tan
sagrado navío.
Años de
prospecciones marinas y de investigaciones arqueológicas parecen confirmarlo.
La última investigación
se ha realizado en el Mar Negro, en la costa norte de Turquía, mar adentro, en
el lugar donde hace más de 7000 años se encontraba la costa antes de que
tuviera lugar el Diluvio Universal.
Se trata de
una zona situada a 165 metros por debajo del nivel del mar donde mediante sonar
fue detectada más de una treintena de bloques de piedra que no constituyen una
formación geológica natural.
Posteriormente,
los expertos realizaron un análisis más detallado con cámaras a control remoto
y hallaron en el lugar piezas de madera y otros objetos, probablemente de
cerámica. “Es un paisaje subacuático con materiales que provienen del período
previo a la inundación”, dijo el arqueólogo Bruce Hitchener, editor de “The
American Journal of Archaeology”, la revista donde ha sido publicado el
hallazgo.
Por su parte,
una expedición liderada por el ingeniero italiano Angelo Palego ha dado a
conocer recientemente algunas fotografías de lo que, asegura, podría haber sido
el Arca de Noé.
Se trata de
supuestos restos de la mítica embarcación bíblica que, al parecer, se
encuentran aprisionados bajo el hielo del monte Ararat (en la Turquía
oriental).
El interés
por el Arca ha llevado a los investigadores a utilizar las técnicas más
avanzadas para localizar una hipotética nave que, de haber existido, debería
haber tenido unas medidas desorbitadas.
-El
descubrimiento de una edificación sumergida desde hace 7500 años en el Mar
Negro aportó una prueba espectacular sobre la existencia de la gigantesca
inundación narrada en el pasaje bíblico del diluvio, según el autor del
hallazgo, el arqueólogo marino Robert Ballard, con gran prestigio en la
exploración submarina y descubridor de los restos del "Titanic" en
1985, afirmó que el hallazgo superaba a aquél en importancia.
El investigador
estadounidense aseguraba que su equipo, utilizando avanzados sistemas de sonar
y rastreo marino, así como pequeños sumergibles, halló una construcción humana
a unos cien metros de profundidad en el Mar Negro que parecía demostrar la
existencia de ciudades antes de la gigantesca avenida de aguas que registra la
Biblia.
Las
investigaciones de Ballard en la zona ya habían encontrado rastros de una
antigua línea costera, a unos 150 metros de profundidad, que indicaban que la
cuenca que ahora ocupa ese mar recibió un aporte gigantesco de agua de modo
súbito. La construcción descubierta, de unos doce metros de largo por cuatro de
ancho, parece ser un habitáculo de madera asentado sobre un lecho de arcilla.
Aunque la edificación está derrumbada, mantiene parte de su estructura,
conservada por la ausencia de oxígeno.
El Mar Negro,
separado del Mediterráneo por el estrecho del Bósforo, alberga vida sólo en sus
capas superficiales, pero las profundas carecen por completo de oxígeno, lo que
favorece la conservación casi intacta de los restos que yacen allí. Esta
circunstancia animó a Ballard a acometer una investigación arqueológica en ese
mar, en busca de restos hundidos de lo que, en su opinión, podían ser los
primeros intentos de la navegación humana.
El libro
"Noah`s flood" (La inundación de Noé), de los geólogos de la
Universidad de Columbia William Ryan y Walter Pitman.
Según estos
investigadores, el Mar Negro fue en su origen un lago de agua dulce con una
superficie mucho menor de la que ocupa ahora. Pero el agua del deshielo tras
las últimas glaciaciones hizo que el Mediterráneo rebosara sobre el estrecho
del Bósforo, lo que inundó tierras, destruyó ciudades y acabó con sus
habitantes, al tiempo que originaba el actual Mar Negro.
La teoría de
ambos geólogos y las investigaciones de Ballard son coincidentes con los
pasajes bíblicos del Génesis y otros textos bíblicos con una antigüedad de unos
2900 años, que mencionan una devastadora inundación. Hershel Shanks, editor de
la publicación Arqueología Bíblica, opina que "aunque los expertos en la
Biblia tienden a considerar aquellas inundaciones como una leyenda, y esto no
surge sólo de la imaginación, sino que parte de un hecho, de la
experiencia".
Ballard,
quien ha proseguido sus investigaciones en un buque a unas doce millas de la
costa de Synope, en Turquía, recalca que lo encontrado "está más allá de
la imaginación".
La gran
venida de aguas, según la susodicha teoría, anegó millones de kilómetros
cuadrados en una zona del mundo en la que habían comenzado a instalarse los
primeros asentamientos humanos organizados, con agricultura, cultivos y
poblaciones estables. Los asentamientos agrícolas humanos más antiguos
descubiertos hasta ahora se remontan a unos 6000 años de antigüedad en la
región de Oriente Medio.
Según los
relatos bíblicos, Dios decidió castigar a la Humanidad con un diluvio
aniquilador, pero antes dio a un hombre virtuoso, Noé, el mandato de construir
una gigantesca arca para embarcar en ella a su familia, así como a una pareja
de cada especie animal, hasta que las aguas bajaron. Cuando las tierras se
secaron, tras la aparición de un arco iris que marcaba el fin de las lluvias,
la agricultura y los asentamientos humanos comenzaron a reaparecer en lo que
hoy es Turquía, Siria y el norte de Irán e Irak.
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