EL INFIERNO DE LA SECUNDARIA PARA ALGUNOS
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional
Autónoma de México.
Casi todos los niños experimentan acoso escolar de una forma
u otra. Apodos ofensivos, boicots y hasta palizas. Y luego la vida escolar se
convierte en un infierno, los niños se escapan de las clases, engañan a sus
padres e incluso se van de casa. Hace muchos años tuvimos un chico en primero
de secundaria que llego de un rancho. No recuerdo su nombre. Se diferenciaba de
nosotros por su forma de hablar, su apariencia física (Yo, venia de pueblo y,
ya usaba tenis). En varias ocasiones lo vi por las calles en las tardes fuera
de la escuela. Al chico le gustaba usar sombrero y huaraches.
Eso no solo para mí, sino para todos los compañeros nos hizo
especular en que le sería difícil adaptarse para ser como nosotros. En
realidad, yo, lo veía con cierta indiferencia debido a que hablaba muy mal el
español, incluso en la clase de inglés se veía pésimo. En el aula había varios
que les gustaba estarse burlando del chico, intentaban hacerle la vida
insoportable. Y lo hicieron. Recuerdo que hubo un escándalo en toda la escuela
el día que se agarró a golpes en el baño. Todo el salón fuimos a parar a la
dirección y a uno por uno nos fue confesando el director para que habláramos
sobre los acontecimientos. Yo, en lo personal, no tenía nada que ocultar,
honestamente no estaba en ese momento en el baño, ni me entere que se habían
retado a golpes en el salón, por lo que desconocía la causa.
Dos o tres meses despues sus padres lo sacaron de la
secundaria, se lo llevaron. ni siquiera sé, si estudió en algún lado, o tal vez
se puso a trabajar con su padre en el rancho de donde era. El recodar esa
situación despues de tantos años aun me resulta desagradable. Creó que aquella
situación se pudo arreglar de diferente forma. Recuerdo que un maestro lo
ridiculizo pasándola al frente y lo hizo que repitiera varias veces una palabra
que el chico era incapaz en pronunciar por las “eses” y la palabra misma. En
otra ocasión supuestamente con el pretexto de revisarle el corte de pelo lo
jalo de las patillas hasta casi hacerlo llorar. El salón entero comenzó a
burlarse del chico.
En aquellos prehistóricos tiempos los maestros eran muy
respetados por su gran bagaje en sabiduría y conocimientos, además se les
permitía hacer de todo en cuestión de castigo a los alumnos. Ahora la situación
está a la inversa, los estudiantes son los que abusan de ellos. Llegan a dar su
clase y nadie los obedece, les hacen ruido, interrumpen su clase, se burlan de
ellos, los someten a una presión estresante, los acusan con sus padres, los
padres exigen a la dirección sea retirado de su trabajo.
Es de preocuparse por lo que sucede en la mayoría de las
escuelas de secundaria y bachillerato. Muchos de esos maestros no se dan por
vencidos ante la falta de entrada de dinero para vivir. Como también hay
maestros cuya conducta es toxica y no hay forma de cambiar su actitud, siendo
la única opción de los estudiantes ignorarlos para no verse castigados con una
baja calificación. En una secundaria y bachillerato mientras aguantes como
bulto los malos tratos de unos y otros tendrás la oportunidad de ir a la
Universidad.
Allí, no es el lugar
ideal para adquirir saberes, sino tener paciencia con todo tipo de personas
toxicas, que ofenden verbalmente, a las que nada les gusta de tus acciones y en
todo quieren corregirte. Ahí es esperar a que el tiempo sigue pasando.
Al principio cuando llegue al grupo recuerdo que uno de mis
compañeros no me trato con respeto, y en uno o dos días lo puse en paz con un
estate quieto a la salida de la secundaria. Ese hecho me pudo afectar, pero fui
lo suficiente precavido para esperarlo en uno de los callejones por los que él
caminaba de regreso a su casa. Me alegro en haberlo hecho puesto que, a partir
de allí, dejo de molestarme y para el segundo grado de secundaria ya era mi
amigo. Tambien en segundo de secundaria, teníamos de co0mpañera una chiquilla
que no era como las demás.
Se comportaba inadecuadamente, era floja y malcriada, con
cualquier cosa se ponía histérica y nos acusaba con la prefecta. Sus padres
frecuentemente acudían a la secundaria a poner quejas que la chiquilla les
hacía saber. Era su estilo de vida y a esa edad no la comprendía, todos éramos
culpables, y hacíamos cola para ser llevados a la dirección en calidad de
acusados. En realidad, era ella la que ridiculizaba a los compañeros. Me
mantuve apartado para no ofenderla nunca ni con la mínima palabra o gesto que
la molestara. Lo único bueno de aquella época es que no te acusaban de acoso
sexual como hoy.
Con el tiempo en tercero de secundaria apareció una chiquilla
muy diferente a todas las compañeras. Ella fue aceptada por todos de inmediato.
Vivía cerca de la secundaria. Supe por ella que su padre la cintareaba
frecuentemente acusándola de andar de coqueta a esa edad. En varias ocasiones
platicamos sentados por atrás de la secundaria. Comprendía lo difícil que era
para ella lo que le sucedía, pero no estaba en mis manos corregirlo. Solo
trataba de ayudarla con mi amistad, buscando suavizar sus problemas familiares.
Cuando estaba en segundo de secundaria se formó un grupo de estudiantes vagos
de tercero de secundaria que abusaban de todos a escondidas de profesores y
autoridades.
Exigían dinero y si no les daba te esperaban a la salida para
golpearte. Se juntaban en la jardinera en el centro de secundaria para
seleccionar a quien le exigirían dinero y le esculcarían su mochila. A las
chiquillas a la pasaba se burlaban de ellas. Nadie podía hacer nada ya que si
te quejabas en la dirección el castigo sería peor. Pocos fuimos los que nos
defendimos, aunque terminamos golpeados, pero con la dignidad intacta. – Uno de
esos vagos, un día me saco el uniforme de deportes de la mochila y lo rompió
con unas tijeras.
En ese momento se salió con la suya por encontrarnos dentro
de escuela y él estar respaldado por el grupo de vagos con los que se juntaba.
Dias despues estando sentado en la plazuela frente a catedral lo vi cruzar la
calle, iba solo. A mi juicio era el momento adecuado para arreglar cuentas
pendientes. Lo alcance y todo termino en unos cuantos minutos. Un adulto se
metió para quitármelo gritándome ¡Lo vas a matar! Por fin sus actos de abuso e
impunidad dentro de la secundaria alcanzaban la sentencia y la justicia
juvenil.
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