DESEABA
MARTHA SER CANTANTE ESTRELLA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Quiero contarles mi historia, aunque a decir verdad no soy de esas a las que les encanta abrirse sin tener en cuenta en ¿Quién? lee, mi historia de vida. Me gusta ser reservada y guardarme todo lo bueno y lo malo para mí. Pero en este momento siento que necesito desahogarme, sin esperar a que alguien me de consejos tratando en ayudarme ¿Quién podría ayudarme en estos momentos de mi vida? Nadie, mis errores están en el pasado, y si en mi niñez y juventud mantenía la idea en que triunfaría a cualquier costo les digo que eso prefiero continuar guardándolo como esperanza de mi misión en la vida. Como ustedes saben hay millones de niñas y chicas jóvenes que piensan al igual que yo en este tema.
Bueno comenzare por el principio para que entiendan que clase de niña fui. En mi pueblo, las cosas son muy diferentes a la cualquier ciudad, y aprendemos de nuestros abuelos que, para triunfar en la vida, es una misma la que debe de luchar sin esperar que con una varita mágica se den las cosas. Mis padres y abuelos eran muy trabajadores, tanto que creo no dormían lo suficiente debido a que se levantaban a las cuatro de la mañana para comenzar a trabajar. Mi padre trabajaba como campesino o pequeño agricultor. Mi madre dedicaba su tiempo a comprar y vender gallinas, así como preparar la leche de unas dos o tres vacas y con ella hacer “Cuajadas”. Yo, y mis hermanos la ayudábamos a venderlas por las calles.
Todavía puedo escucharme gritando por esas calles de arena “Cuajadas frescas a 40 centavos” Me movía rápido por esas cuantas calles con la intención de venderlas rápido. Hoy, dirán las mujeres feministas “Eras una verdadera guerrera” Para mí no importaba el verano con su intenso calor, o que lloviera con estruendosos truenos, o hiciera frio en invierno. En aquellos años de mi niñez, no comprendía el inmenso sacrificio que hacian mis padres para llevarnos alimento a la mesa. Al final del día, despues de lavar la ropa de todos los hijos, de mi padre y la suya propia se ponía atizar las hornillas para meter las planchas y despues doblar y acomodar la ropa. Me falta mencionar que ella también era la encargada de hacernos la comida, y con ello creo que mi madre a media tarde arrastraba su cuerpo en busca de descanso en el catre que compartía con mi padre.
No puedo decir que me lavaba mis calcetines sucios por el hecho que para ir a la escuela usábamos chanclas ¿Te imaginas, lavar calzones, ropa, producir cuajadas, atender a mi padre en sus momentos íntimos? Te lo digo, con el trascurrir de los años, mi madre es mi ídolo, nadie como ella, siempre con una sonrisa en su rostro y dispuesta apoyarnos. Con mi padre, creo que casi nunca hubo tiempo para sentarnos juntos en la mesa a comer a mediodía. Lo que recuerdo, es que una prima era la consentida de mi padre y lo pienso en esta forma debido a que la prima iba a la tienda de la esquina y pedía fiados refrescos, que mi padre pagaba. ¿Por qué mi padre sacrificaba parte de su dinero en pagar sus refrescos?
Un día se lo pregunte, y me dijo que esa niña, él la quería mucho debido a que se parecía mucho a su Mamá, y que sentía culpa porque siendo joven no pudo ayudar a su Mamá económicamente, por lo que ahora lo hacía para sanar un poco esa culpa. En verdad de niña fui muy inocente, ni siquiera sabía lo que hacía o dejaba de hacer, veía a mi madre trabajando de sol a sol sin parar, y no me paraba a pensar en su desgaste y sufrimiento. Ella siempre pensando en que darnos de comer, y nosotros exigiéndole “Dame de comer, porque me muero de hambre” Es hasta ahora que lo entiendo. Tambien reflexiono sobre la importancia que tiene el sentarnos la familia juntos en la mesa en el momento de alimentarnos.
Para mi madre, era motivo de felicidad que retuviéramos el bocado en la boca. Es la vida y sus dificultades la que nos va uniendo o separando según las superamos. Es una mezcla de sentimientos, coraje, espíritu de hermandad, en donde un pedazo de carne lo hacia mi madre que rindiera para todos en partes iguales. Según recuerdo las paredes de mi hogar estaban carcomidas con pintura deteriorada por el clima y el tiempo. Pocas veces pude ver mi cuarto pintado, lo que si veía es que mi madre echaba agua sobre la pared y el piso para dar la apariencia en verse relumbroso.
Son muchas de estas experiencias las que influyeron en mi carácter y mi vida. Fue en la secundaria cuando me di cuenta de que mis amigas tenían más cosas que yo, y es que los maestros nos pedían tareas que se necesitaba comprar en las papelerías, y me resultaba muy incómodo ser exhibida en medio de la clase por el maestro señalándome por mi falta de tarea o trabajo escrito a mano sobre una hoja en blanco de mi cuaderno. Ellos les pagaban a mis compañeros que presentaban sus trabajos en máquina de escribir y engargolados con calificaciones excelentes. Un dia, una de mis compañeras me invito a su casa, y fue ahí en donde conocí por primera vez la televisión. Recuerdo que tenía dos canales, y se sintonizaban con un botón que giraba. La familia de mi amiga lo tenía en la sala con su propia mesa especial.
Mi amiga también tenía toca discos pequeño, y su madre una consola como un mueble grande en la sala. Me da risa al recordar estos detalles debido a que nuestras camas eran catres tejidos con mecate, y era un lujo contar con un catre con lona. Ahora todo eso me resulta gracioso, pero en aquel momento sentí vergüenza por la forma en la que vivíamos en mi hogar. Y no es que estuviera ofendida por nuestra forma de vivir, sino que por mi edad me causo envidia.
En ese tiempo yo era una de las niñas más tranquilas, y apechugaba cualquier ofensa estoicamente. En las tardes para tranquilizar mis emociones comencé a cantar, y gracias a esta actividad pude cambiar mi estado de ánimo. Mis padres me inculcaron que creyera en Dios siempre, y que el “sabia” por qué lo hacía. No sé si estaba preparaba para creerlo tanto, pero caminaba tranquila por la vida entre estudiando y recibiendo señalamientos por parte de mis profesores.
Me fui convirtiendo en la señorita, y algunos hombres adultos al verme vestida con humildad se me acercaban con propuestas indecorosas como si fuera una chica de calle a quien podían comprar su dignidad. Mis padres gracias a Dios me inculcaron solidos valores, por lo que fue imposible desviarme en ese camino por mucha necesidad o deseos que brotaran de una chica en plena juventud. Lo veía en sus ojos lujuriosos, cínicos y por su boca me decían que querían ser mis amigos. El impacto que estos seres repugnantes crearon en mi mente fue profundo. Recuerdo que mi padre me decía ¿Por qué no sales a platicar con este muchacho?, es hijo de un buen hombre ¿Qué te pasa, ya tienes 15 años, y es momento en que vayas mirando quien será tu esposo?
Algunos de ellos los conocía desde niña cuando jugábamos en la primaria, pero aun no pensaba en eso. No es que fuera una chica rara, o que despreciara a los hombres, simplemente que aun en mi mente papaloteaba el verme un día dando un autógrafo como cantante exitosa. Con el tiempo eso de la cantada me fue enfadando, llegue a creer que era una idiota en busca de un sueño, pero la verdad es que me di cuenta que yo era una chica de familia muy humilde, y por mucho que luchara lo único que estaba a mi alcance era cantar en los urbanos. – No cantaba mal, sin embargo, comenzaba a entender el juego de la vida.
Si mis amigas me buscaban era porque me necesitaban, así que eran amigas a medias. Los profesores me engañaban diciéndome que, si estudiaba mucho, podría ganar el dinero que quisiera, y los veía a ellos en muy malas condiciones económicas tanto que me decía ¿Vale la pena ser profesor, o mejor dedicarme a las vacas y gallinas para continuar con el negocio familiar? No niego conforme fui creciendo los buitres en busca de comer carne fresca se intensificaron, y en medio de todo esto, me sentía como una rehén de esos deseos insatisfechos. Esos buitres cada dia presionaban más desde el lado débil que era mi falta de recursos económicos. Presionaban porque me fui convirtiendo en una chica hermosa.
Para cualquier chica con mi cuerpo y rostro era fácil conseguir una cama, dinero, y atenciones, pero no era el tipo de vida que me gustaría vivir, por ello me sentía bastante incomoda. La gran mayoría de las chicas en tercero de secundaria pensaban en conseguir cosas materiales y ellas creían que lograrlo a costo de su dignidad era genial. Ante ello algunas de ellas las alejé de mi vida, y tuve que andar prácticamente casi sola. Mi madre dice que una chica que se entrega a un hombre sin compromiso alguno es una fracasada. Por cada chica que entra a la preparatoria ocho fracasan, y yo, no sería una de esas ocho.
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