MIS METAS, Y LA
FELICIDAD (MARTHA)
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado
y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Creó que la felicidad y la alegría provienen de seguir el corazón y mantener una mentalidad positiva. A pesar de enfrentar desafíos importantes en la vida, creo que la resiliencia y el aprendizaje continuo son clave para el crecimiento. Espera con ansias que el aprendizaje me ayude a enriquecer mi vida, y crear mi felicidad de las decisiones que tome. Mis metas de vida han evolucionado con los años. Divido mi vida en cuatro etapas, cada una con su propio significado y desafíos. De niña, mi objetivo era similar al de la mayoría: estudiar mucho y obtener un buen título. El aprendizaje me mostraba el camino con un futuro lleno de posibilidades.
En aquel entonces, creía firmemente que solo a través del aprendizaje podría forjarme una vida maravillosa. A los veinte, me debatía entre perseguir mis sueños y cumplir con mis responsabilidades escolares. A los 25 finalmente estaba titulada y llegaba el momento en dedicarme por completo a mi carrera y convertirla en el nuevo centro de mi vida. Hoy a los 30, comprendo mejor el propósito de la vida. Aunque la metáfora de las cuatro estaciones como símbolo de la vida es común, en la era actual, y salud, creo que cada edad es el comienzo de un nuevo capítulo.
Tanto en el campo, como en la ciudad he conocido personas que me han brindado diferentes perspectivas e inspiraciones sobre la vida, ayudándome gradualmente a encontrar el verdadero significado de la vida. “El valor de la vida, no está en que te crezcan alas para volar, sino en el rumbo que tomes al volar” Hoy a los 30 años, para mí, cada experiencia laboral no es solo una actividad, sino también una responsabilidad. Mirando hacia atrás, estoy agradecida con quienes me han apoyado y guiado en diferentes etapas de mi vida; son ellos quienes me han forjado como soy hoy. La mayor fortuna que he disfrutado es tener una familia, amigas, amigos, que me han apoyado, que han infundido en mi vida una fuerza inagotable; han forjado mi poderosa red social.
A medida que fui madurando, valoro aún más estas relaciones, porque representan el significado más profundo de la vida. Un punto de inflexión en mi vida llegó a los 30 años, cuando dejé de centrarme solo en mí misma, y me dediqué a cultivar el talento de los demás. Mi experiencia profesional me ha hecho apreciar profundamente la importancia de apoyar el crecimiento de los jóvenes, y su valor en la sociedad. A los 30 años me doy cuenta que el sentido de mi vida va cambiando aceleradamente como si fuera arriba de un tren de alta velocidad. Aunque mi deseo de ayudar a los demás sigue siendo el mismo, tras experimentar altibajos, he empezado a verlo todo con una nueva perspectiva.
Me alegro mucho de haber sabido lo que quería hacer desde mi infancia, y de haber podido seguir persiguiendo esa pasión. Cada una tiene su propia forma de aprender, como el mismo camino, pero cada una ve paisajes diferentes. Ayudar a otros a encontrar el sentido de la vida es, en esencia, hacerles creer que pueden crear su propia vida maravillosa. “La belleza de la vida reside en sus infinitas posibilidades” En mi experiencia, las personas suelen empezar a reflexionar sobre el sentido de la vida cuando se sienten deprimidas, y leen libros o citas positivistas. En esos momentos, un lema sencillo y positivo puede alegrarles el ánimo y ayudarles a redescubrir la belleza de la vida. A veces, encontrar la propia fe también es clave para superar las dificultades. “La fe también puede dar un nuevo significado a nuestras vidas”
Desde pequeña, supe que mi objetivo en la vida era contribuir a la sociedad y ayudar a los demás. Este objetivo se ha mantenido inalterado y sigue motivándome. Algunas personas solo encuentran su camino más adelante en la vida; tengo la suerte de haber sabido lo que quería hacer desde muy joven y de haber podido perseguir esa pasión con constancia. Cuando estudiaba en la universidad descubrí dos tipos de estudiantes, unos que buscaban un título para hacer dinero, logros, reconocimientos, mientras que el otro se dedicaba a crear una sociedad mejor. Mis amigos, y amigas, pertenecían a este último, y su pasión y apoyo me influyeron profundamente. Este sentido de misión me impulsa y es el motor de mi vida.
Para mí, la felicidad es estar libre de preocupaciones, mantener una mente abierta y ser fiel a mí misma. Si la felicidad fuera una receta, añadiría amor, cariño, perdón, atención plena, música, arte, buena comida y buenos amigos. Creo que las personas se vuelven más felices con la edad porque gradualmente cumplen su propósito en la vida y si tienen hijos, ellos tienen sus propias vidas. Superé desafíos y disfruté momentos maravillosos en mi juventud, lo que ahora me llena de satisfacción. Por fin, puedo tomar las riendas de mi vida y abrazar esta hermosa etapa. Tengo 30 años, y creo que es la mejor etapa de mi vida. Tengo un cuerpo sano y puedo ir a donde quiera, cuando quiera, sin que nadie me controle.
Me doy tiempo para hacer ejercicios, y mantenerme saludable, y espero viajar por el mundo. En mi juventud, tuve dificultades con lo económico, y una vida juvenil ajetreada por las necesidades y el dedicarles tanto tiempo a mis estudios, mientras mis amigas y compañeras se divertían en fiestas. No tuve tantas oportunidades de verme desafiando los conflictos de enamoramiento con otra persona. Comparado con antes, ahora puedo elegir mi propia vida y vivir con más libertad y plenitud. No niego, que me gustaría regresar a vivir de nuevo mis 18 años de edad, pero ese deseo no existe la posibilidad en que se cumpla. En aquel entonces, estaba llena de energía y podía compaginar fácilmente mi estudio, y mi vida personal.
Si pudiera pedir un deseo, desearía tener la misma condición física que tenía a los 18, pero me quedaría con los 30 por la libertad de elegir mi estilo de vida y la capacidad de encontrar el equilibrio perfecto entre el trabajo y la vida personal. En cuanto a mi pasado, y mi edad infantil en el campo al lado de mis padres, comprendí que para ser feliz no depende en quedarte pegada a un lugar, y que más bien depende de tu mentalidad. No puedo decir que soy más feliz viviendo en la ciudad que en el campo, pero en ambos disfruto bastante.
El campo, es seguro, cómodo, y en la ciudad hay ajetreo, trabajo, accesibilidad a servicios, transporte que también te hacen la vida cómoda. En ambos lugares aprendo cosas nuevas, es por eso que sostengo que la felicidad depende de la mentalidad; estoy satisfecha con mi situación actual. Creo que la felicidad es algo que creamos y mantenemos nosotras mismas. Emociones como la alegría, la ira, la tristeza y la felicidad afectan nuestras vidas. Ante emociones negativas, el apoyo de familiares y amigos puede brindar un alivio temporal, pero en última instancia, debemos ajustar nuestra mentalidad y cambiar nuestra perspectiva para recuperar la paz. Por lo tanto, creo que la felicidad es una responsabilidad personal.
En mis relaciones, creo que he aprendido a superar los desafíos sin quedarme pegada sintiéndome infeliz o frustrada “Todo desafío, y conflicto en la vida, se debe superar” Podemos confiar, pero no ser necias en quedarnos ante una deslealtad. Ese estado de ánimo debe superarse lo más pronto posible sin miedo. La compañía de amigas, y amigos sinceros ayuda en recuperarse y seguir adelante. En lo personal me mantengo activa, disfruto actividades, y eso aumenta mi confianza en mí misma. Acudo a conferencias, cursos, seminarios, talleres para aprender cosas nuevas que me permitan seguir aprendiendo y creciendo en mi vida diaria.
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