viernes, 16 de enero de 2026

 

EDUCACIÓN DE LAS NIÑAS

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Ex Director de la escuela Normal del Pacifico – Ex Director General del Instituto Pedagogico Hispanoamericano.

El otro día escuché algo muy penetrante que me llevo a esta reflexión “Lo más peligroso en una familia no es la falta de amor, sino el amor materno demasiado intenso” Pero ¿Por qué sucede esto? Hemos leído y escuchado demasiadas palabras que elogian el amor maternal puro, y desinteresado, dedicado. Sin embargo, la realidad a menudo nos da una bofetada contundente, y nos sorprende que atrás de un amor intenso se geste un conflicto mental. Las estadísticas en investigación nos dicen que las madres que lo dan todo y lo sacrifican todo tienden a criar hijos mediocres o incluso agobiados por pesadas ataduras psicológicas. Y que las madres egocéntricas, “Egoístas” tienden a criar hijos seguros de sí mismos, independientes y radiantes.

 ¿Por qué amar con todas tus fuerzas a veces parece una forma de hacer daño? Se ha descubierto una cruel verdad: incluso el amor maternal más profundo lleva consigo un toque de egoísmo. El sacrificio excesivo de los padres por su hijo, le pone un grillete mental al hijo que conforme va creciendo lo va dañando. – Conozco a una madre que decidió dejar su trabajo por dedicarse de tiempo completo a su hijo. Ella estaba al pendiente desde el despertar del niño, se aseguraba de que la comida estuviera caliente, la ropa preparada y las tareas revisadas. Incluso tuvo que supervisar remotamente la participación de su hijo en las actividades de la escuela, sus clases particulares en una academia por la tarde de inglés. Y ella cuando le preguntaba me contestaba “Que todo lo hacía por su hijo”

Pero escuche tanto a ella como a sus amigas y maestra que el niño se estaba volviendo cada vez menos capaz. El niño dejo de tomar sus propias decisiones, no sabía cómo manejar los conflictos con sus compañeros de clase, ni los conflictos en sus juegos de conjunto. Su madre no aceptaba su fracaso, y el niño se trasformaba cuando su madre se alejaba de su vista. Es un conflicto familiar en donde escuchamos de boca de nuestra madre “lo he sacrificado todo por ti, y ¿así me lo pagas?” Esta afirmación es demoledora. A simple vista nos parecería que es amor sin esperar nada a cambio, pero en realidad es una forma de chantaje emocional. El sentido de sacrificio es, en esencia, una forma oculta de utilización manipuladora.

Cuando una madre invierte todos sus sueños, tiempo y energía en su hijo, se forma una expectativa silenciosa en su alma en la que dentro de ella le exige que su hijo debe tener éxito, porque este es el significado de su sacrificio. Esto, en la mente del niño se ve convertido en una deuda emocional impagable. El niño vivirá con una culpa preguntándose a cada paso o decisión que toma si lo está haciendo bien, o mal, y lo que le gustaría a su madre que hiciera para no decepcionarla. Poco a poco el niño va perdiendo su iniciativa, su curiosidad por explorar, su formación de carácter para tomar decisiones por sí mismo, dejó de atreverse a hacer lo que le gusta e incluso dejó de atreverse a tener sus propias ideas independientes.

Porque con cada decisión que toma y cada fracaso, siente que no sólo soportará las consecuencias, sino que también será una carga para su madre que lo está haciendo todo por él. Un niño con una madre que lo cría con todos sus sacrificios nunca lo tendrá fácil su vida adulta. No solo carga con el peso de crecer, sino también con el destino de él, y de su madre. Una madre ansiosa es el amplificador emocional más sensible e intenso de la familia.

Su ansiedad la hace no despegar la mirada en los actos del niño, utiliza su tono de voz como control. Recuerdo a una chiquilla en primero de secundaria que obtenía las mejores notas en los exámenes, pero me dijo que cada vez que tenía al otro día que presentar un examen no dormía por la noche acongojada, y que su madre desde el día que se enteraba que iba a presentar un examen no soltaba el sermón “Debes hacer lo mejor que puedas, no puedes defraudarme” La chiquilla me dijo “En realidad no le tengo miedo a los exámenes, tengo miedo a salir mal y que mi madre se preocupe” De hecho la mitad de la sensación de seguridad de los niños proviene del calor emocional de su madre. Cuanto más la presiona su madre, más insegura se sentirá la niña, y es posible que a la hora de contestar el examen se le borren los conocimientos a responder.

El resultado de ser una madre así, da a una chiquilla que no aprende ni crece, sino que vive con el miedo de decepcionar a su madre. Cuando una madre no tiene vida propia y dedica todo su tiempo, emociones y atención a su hija, esta alta intensidad de atención puede fácilmente convertirse en ansiedad excesiva. Incluso el error más pequeño que comete una niña (un mal desempeño en un examen, una respuesta impaciente o incluso un momento de distracción) puede ser magnificado por una madre y convertido en señales de decepción. La chiquilla iba perdiendo su espacio de crecimiento personal. Muchas de estas madres con sus actitudes generan niñas que en su adolescencia confrontan a sus padres por su derecho a respirar por sí mismas, otras se quedan en el medio sin desarrollar su personal y actúan mediocremente siendo totalmente sumisas, obedientes, manejadas como marionetas por su madre carente de iniciativa, sin atreverse a ser independiente y sin voluntad de asumir responsabilidades.

Se pueden generar dos tipos de personalidad: La que se resiste, y la obediente. Muchos niños al llegar a la adolescencia ya no quieren escuchar lo que dicen sus padres, sino que observan cómo viven sus vidas. Una madre que sermonea a su hija con que la sociedad es muy peligrosa, la chica crecerá nerviosa y con miedo. Su capacidad de atreverse a explorar para afrontar la presión se irá marchitando poco a poco en un ambiente familiar así. Cuando una madre está relajada, estable y segura de sí misma (no se deja llevar por las notas, no se angustia por las comparaciones y no carga a su hija con su futuro ligado a ella), la niña tendrá el coraje de intentarlo, de cometer errores, de aventurarse y de crecer. La madre debe ser un modelo a seguir, y no un juez que reparte culpas y castigos.

Importante es su riqueza espiritual. Cuando una madre trabaja duro, tiene sus propios pasatiempos, se viste bien y es emocionalmente estable, en realidad está transmitiendo un valor silencioso pero poderoso a su hija. La vida es hermosa, crecer, y que el esforzase tenga sentido. Las niñas son imitadoras naturales de su madre “Si quiere que su hija se convierta en cierto tipo de persona, primero debes serlo tú misma” ¿Quieres que a tu hija le encante leer? Entonces, deja el teléfono y coge un libro. ¿Quieres que tu hija sea fuerte? Entonces, primero, demuestra resiliencia ante las dificultades. ¿Quieres que tu hija sea feliz? Primero, sonríe radiantemente. - Dejemos que los niños aprendan libremente: demos a los niños el derecho a intentar y a cometer errores. Ser libre no significa descuidar la responsabilidad, sino más bien centrarse en el panorama general y dejar de lado los pequeños detalles.

Ser firme en los principios, pero indulgente en los detalles. Permítales a la niña ser perezosa de vez en cuando, permítale bajar su calificación en un examen una vez y permítale tener sus propios secretos. En un ambiente familiar relajado, las niñas no necesitan preocuparse por ser tratadas injustamente. Tienen un fuerte sentido de seguridad, que es el terreno fértil para cultivar la creatividad y el sentido de valor. “Queridas madres, no descarguen sus malestares en ellas” Porque sólo cuando las madres viven vidas plenas las niñas pueden tener la confianza de levantarse con una sonrisa incluso después de caerse.

 

 

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