TRANQUILIZAR EL ALMA
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Hay tanta ira y odio a nuestro alrededor en este momento. Pero la gente necesita sentimientos humanos sencillos: bondadosos y profundos, que conduzcan a la aceptación y al perdón. Los niños no acumulan el odio, pero nadie puede volver a ser niño. En los últimos diez días, cada día sentí como si se fueran volando, como si estuviera al final de mi vida, casi con todo el tiempo libre. Camine por las calles rodeado de un sinfín de personas desconocidas, algunas las salude, nos medió conocimos cuando menos por nuestro nombre, dedique tiempo a escribir.
Los años trascurridos a mi vida han traído muchos cambios que me fueron afianzando la personalidad. Una vida llena de reflexiones, de errores, emociones, y muchas de ellas expresadas en mis artículos. Me di cuenta que mis emociones necesitaban necesitan atención, o esas necesidades insatisfechas, acaban requiriendo un esfuerzo constante para responderme. Cuando estoy en la calle vagando es un ambiente completamente diferente a mi hogar. Hay reglas, normas que seguir, bromas que aguantar dar respeto, y confianza, así que entre nosotros somos personas que comparten almas afines que se sienten feliceses unas al lado de otras.
Sin embargo, el cuerpo acumula emociones positivas y negativas en un constante cambio. De joven pensaba que no estaba hecho para tener hijos, que no me gustaría pasar años como cuidador por lo que mis emociones sentimentales las cuidaba para que no se convirtieran en hijos. Hoy me doy cuenta que mis emociones requieren atención, que debo ser capaz de satisfacer mis necesidades, y que debo razonar para responder lo que me piden que haga los otros seres humanos. Estoy consciente que todo esfuerzo incomoda.
Ya sea que me pidan que haga algo (cuidar de los demás) o que lo haga espontáneamente, mientras este asunto se encuentre en un estado de desequilibrio energético o jerárquico durante mucho tiempo, tengo que sacrificar mi espacio para complacer a los demás. En ese momento, pierdo mi libertad y mi esencia (porque mi centro de gravedad y mi atención se dispersan, dejando de estar centrado en mí mismo). Si tuviera que anteponerme siempre a los demás, creo que sería realmente agotador. Quizás simplemente no soy ese tipo de persona por naturaleza. No puedo soportar ese tipo de sufrimiento.
No siempre puedo ser tolerante o considerado. Puedo ofrecer apoyo espiritual y amor puro, pero no puedo perder mi propio orden y ritmo en los detalles de la vida, o quizás como dicen los seguidores del horóscopo se deba a mi signo de escorpión. De niño me enseñaron que al morir una persona su alma descansa un tiempo el cual aprovecha para seleccionar a un feto que le sirva con su cuerpo para volver a la vida humana. Dado que el alma es inherentemente libre, me pregunto ¿por qué debería entrar en el cuerpo, voluntariamente limitada?
Hoy siguiendo esta idea daría la respuesta en que el alma sin el cuerpo no puede aprender, no se vuelve más fuerte. El alma sin cuerpo no es nada ya que es el cuerpo quien le proporciona la medida especifica de su campo de acción. Podría pensar que el alma está en un estado imperceptible, en su estado más puro. No siente dolor, no sufre, no dedica su tiempo a valorar sobre el bien y el mal por lo que para ella no hay opuestos, no hay miedo, amenazas ¿Es libertad? Creó que no, porque sin resistencias no hay una dirección, no hay opción, y si no siente dolor no hay evolución. El alma en un cuerpo avisa que el dolor es un mensaje sobre algo que no anda bien, y que es necesario aplicar un interruptor.
El dolor es una condición necesaria para la medición de la conciencia. Si queremos renovar nuestra alma experimentaremos dolor. Deduzco que el alma no puede operar directamente el mundo físico, no tiene músculos, ni manos ni pies, ni cerebro, y es nuestro cuerpo quien la apoya para darle vida. Es el cerebro quien toma nuestras emociones, y el alma quien se encarga de las decisiones. Las emociones te dicen cuando sientes alegría, frustración, ansiedad, cuando te sientes perdido sin respuestas, cuando estas triste, nostálgico. Las emociones no son el problema, las emociones son la ruta de nuestra navegación.
Sin emociones, el alma no puede caminar. En la vejez el alma te deja apreciar las emociones, sentimientos, te deja volver a poner tu enfoque en tu alma. Dejas de ser aquel joven arrogante que nunca se equivocaba, el que al elegir solo le correspondía a él sobre la opinión de todos los demás. En la vida hemos aprendido a cuidar el cuerpo, pero no le prestamos atención al alma. El alma sufre, y ha venido al cuerpo para completar su camino. El cuerpo no es la prisión del alma. El alma acumula en nuestro cerebro todas nuestras decisiones, todos nuestros errores, todo nuestro crecimiento, y despertar.
En esta vida hemos aprendido a avanzar, pero rara vez nos enseñan a estar seguros. Estamos acostumbrados a demostrar valor con eficiencia, a estar ocupados a cambio de seguridad, pero gradualmente perdemos la percepción de nuestro estado interior. La verdadera fatiga a menudo no es el resultado del cuerpo, sino que el alma está desatendida durante mucho tiempo. Cuando las emociones son ignoradas, los límites se erosionan, el significado se retrasa, la vida continúa y en silencio pierde reflexionar. No es que no conozcamos el problema, simplemente no nos hayamos detenido. Como resultado, la ansiedad se confunde con la norma, el consumo se toma como responsabilidad, y las voces internas gradualmente se vuelven silenciosas en lo habitual.
Cuidar el alma no es un escape de la realidad, sino un restablecimiento del orden en la realidad. Se trata de conciencia, elección y honestidad - honestidad para ti mismo, honestidad para el alma. Esos pequeños y silenciosos ajustes son a menudo más poderosos que los grandes cambios porque determinan cómo una persona se lleva bien con el mundo y si todavía camina consigo mismo. Este no es un artículo sobre la velocidad, se trata de la invitación a volver a la realidad. “Cuando usted está dispuesto a escucharse a sí mismo, la vida no es más tiempo solo un proceso de estar bien hecho”. La reflexión es la clave para la profunda auto-comprensión y calibración de acción. Reservar deliberadamente tiempo para la reflexión nos permite reconectar los valores internos, revisar la dirección del comportamiento y ajustar los ritmos y metas de la vida.
“Ordenar nuestros pensamientos, mejorar la cognición, aliviar el estrés emocional, mejorar la autoconciencia y convertir experiencias caóticas en una narrativa clara” La práctica del silencio es igualmente indispensable. “Un momento de soledad en la naturaleza, una caminar da espacio para que la conciencia se aleje de la estimulación y las distracciones, y restablezca el orden mental” No sólo ayuda con la regulación emocional, sino que también mejora la auto integración.
La verdadera reflexión no es una retrospectiva ocasional, sino una auto-conversación en los ritmos de la vida. Solo así se pueden alinear pensamientos y acciones y la dirección de la vida ser más clara y poderosa. Establecer límites es en realidad reconocer la existencia limitada, negarse a ocupar el mundo exterior y proteger el espacio interior de la vida. La trivialidad cotidiana enferma el alma. En esta vida plagada de ajetreos donde estamos ansiosos y estresados por la eficiencia, los resultados y la evaluación, es fácil perder la conexión con el significado de nuestra vida. Los problemas no son fáciles de sacudírnoslos.
La verdadera gratitud efectiva comienza con reconocer los momentos reales de la vida cotidiana desde una conversación corta pero sincera, una risa inesperada, un olor familiar un saludo por la mañana. Estos detalles forman el fondo más sólido de la vida. “Expresar la gratitud” Lo que realmente afecta el estado mental nunca es el estrés mismo, sino cómo te llevas bien con él. El estrés erosiona el juicio y las emociones y te va atrapando suavemente hasta enfermarte.
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