MI LIBRO 56 (CINCUENTA Y SEIS)
PEREGRINO EN CONTRAESTACA, SAN IGNACIO, SINALOA. Ya está a la venta. Esta
historia que voy a contarles comienza en el año 1600, en Contraestaca cuando
Hernando de Santarén designa a Juan El peregrino como cuidador de las reliquias Santas en la zona y finaliza en
1960 con la muerte del soldado (Novela). San Ignacio y Contraestaca se localizan
la región central del estado de Sinaloa, en su parte alta al noroeste del
estado mexicano. Existe un pueblo de nombre San Ignacio de Loyola quien en
principio fue bautizado como San Ignacio de Loyola de Piaxtla por los
misioneros Jesuitas.
Un Pueblo que alcanzo su madures
en edad y hoy es municipio y cuenta entre sus Sindicaturas a Contraestaca.
Alegremente se encuentra animado por la benévola naturaleza con un rio y dos
arroyos. Es un hermoso pueblo que en principio fue misión religiosa, paso a ser
minero y en la actualidad es ganadero con agricultura de temporal. Está
asentado en paisajes dignos del paraíso mencionados en la biblia por su
innumerables verdes y montañas que hacen la delicia de aquellos que vienen a
visitarlo o en plan de descanso.- Un panorama seductor.
1.- Tierra Prodigiosa 2.-
Novela: El Peregrino en Contraestaca 3.- Campanario 4.- Recordar 5.- Pinto su
Raya 6.- Caminante 7.- Primera Cruda 8.- La Princesa y el Niño 9.- Iglesia 10.-
Danzas, Música, Vals, Corridos 11.- Reflexión 12.- Encerrados 13.- Niño 14.-
Una pluma para despedirme 15.- Estrellas 16.- Historia 17.- Jesuitas en la
Nueva Vizcaya 18.- Hernando de Santarén 19.- Tayoltita Durango.
Sus tardes hermosas con nubes
azul claro y en las noches se aprecia un cielo estrellado. Fueron los Jesuitas
quienes trajeron la teja ancha y roja en los tejados de sus techos, la pared de adobe a base de
boñiga de vaca. Las vetas de oro y plata le dieron su fama a esta tierra. Una
tierra soñada para los artistas por ese campo abstracto digno en ser pintado.
Grandes cañadas, parajes, arroyos, selva silvestre y perenne es el toque
inspirador que solo una mente madurada podría plasmar esa pureza en un cuadro
acabado. Quien lo visite comprenderá a lo que me refiero. Mi vida es plena en
emociones que no puedo olvidar al contemplar la tierra en la que me toco para
nacer.
Símbolo de mi propio misterio que
en su frecuencia me invita a evocarlo como sucede en todo lo que amamos
desinteresadamente. Ese es un espacio y tiempo que nos ocupa, nos precisa con
un éxtasis emocional que a cada paso evoca lo que nos sucede en recuerdos.
Allí, desperté en mi propio descubrimiento al contemplar con interés el
anonimato de quienes tuvimos esa fortuna de grabar por las noches sus estrellas
rodeadas de romanticismo. Mirar la noche estrellada es retroceder la
imaginación en el anonimato del joven enamorado que con su eco juvenil
imaginaba comerse el mundo a trozos. Ese joven que al madurar reflexiono en
recoger sus historias, las viejas leyendas que le brindo su pasado.
Naturaleza y juventud se
fundieron en ese andar entre el ensueño de la montaña, el verde de su campo y
lo claro en las aguas del rio. Luego decidió reproducir en letras ese mensaje.
Para ello tuvo que elegir el tiempo y su espacio idóneo para trazar una a una
esas ideas, describiendo lo poco que recuerda o lo mucho que ama.
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