JAULA DE ORO, NO DEJA DE SER PRISIÓN
Evelia soñaba con casarse con un extranjero
rico. Un día mientras trabajaba en un restaurante en la zona de yates conoció a
un Arabe quien la invito a pasear al terminar su turno de trabajo. Al subir al
yate no dejo de verse admirada por el lujo, y estaba segura que el Arabe la
quería para que fuera su pareja. Evelia es divorciada, su relación con su
primer y único novio no funciono y tuvo que ir a vivir de nuevo a casa de sus
padres. Para Evelia quien era una soñadora esperaba volver a conocer a un
príncipe azul para empezar de nuevo una vida llena de romance, pero desconocia
las costumbres de los Emiratos Arabes.
Por lo pronto su vida la sentía aburrida al
tener que ir a trabajar al restaurante todos los días y regresar a casa de sus
padres al terminar su trabajo. No había suficiente dinero, pero ella deseaba
unas vacaciones como las había visto en el cine, pasando meses en el mar a
bordo de un yate, tomando el sol, sirvientes, asolandose etc. Aquel día llego
como siempre temprano al restaurante. Fue cuando entraron dos hombres jóvenes,
y ella les llevo la carta para que seleccionaran su desayuno.
Uno de ellos le parecía a Evelia muy guapo, es
joven esbelto, piel tostada, ojos muy expresivos, de mirada dominante, y hablaba
muy bien el español. El joven se presentó con Evelia, y la invito a pasear en
su yate a la hora de salida del trabajo. Evelia le sonrió coqueta aceptando
verse en cinco horas despues. Se encontraron a la salida del restaurante, y el
joven de explico que andaba de negocios. Evelia por su parte le platico que
estuvo casada pero que su matrimonio fracaso.
Ella no podía explicarse el ¿Por qué? sentía
tanta confianza con el joven, si toda su vida había sido desconfianza de los
extraños. Por su parte el joven se dedicaba a alabarla en su belleza, en su
porte mexicano. Esa tarde navegaron por la bahía, regresando temprano al
puerto, así lo hicieron por tres dias más. Al cuarto día mientras navegaban el
joven le dijo a Evelia, que al otro día tenía que regresar a su tierra “Dubai”.
Le pidió que lo acompañara, pero nada le dijo en que se casaría con ella.
Evelia se quedó sorprendida cuando el joven le
dijo que la estaría esperando a las cuatro de mañana para zarpar, si lo aceptas
aquí estaré, le expreso. El joven no le
prometía nada, solo que lo acompañara. Esa noche Evelia no durmió pensando en
la propuesta. Repensó que su trabajo la aburría, a sus amigas las había perdido
al casarse, el hombre es guapo, rico, por lo que decidió acompañarlo. Ella
estaba segura que con el tiempo el joven se enamoraría y se casarían, y que con
ello sus sueños se harían realidad.
Estaba maravillada en verse a bordo de un yate
de lujo, con jarrones que contenían rosas rojas, los platos de cerámica fina,
el joven muy atento. Contaba con televisión satelital. Al arribar al yate el
joven le regalo unas pulseras de oro, le puso un collar en su cuello, los
pendientes. Despues de tres noches románticas en la travesía el joven cuando
descansaban le dijo a Evelia que era casado, y que no tenía una sino cuatro
esposas, esa es nuestra tradición le explico. Pero no te preocupes tu serás mi
favorita.
Ella lo escuchaba en silencio, miraba las olas
del mar dándose cuenta que ya no podía dar marcha atras, por lo que decidió
tomarse unas copas de vino para tranquilizarse. En ese instante le comenzó a
dar vueltas la cabeza pensando en la forma para escapar, se dijo que se
mostraría suave, obediente, mansita para tener la oportunidad en poder hacerlo.
Al llegar a Dubai, el joven la presento con la
madre de este explicandole que era una chica más que seria su concubina, sin
matrimonio. Enseguida se dirigió a Evelia comentándole que a su madre no le
gustaban las rabietas, los celos, los gritos, que debía acostumbrarse a todo.
El joven menciono que la única mujer que podía pedirle una explicación era su
madre y a ella no le gusta que mis mujeres anden en pleitos o intrigas. Mando
llamar a una criada y le ordeno que se quedara con Evelia día y noche para que
la atendiera en todo lo que se le ofreciera. Ya no había marcha atrás ni tiempo
para reclamar dignidad. La residencia estaba acondicionada con un gran patio,
alberca privada, paredes altas y lisas para no ver hacia la calle ni poder ser
escaladas.
Las
chicas no podían comentarle a Evelia sobre las costumbres puesto que ellas no
hablaban español. Una de las chicas unos dias despues hizo una escena de celos
y fue cruelmente azotada. Evelia se convirtió en una más de las concubinas en
contra de su voluntad. Ahora temía quedar embarazada, pero el joven practicaba
su intimidad sin protección alguna. Recordando a su abuela comenzó a pedir
limones con el pretexto que le encantaba el agua de limón y lo utilizaba como
anticonceptivo.
El joven para complacerla le regalaba joyas de
oro, y ella las fue acumulando. Deseaba escapar, pero nunca estaba sola. Con el
paso del tiempo, despues de dos años el joven se molestaba porque Evelia no
salía embarazada. Le reclamaba en sus momentos íntimos, pero el rostro de ella
no cambiaba sin demostrar lo que hacía para protegerse mientras el joven se
moría de ira. Pronto el joven regreso con una nueva chica, y con ello perdió el
interés por Evelia. Eso le permitió contar con menos vigilancia. Hasta que por
fin un día se le presento la oportunidad, saliendo en silencio por una de las
puertas que dejaron abiertas.
Al salir a la calle le pregunto a una persona
como podía llegar al aeropuerto. Tuvo la suerte de que dos hombres españoles le
escucharan y decidieran ayudarla. Ella estaba consciente en lo que le sucedería
si lograban detenerla “La azotarían hasta dejarla coja”. Uno de los españoles
le corto el pelo y le compro una gorra. La llevaron a la embajada de España. El
embajador en principio se negó, no quería problemas con el gobierno Arabe, y
decidió que la mantendría en secreto por unos cuantos meses mientras las cosas
se calmaban. Evelia estuvo de acuerdo, comprendía que era su única salida.
En la embajada de España conoció a un
trabajador donde ambos se enamoraron. El embajador los casó, y ella salió de
ese país como esposa de un español ya que nunca estuvo casada con el Arabe. A
partir de ese suceso Evelia nunca más volvió a soñar con tener la inmensa
riqueza, viajar por los mares, conocer el hombre que la pasearía y la llenaría
de lujos. Se dio cuenta que estuvo a punto de pagar un precio mucho más alto
que esos dos años encerrada.

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