NIÑO MANIPULADOR
RAMÓN ANTONIO LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- UNAM
Es una situación en la que los padres caen sin percatarse, pero debemos preguntarnos ¿En dónde está el límite de esa línea, entre los sentimientos de los padres y lo que le sucede al niño, en su intento de manipularlos para conseguir lo que quiere? El contexto en donde crecemos se le da muy poco espacio a compartir los sentimientos. Para los Padres el limite lo marcan con ¡Si, puedes o no hacer esto! ¿Eso, no se hace, está mal, y si lo haces te castigare!
Dependiendo del estado de ánimo de los padres es la reacción inmediata, por lo que los sentimientos en ese instante no se reconocen y las emociones se apoderan de la orden o decisión a tomar. El niño es un agudo observador que lo reconoce de inmediato, y las utilizara para lograr sus objetivos deseados ¿Hasta dónde nos ganan las emociones? ¿Por qué se entorpecen las decisiones cuando los sentimientos nos ganan?
Los niños lo entienden y poner en acción sus expresiones mediante gritos, llorar, berrinches etc. Los padres confunden apoyar con las emociones y la acción a ejecutar. Le trata de explicar que lo que está haciendo no debe hacerse debido a que daña a otro niño, que es malo para su salud, que el otro niño tiene derecho o se enoja y lo castiga o lo amenaza con llevarlo a cabo sino cambia en esa actitud, etc.
Todas las madres y los padres se enfrentan al hecho de que su bebé, niño, comenzó a tener caprichos repentinos e irrazonables, y luego estos caprichos, lágrimas y gritos que también terminaron repentinamente. Pueden comenzar absolutamente en cualquier lugar. Este comportamiento a veces lleva a los padres al estupor y no saben qué hacer con este fenómeno emocional. ¿Porque suceden estos berrinches o rabietas? - el niño no sabe cómo expresar correctamente sus emociones; quiere llamar la atención; quiere lograr lo suyo; tiene hambre, está enfermo, está cansado, o quiere dormir.
Lo difícil es distinguir si es un capricho o es otra cosa, y se debe a que cualquier niño, puede recurrir a los caprichos cuando quiere lograr lo que le está prohibido en ese momento, y las rabietas comienzan cuando no puede hacer frente a sus emociones, la mayoría de las veces las rabietas son un fenómeno involuntario. Puede gritar, llorar, pisotear, esparcir todo a su alrededor, golpearse la cabeza, rascarse la cara. En ese instante es importante actuar distrayéndolo con otra cosa. Pero si ya está en pleno apogeo, entonces el método de distracción es impotente aquí. El actuar de los padres es observar que en el lugar en donde el niño está desarrollando su rabieta no exista objeto alguno que lo ponga en peligro.
Mantener la calma haciéndole saber al niño que no lograra su objetivo con gritos y lloriqueos. Por lo general ante cualquier berrinche o rabieta los niños suelen comportarse de forma igual a las anteriores. Es importante la persuasión, el castigo en este momento no ayuda en nada, por lo que es mejor quedarse en silencio, dar un descanso para que suelte su energía. Se puede llevar al niño a un lugar apartado en donde no haya gente (Una habitación en donde este solo), así entenderá que es inútil llorar y es mejor calmarse. Cuando el niño se calma, espera del adulto generar lástima por lo que le acaricia, habla suave pero no se le da un regalo que lo compense. Al hablar con el niño hay que hacerlo que tomé conciencia que usted no está de acuerdo, y que no hay necesidad de gritar, patalear.
Despues de sus gritos, llanto el niño tendrá sed o hambre, es decir necesita que se le de agua y se alimente. Ya estando tranquilo platique y exprésele lo bueno y lo malo sobre lo sucedido. No lo castigue o regañe eso suprime su personalidad, no necesita hacer que el niño le obedezca en todo, necesita permitirle periódicamente que tome sus propias decisiones ¡Nunca use la fuerza! Pero manténgase firme hasta el final. Explíquele que todas las personas nos enojamos, y que tenemos derecho a defender nuestros puntos de vista.
El mal manejo no ayuda a que el niño se desarrolle y tener miedo a sacar sus sentimientos, a que los viva como los siente. Los padres son los responsables para que el niño aprenda a vivirlos por sí mismo para que desarrolle su capacidad de comprenderse a sí mismo, y aprender a ir negociando con los demás. No hay padre que no se enoje o ceda ante las lágrimas, berrinches, y gritos. El niño está al tanto en que es la forma en desarmarlo, y de acuerdo a experiencias anteriores aplicara lo que mayor efectividad le ha resultado.
De hecho, no existe una línea clara entre el miedo, desilusión, tristeza, o el intento de manipulación. El niño en ese instante puede estar muy molesto debido a que sus padres le niegan lo que él considera es su derecho por ejemplo el comprarle un juguete, quitárselo a otro niño, porque es suyo o lo desea, y es allí donde ejercerá lo aprendido en la manipulación de las emociones para ponerlas en juego, y de esta forma lograrlo, pero comprende que depende completamente de la reacción de sus padres. El padre trata de tranquilizarlo dándole caricias, palabras suaves, pero él esta molesto y se niega aceptarlas, por lo que utilizara su arsenal de manipulación para hacerlo culpable y que la decisión dependa exclusivamente de sus emociones al momento de resolver el problema.
Es una reacción natural de los padres como una forma de cuidarlo, es el momento en que las berrinches, gritos, lagrimas lo han vencido. Difícil es enseñar al niño a que aprenda que no todo lo que existe está a su disposición por muy molesto que ponga. Es una cualidad que debe desarrollar el niño de la mejor forma debido a que le resultara de gran ayuda cuando sea adulto y sepa mantener el equilibrio en una posición de cuando le exijan o él lo haga y desee lograr el consentimiento de los demás. Que aprenda que por más gritos y berrinches que haga no obtendrá lo que exige.
Cuando vemos a un bebé llorando o asustado, nuestra primera reacción es calmarlo. De hecho, esta no será la solución más adecuada en todos los casos. Averigüemos en qué casos uno u otro de nuestros comportamientos será óptimo. Un ejemplo es cuando el niño pierde un juguete, o su oponente le gana en un juego he inicia un llanto, gritos, berrinches, incluso agrede a su oponente. Dejarlo llorar es saludable, que viva esa historia para que aprenda que no siempre se gana. Si, le quitamos el conflicto de lo que le sucedió lo estamos privando de la experiencia que necesita en la vida.
Perder ante otros es una gran experiencia, es aprender a desarrollar habilidades para utilizarlas en la edad adulta. El problema se presenta debido a que los padres siempre están atentos a que su niño no lloré por nada, aseguran que les duele el verlo llorar. En estos momentos es valioso hablar para explicarle. Si, el niño llora con frecuencia en diversas situaciones debemos sospechar que abusa de su poder de manipulación o que este enfermo. Las reglas claras se establecen hablando, eso es lo que ayuda a fortalecerlo en su estado emocional y soporte de sus sentimientos. No seguir el camino equivocado de las promesas ante cada acción. Permitir que el niño se vaya introduciendo en el contexto que lo rodea. Si un niño usa las lágrimas como una forma de influir en los padres para obtener lo que quiere o evitar lo que no le gusta, entonces es muy importante ¡No apoyar o reforzar tal orden!
Es bueno tener miedo, todos lo padecemos, y es una de las emociones básicas que nos ayudan a evitar el peligro. Si, el niño tiene miedo, no se le debe avergonzar por ello sino enseñarlo en cómo debe protegerse ante una amenaza. Si, el niño se aleja de sus compañeros, evita estar cerca, se asusta fácilmente, estamos hablando en que el niño no cuenta con la habilidad de socializar, le tiene miedo a lo desconocido. Los padres y maestros deben prestar mucha atención a esta actitud para que el niño vaya ajustándose bajo su atención, para que aprenda a ir resolviendo sus conflictos. Hay niños que desarrollan miedo a cosas o circunstancias que no ameritan tal miedo.
En tales situaciones, es importante apoyar al niño, decirle lo que sucede con palabras acordes a su edad, y comprensión del lenguaje, ofrecerle apoyo para que resuelva su miedo. Para ello se requiere paciencia. Pensemos que en ese instante el niño no entiende lo que puede pasar o esta pensando que algo malo le puede suceder. Cuando un conflicto emocional se presenta, lo indicado para el adulto es atenderlo de inmediato, puesto que el niño no es capaz de enfrentarlo. Hablar y explicar son los elementos básicos para irlo fortaleciendo en sus obstáculos en el camino de su desarrollo.

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