ARRIBAMOS A
2024 ¿QUE; NOS DEPARA?
LARRAÑAGA
TORRONTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y
Maestría en desarrollo humano FESC Universidad Nacional Autónoma de México.
No permitas
que los elogios de otros, oscurezcan tu inteligencia, ni dejes que sus críticas
destrocen tu corazón. No te dejes infectar por el mortal virus del elogio y
sigue escuchando como si nada tuviera que ver contigo, sin dialogo interno o
reflexión exaltante. No permitas que ese virus desencadene emociones
destructivas, pensamientos reprimidos, exaltación de rabia por reconocimientos
o desastres emocionales. Salva tu vida, tu cuerpo, tu alma.
Cuando alguien
te este elogiando es mejor recoger los escombros de la humildad, hacer catarsis
de limpieza general y esterilizarnos interiormente. Adquirir una dimensión sana
de nuestro lugar en el mundo y volver a decorar con compromiso y respeto
nuestra conciencia y la conciencia de quienes nos hayan otorgado los desastres.
Sólo
ordenando el caos, se olvidarán los miedos, la incertidumbre y la desconfianza
irán desapareciendo, y los elogios no se borrarán, pero al menos dejarán de
dolernos en la humildad que deseamos controlar.
La
reconciliación es el restablecimiento de la concordia o amistad perdida entre
dos o más personas que se habían enfrentado y que, gracias a sus propios
esfuerzos llegan a un acuerdo para deponer sus desavenencias o contradicciones.
Es decir, se humanizaron.
Ya es hora de
irnos civilizando y demostrarnos que podemos transformar una sociedad enferma
por una donde quepamos todos sin exclusiones ni expoliaciones. Despojarnos de
odios y egoísmos y mirar que el otro, así esté en desacuerdo conmigo, también
tiene sus derechos.
Nuestro Dios
(G:. A:. D:. U:.) cada día nos ofrece las herramientas para que cada uno se
convierta en portador del amor, la paz, la fraternidad y la tolerancia; sin
embargo, nos hemos dejado someter por los desdenes de los tiempos,
acomodándonos a la vida fácil y placentera (Hedonistas) olvidándonos de nuestra
labor terrenal. Hemos sido presa del odio y la intolerancia. No reconocemos
nuestros errores. Continuamos todos nuestros fracasos a la justificación y
hechar culpas a los otros.
Creo que la
reconciliación debe comenzar desde cada uno de los corazones para alcanzar lo
que deseamos para esta sociedad. De nada vale que llenemos de gracia y de gozo
instantáneos cuando a los pocos días, olvidamos los principios elementales de
la civilización: el amor, la paz y el perdón, y nos convertimos en personas
lesivas para la sociedad, ayudando a acrecentar los males terrenales.
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