lunes, 20 de enero de 2020


ESCUCHA TU ALMA
La razón, no ha logrado apaciguar al ser humano sobre su presente, su futuro, su final en esta vida y a quedado en la oscuridad llena de miedo a lo desconocido como era en un principio, ahora y siempre, nos hemos quedado en la verdad corta renunciando a la las grandes verdades.
Por otra parte la inteligencia general está convertida en fugaz luz que lo vuelve todo confuso, inexplicable, cómodo, sin mayor esfuerzo ante la renuncia en “Ser” Confundidos entre bien y mal, dando vueltas como un perro detrás de su propia cola.
Una generalidad que prefiere apagar su inteligencia y permitir que sus hijos languidezcan en la ignorancia por miedo a luchar en contra de las imposiciones degradantes y pérdidas de la dignidad. En cuanto al amor humano ya no estamos seguros en que exista como tal, su luz no provoca el romanticismo, esa fuente primordial que lo regaba perdiéndose en el encuentro carnal que brota en la pasión desmedida sin control, un amor que ya no estamos seguros que brote en llama eterna, sino en el placer inmediato.
Solo existe la promesa engañosa en que abriendo los ojos nuestra mirada será capaz en entender el futuro y los instintos nos señalaran el camino fiable, capaz de vencer los placeres mundanos. Un horizonte oscuro, perdido que atrae y nos va aislando más de la cuenta para vivir y sobrevivir en las tinieblas sin que nos demos cuenta del lugar que veneramos.
Chispas destructoras que se convierten en llamas entre el deseo y el placer, entre el poseer y tener para que el presente se refleje en el futuro y crezca como necesidad a llenar o satisfacer. Hoy y siempre, el espíritu de cada persona es provocador, nos degrada, detiene, nos lleva al pasado, nos trasporta al presente, nos marca caminos hacia el futuro, es reflejo y consecuencia para romper ataduras, para liberar pasiones, volver presentes los anhelos, las ilusiones, los sueños.
Se perdió la alegría por crecer sanamente, en vida respetuosa y plena y hoy los encuentros se celebran en festín pagano a causa de la sociedad que engendra experiencias pasionales con visión de existencia plena.
De este modo, se ha visto cómo la degradación humana, enriquece la existencia en todas sus dimensiones.
Un cambio que muere antes en nacer y que está en espera que activemos el espíritu para que nos reconozcamos con amor al prójimo y que transformes el camino del entendimiento hacia un futuro con esperanza para que nosotros y las próximas generaciones lo recorran con alegría, con fe, esperanza y caridad en el encuentro con la plenitud que fecunda la felicidad del alma en su espíritu.
Esa fe que es la que nos abre el camino y nos debe acompañar en cada instante en nuestra vida. La fe vinculada al escuchar el espíritu para que escuche el clamor del alma y en su nombre nos regrese el carácter para hacerlo.
Esa fe que nos hace un llamado a abrirnos a la vida como principio y fin sin llevar el destino manifiesto o el futuro inesperado “Dar fe” Una fe que no es pasado, sino presente, es memoria de promesa capaz en abrir el entendimiento a la efímera palabra pronunciada sin fe que se convierte en el “No” haber nada pero que hace posible continuemos el camino acogidos a una llamada de atención que el espíritu nos hace para que tengamos continuidad con firmeza y buenas intenciones contrayendo el verbo amar cuya razón primera es existencia plena.
El ser humano trae consigo esa palabra secreta que es importante comprender y llevar a la acción. No es una novedad, ni es ajena a nuestra existencia ya la traemos escrita con sangre en nuestros corazones y se pasa de generación en generación como fuente de la que proviene cada vida siendo la fe, la propia existencia de lo que no existe pero ilumina a los corazón hasta la raíz más profunda para que reconozca en él, su bondad, confirme su vida y no deje las cosas a la casualidad. La fe es el origen de todo y lo que nos sostiene con alegría en la satisfacción en vivir.
Es la que nos vislumbra un futuro más allá de nuestro entendimiento racional y nos da prueba que todo sacrificio en pilar de un avance sostenido en donde se logra sortear las amenazas. La fe es la que nos libra de las miserias pasionales, domina al demonio original que busca salir. La fe es la que nos lleva de la mano y se trasmite de generación en generación ya sea en culto confesable o de padres a hijos.
Así, nos va vinculando con la chispa de la vida en un beneficio progresivo del espíritu y que el ser agradecido lo expresa apoyando al prójimo. La fe es la historia sagrada del alma que ilumina el camino recordando él porque estamos vivos, somos seres humanos y las promesas que debemos cumplir.
Nos permite darnos cuenta cuando caemos, nos levantamos, la tentación nos gana, la incredulidad se apodera. La fe nos permite abrirnos a la luz y al mismo tiempo permanecer en la oscuridad con un rostro no revelado y en espera del momento oportuno para que la luz se haga dejando atrás las falsas idolatrías propias de la manipulación de las masas. La fe no necesita momentos de seguridad, al poderse sentir desde dentro y cuyo rostro no existe pero está siempre presente para que estemos en armonía con nuestra alma.
Los senderos de la vida no van a ninguna parte solo presentan diferentes caminos a las multitudes desconcertadas que ¿Creen? escuchar voces que los llaman y terminan por separarlos de los buenos propósitos. Eso, no orienta nuestra existencia, tampoco significa que se enderezo el camino con el arrepentimiento. amazon com

No hay comentarios:

Publicar un comentario