MI FAMILIA
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Cuando era niño creía firmemente que mi abuelo era un ex
revolucionario que ahora se dedicaba a la agricultura y la ganadería. Yo crecí
junto a las vacas y caballos escuchando sus mugidos, y los relinchos. A menudo
escuchaba el ladrido de los perros, el cantar de los gallos, el cacarear de las
gallinas. Pensaba en como mi abuelo se divertía arreando vacas, arreglando
cercos. Me sentía orgulloso de mi familia. Un día mi madre me sorprendió
contándole a un amigo ambos de 8 años en edad que mi abuelo tenía un tesoro
enterrado debajo de su cama, mi madre me interrumpió “¿De dónde sacaste eso?
¡Qué tontería estás diciendo!
Tu abuelo nunca a enterrado nada, solo tiene el dinero que
trae para comer en su cartera. Esta revelación me molesto mucho ya que no podía
entender lo que mi madre me decía, puesto que yo siempre lo vi sacando dinero
de su cartera para comprar cosas en la tienda de Wenselao Tostado, y por eso
pensaba que mi abuelo era rico, además me mandaba a la tienda con un morral
para traer dos kilos de maiz para su mula, y el tendero introducia entre el
maiz una o dos modenas de oro “Centenario” que mi abuelo sacaba del morral
frente a mis ojos y las escondia debajo de su cama. Nunca le preste atención al
origen de mis apellidos y además en el pueblo no había forma de enterarse o
encontrar una explicación, solo sabía que mi padre y mi madre habían nacido en
el pueblo, y eso era todo, nadie me hablaba de eso, solo en la imaginación de
mi infancia daban vuelta estos dos apellidos difíciles de pronunciar y que
acreditaban mi vida y linaje familiar.
Cuando tenía 12 años mis compañeros de primero de secundaria
se burlaban diciéndome “La lagaña, las lagañas, por el apellido Larrañaga” pero
sobreviví a todo eso. Fue allí en secundaria donde desarrolle la habilidad de
buscar respuestas a todas mis dudas, y a esas preguntas que daban vueltas en mi
cabeza y no estaban en los libros escolares. Diario recorría el camino a la
secundaria con un tambachi de libros en el lomo. – Ese era mi destino, y ya
estaba escrito. Esos son mis viejos tiempos y recuerdos. Despues de hablar un
día con una de mis tías de apellido Torróntegui me entere que mi abuelo era
partidario de los liberales, y que por eso escondía y apoyaba a los
revolucionarios en una parte de su casa”.
Mucha gente en sus años de madurez entró a la revolución por
la necesidad y estar completamente empobrecidos. La información recibida por
parte de mi tía me inquieto un poco no lo niego, pero era la primera noticia
que tenía sobre el origen ideológico de uno de mis abuelos “Un Liberal”. Este
descubrimiento me hizo muy feliz. Por lo pronto estaba en el camino de buscar y
encontrar el significado de mis dos apellidos, deseaba excavar en mi identidad,
despues de todo tenía derecho a ello. En la madurez al igual que mi abuelo
materno me di de alta como liberal.
Pasaron muchos años para saber algo sobre mis antepasados.
Solo sabía el nombre de mis tatarabuelos, despues de excavar mucho. Por fin
supe que los papas de mis abuelos habían llegado del país vasco, y muchas de
sus costumbres las seguíamos repitiendo. Me fue interesante enterarme de la
psicología social de mis acedendientes, en particular en su cultura. Todo
indica que mis apellidos al menos tienen muchos años en ese país ¿Cómo explicar
que hayan llegado hasta este pueblo? ¿Qué hayan sobrevivido? Desde niño podía
observar la veneración que los hijos tenían por sus padres y que ellos estaban
a toda prueba siendo leales, atentos a sus órdenes. Pero además que repetían
las costumbres domésticas.
Al abuelo que conocí (Paterno de nombre Francisco Larrañaga
Lafarga) era muy amable, platicador con la gente, pero de mal genio. A su
esposa mi abuela Isabel Manjarrez Bastidas, no la conocí, me decía mi madre y
mi padre que era una mujer muy bella de carácter decidida, firme y fiel a los
preceptos de familia patriarcal. De mi abuelo, no me quedaron fotografías, y de
mis padres unas cuantas. Al abuelo “Chico: Francisco) lo vi en sus últimos
años, un anciano que gustaba sentarse cómodamente en una poltrona en la
banqueta de su casa para tomarse una tarra de café de olla que le preperaba mi
tia Victoria su hija, y en ocasiones yo sentado a su lado.
Mi padre fue el menor de sus 4 hijos, y una niña de nombre
Margarita, que murió siendo una niña por caer en el caso hirviendo de maíz para
darle de comer a las vacas. Todos sus hijos se casaron y tuvieron familia. Mi
abuelo tuvo 4 hermanos: Joaquín, Jesusita (Se casó con Felix Loaiza), Maria,
Lisandro. Mi abuelo fue el más joven de todos. Su hermano Joaquín no tuvo
hijos, no se casó, ni María quien se casó con Juan Millán quien por ser un
hombre mayor ya no pudo tener hijos, solo Jesusita y Lisandro tuvieron hijos.
Mi tía Victoria vivía frente a mi casa, y quería mucho a mi padre (Su hermano
pequeño) La casa donde ella vivía era la casa familiar en donde creció mi padre
y sus hermanos. Era una casa de tejas con dos aguas con piso de ladrillo con
amplio corral.
Cuando mi tía Victoria estaba viva, siempre que acudía al
pueblo me daba la vuelta para visitarla, y ella a manera de cumplido mencionaba
que me parecía mucho a mi padre. Llegar a su casa era sentir esa atmosfera
rodeada de recuerdos infantiles, pero ahora ella estaba sentada sola en su casa
en espera de que sus hijos regresaran. Ya había perdido su juventud, belleza y
solo le quedaba mirar atrás en sus recuerdos. No había prisa por nada. A los años murió y se llevó su pasado. Me
llego la juventud y me enamore por primera vez de forma platonica. Un
sentimiento que desconocía, pero lo experimenté como cada uno de los seres
humanos lo vamos viviendo. El primer enamoramiento es muy diferente, es más
espíritu que carne. Se menos sobre la v ida de mi abuelo materno, mi madre,
nunca me dijo nada sobre él.
Sólo supe que le gustaba trabajar y que era muy estricto con
sus hijos por lo que no pude penetrar en este secreto familiar. De alguna
manera ella estaba al tanto de todo ya que en una ocasión que me vio tomando me
dijo “Tu abuelo, mi padre, nunca tomo vino” a ver si puedes seguir sus pasos.
Aclaro que no era un borracho y eran mis primeras experiencias juveniles con
este vicio. Entonces estas palabras realmente me llamaron la atención, ahora
escuchaba cosas buenas de mi abuelo. A su esposa, mi abuela Rosa Millán Saenz, la
conocí muy bien ya siendo viuda.
Ella trajo mucha calidez a mi vida, y murió a una edad muy
avanzada. Estuve presente en sus últimos dias de vida, Me dolió su muerte,
porque quería mucho a mi abuela. No sé cuándo mi abuela se mudó a la ciudad,
solo recuerdo vagamente por historias sueltas de mi madre que lo hizo cuando
dos de sus hijos terminaron sus estudios de profesores (Alejandro y Angel
Torrontegui Millán), y le pusieron una casa.
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