EL FINAL DEL CAMINO SE ACERCA EN CADA INSTANTE
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad
Nacional Autónoma de México.
Me fui secando con la vida, mis ojos empezaron a perder
brillo, comencé a caminar lentamente. Los ríos de fuerza y juventud se fueron
secando. Las noches se me fueron haciendo más cortas, pero a pesar de todo sigo
preguntándome ¿Qué hago con el resto de vida que me queda? “Ya, no puedo
alcanzar la tierra soñada” ¿A quién recuerdo en mis noches de insomnio? ¿A
quién he olvidado? ¿Qué valgo, ahora, y para quién? Las lluvias han borrado mis
huellas, y la mente me aconseja que les diga adiós para siempre ya que el final
de mi tiempo se acerca ¿Qué gane, o perdí? ¿De cuántos sorbos me bebí mi vida?
Si, miro al cielo, este sigue ahí como cuando lo miré por
primera vez, conserva su mismo azul ¿Cuál fue mi verdad, a quien ofendí, quien
me insulto, que aparente? El final de mi tiempo se acerca, pero moriré en la
arena de los gladiadores romanos con la frente en alto y la dignidad intacta.
Mi alma está tranquila mientras observo las calles vacías, el vuelo de los
pájaros. Por este momento vuelvo a ser aquel niño que jugaba en las calles
polvorientas corriendo y gritando pletórico de alegría. Siempre he amado la
vida, aunque me tiemblen las corvas frente a sus desafíos porque no tengo un
corazón de piedra, y las ramas de mis sentimientos se rompen fácilmente.
La tristeza y la alegría han sido mis acompañantes en el
débil sello que impregne a mi alma. Nunca me apresure a vivir, creo que adapte
un humor equilibrado, y una cabeza revuelta por las ideas. Nunca deshonré a mi
alma, y tuve una vida loca en el deporte. Deje que las personas cercanas
respiraran sus propias ideas y decidieran sus aires a seguir. Las aguas las
nade tranquilas, busque la libertad sin arrogancia. No buscaba corona, ni gloria,
ni ser amado, solo ser comprendido. Me di cuenta de mi egocentrismo a temprana
edad, ha sido mi batalla eterna por controlarlo. Soñé con la paz en
sentimientos, para que nada perturbara mis sueños en medio de la noche.
Leí todo lo referente al existencialismo y reflexioné que no
existe la vida eterna, que no existe el regreso a la vida, ni la inmortalidad,
así que era el momento justo para dejar de pensar en querer quedarse a vivir en
la mente de otros, y ocupar la mente en sobrevivir aquí en este momento. Me
cuestione ¿Qué gano con que muera y deje a otras personas sufriendo por mí?
¿Para qué abusar de un
espacio en su alma que lo necesitan para dar entrada a otros que lo desean? La
vida tiembla con la acumulación de años, el corazón alerta a cada paso, la
mente va perdiendo su pasado, los ojos nos ponen al borde la oscuridad, nos
vamos perdiendo, y a la vez tememos despedirnos mientras la mente nos grita ¡Es
hora de hacerlo! ¡Deja tu maleta junto a la cama, es hora, se acabó, despídete,
necesitas irte! ¿Es tiempo en dejar volar tu alma hacia su libertad! La vida
pasa, se desvanece haciendo crujir el cuerpo con el peso de sus años,
temblamos, pero seguimos viviendo.
Nos damos cuenta que nos damos lastima de nosotros mismos al
vernos con la espalda encorvada, dificultad al caminar. Comprendemos que en
cualquier momento sucederá. En esta vida, lloré más de lo que ellos se rieron
de mí. La vida que viví no solo fue baile, fiestas, música, amores, desgracias,
ganar y gastar de dinero, y creó que termine por irle pagando a cada uno mis
deudas. Lo que ha quedado en sus bolsillos son sus deudas y no las mías. Camine
por la vida, recorrí sus rincones alejados, tuve años de soledad y silencio,
regrese a la fiesta. Vi a la gente sufrir y mis ojos me dijeron en silencio
“Eres igual de sentimental que ellos” Quise volar antes de que me salieran
plumas en mis alas, y caí en cada uno de mis intentos. No solo me rompí la cara
sino la boca.
Seguí por los caminos
lleno de orgullo y vanidad dejando rastro por cada lugar donde pasaba hasta que
llego el día en que pare, y volteando atrás me pude dar cuenta que cada una de
mis huellas habían sido borrados de la memoria de las personas con las que
compartí momentos de en esta vida, como las olas del mar, las borran sobre la
arena. Alce los ojos y mire que la luna seguía intacta como en aquellos años de
juventud cuando enamorado la observaba. Me vi sentado junto al rio en el que
por tantas veces reflexioné sobre mi futuro “Ya, no eran las mismas aguas que
corrían”
Los bolsillos llenos en aquellos años de juventud, de sueños,
esperanzas estaban vacíos. E gastado mi vida, se me han acabado las fuerzas
para los bailes y fiestas. Hoy solo recuerdo las monedas de cambio que la vida
me ofrecía creyendo que esas monedas serían eternas y nunca se terminarían, y
las fui gastando a granel. Las personas vamos cayendo, y muchas lo hacen en
corto tiempo como producto de sus preocupaciones.
En la juventud somos inexpertos y vamos cayendo, unos se
levantan otros se quedan tirados pegados al piso para siempre. Nos enamoramos,
y amamos a todas las personas, ya que el amor es el mejor de los sentimientos
que podemos regalar, lo demás es solo cuerpo desnudo. Hoy quiero decirles que
existen los milagros, y uno de ellos fue mi vida por ello quiero decirle al
mundo lo que pienso, lo que amé, en mi pasado. De aquel pasado que aún tengo
miedo en revelar mis secretos. Reflexiono que mi muerte se acerca cada día más
rápidamente, y el boleto de mi viaje se ha ido agotando, así que me iré pronto,
cuando la luz de mis ojos se desvanezca, y el brillo de los ojos del que nace
llene de amor a sus padres como un nuevo milagro.
Sera ese tiempo en que dejé de escribir sobre mi amor por la
vida ¿Quizás eso fue lo que siempre anduve buscando, y nunca lo entendí del todo? Ahora
es poco probable que obtenga una respuesta ¿Por qué y para que nací? ¿Por qué
fui escogiendo estos caminos? Mi respuesta es un vacío existencial, un rosal
que pocas flores pudo dar y se fue llenando de espinas para protegerse de sus
miedos. Cuando termine mi camino, alguien en cierto momento recordara mis
espinas y no mis flores. No puedo regresar el tiempo, el final de mi camino se
acerca, y tal vez lo último que me lleve de esta vida sean unas pocas lagrimas
amargas que a todo muerto regalamos al momento de su entierro. A donde mi alma
se dirija, no sé si encontrare vacío o es un final eterno. Me iré solo como
llegue, como la tarde, como en mi nacer, Las gentes continuarán su camino sin
pensar en su muerte.
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