HASTA QUE LA MUERTE, NOS ALCANCE
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Maestro de Danza, y de Teatro. Egresado del Instituto
Nacional de Bellas Artes.
¡Para que amarte y jurarte amor eterno
vida? ¡Después de todo, no eres mía! ¡Lo sé! Desde el momento que comprendí lo
que es la muerte de una persona muy querida, y que sigo añorando. Entonces
¿Para qué amarte tanta vida? ¡Si, no eres mía! En ti, aprendí a sufrir, aprecié
el amor, el engaño, el abandono, el silencio. ¿Por qué amarte, si no eres mía?
Cuando perdí por primera vez mi felicidad, me di cuenta que no importaba cuanto
hiciera y que la felicidad tampoco era mía, aunque la aprecie y busque creyendo
que era mía. Creí qué encontrar la felicidad me haría dueño eternamente dueño
de ella, no soñaba siquiera que me la despojarías, y comprendí de nuevo
¡Después de todo, no era mía!
Fue entonces que en mis reflexiones me
preguntaba ¿A quién amar, sin sufrir, a quien encontrar para que estuviera
conmigo compartiendo esa felicidad? Los primeros pasos en el amor los días de
la mano de mi familia, pero la muerte me dejo patente que todo es en vano, que
puedes amar, ser amado, pero la vida se encargara de quitártelo todo. Aprendí
que los sentimientos obedecen durante cierto tiempo, y que la tierra llama
siempre a su tierra. Aprendí que el cielo seguirá como si nada hubiera pasado,
y que el fuego del amor y la vida lo apagará con llanto.
Al final de la vida solo quedaran cenizas,
y personas que compartieron contigo esos instantes, dándole sufrimiento a tu
cabeza mientras esperan su propia muerte. Aprendí que la vida no se puede
manejar de ninguna manera, y que los sentimientos nadie es capaz de atarlos con
nudo gregoriano. La vida y la muerte están ligadas con cadenas de material más
fuerte que el mismo hierro, oro y plata asociados, son como esa cadena sin
candado que no tiene llave, y al momento de nacer se tira en un camino
desconocido para que los sentimientos, el odio, la ira los acompañen
persuadiéndolos en que es inútil aferrarse a un sentimiento de amor. Son ellos
quienes se encargan en hacer añicos esos sentimientos y les proporcionan alas
para que las personas vivan atormentadas por la culpabilidad.
Siendo niño, me tumbe bajo el manto de las
estrellas sintiendo que si llegaba a ellas sería la victoria de mi vida, pero
el tiempo se encargó en convencerme en que soñaba y el único camino que estaba
marcado eran mis cenizas. Era extraño que esos instantes me motivaban para
estar allá arriba entre el pálido cielo y las centellantes estrellas, fue
entonces que me pregunte ¿Cómo se verá desde arriba hacia abajo? Lo mismo me
sucedió al ver, a un ser amado descender a una tumba ¿tendrá, sed, hambre,
miedo? ¿Cómo se cuidará del agua cuando la lluvia llene su tumba? Fue entonces
cuando la lluvia amarga del alma comenzó a caer sobre mis sentimientos ahogando
mi conciencia.
Las gotas derramadas enseguida desbordaron
por mis ojos en amargas lágrimas. Muchas de ellas las tuve que beber, y salían
con mayor fuerza cuando trataba de balbucear palabras de dolor por lo que
sentía con en el alma destrozada esa muerte. ¿Cómo podría a partir de ese
momento comunicarme con mi ser amado? Mi mente no tenía esa respuesta, me
dejaba solo en el camino de la amargura. Decidí dejar que las gotas amargas
continuaran por años bañando mi alma en la espera de que secaran por si solas,
pero ese momento nunca llegó, y seguí atrapado en el sufrimiento. Simplemente
no tenía el coraje para olvidar, no admitía su muerte, y no era capaz en sanar
mi alma.
Me alegre que otras personas se sintieran
bien conmigo, creía que lo malo ya se había ido, y que el mojar el alma con
lágrimas amargas terminaría para ser nuevamente bañadas con las aguas de la
felicidad. Para tranquilizar el alma, la engañe mandándole el mensaje en que
todo “Ya había pasado” Que ya no estaba enojado con Dios, ni con la vida. - Que
la amaba y estaba de nuevo sentada junto a mí. Sin embargo, ella me estaba
mintiendo de nuevo, y solo era un corto tiempo para que me sintiera mejor. El
sol brillo de nuevo con alegría en mis ojos secos, me sentía bien, me sentía
recuperado, o al menos por la noche ya no lloraba abrazado a la almohada. Pero
tanto la vida y la muerte se reían de mí, y creo que hasta bromeaban entre ellas
por el hecho de que volvía amar a la vida, y que nuevamente la muerte se
encargaría de enseñarme lo que es el sufrimiento en su presencia.
Mi vida trascurría entre recuerdos y
olvidos, entre errores y estupideces, de hecho, me amaba más y egoístamente
luchaba por olvidar el pasado. Comencé de nuevo andar quitando de mi rostro los
surcos que los dolores de las lágrimas amargas dejaron marcados. Olvidé que amé
tanto a mi ser querido que en cierto momento parece ser le dije adiós para
siempre. Cuando lo evocaba, ya no estaba muy claro su rostro en mi mente, el
cual había borrado con las lágrimas amargas ¿Por qué ya no venía tan frecuente
a mi mente? Es difícil responder.
Fue ahí en donde me di cuenta que mi alma
se había endurecido, y que el dolor en el rostro de otras personas ya no me
afectaba tanto, quería reírme de la vida y de la muerte como la mejor medicina
para mi alma ante la impotencia y la melancolía que la muerte de un ser querido
nos causa. La vida es una tristeza despedida en un destino entre nosotros. Es
apretar el alma borracha de amargura queriendo en ese momento exprimirla para
que no sufra demasiado. Es una llama que se aleja como el viento, y deseamos
vaya tranquila por su camino dejándonos recuerdos, silencios, confesiones,
culpas, esa voz que se va apagando para nuestros oídos.
Son esos momentos que gritamos ¿Por qué lo
ofendimos si lo amábamos, porque no le dimos ese cariño en vida? Nos dejan
culpas imborrables que sangran el alma. La vida se va y la muerte arriba, la
muerte deja desolación, tristeza, oraciones, velas encendidas que se van
apagando. Indican que llorando se cura el dolor, se regresa de nuevo al camino
de la esperanza, al amor, a seguir cometiendo errores hasta que la muerte nos
alcance. La muerte oculta ofensas de todo aquello que no funciono, que no
respondió, de aquel que no dio todo lo que se esperaba, pero al final le va
bien en la conversación de quien lo amo.
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