LA NIÑA DE LA RANCHERÍA “APRENDER A SER MUJER”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Maestro de Danza, y de Teatro. Egresado del Instituto
Nacional de Bellas Artes.
Nací como la niña de Jean-Jacques Rousseau en un pueblo
olvidado de la mano de Dios o afortunado y bendecido por él, al no estar al
alcance de lo que llamamos civilización. Al igual que cualquier niña comencé a
tener conciencia preguntándome y buscando respuestas de todos los seres humanos
que siendo las criaturas más inteligentes de la tierra se veían convertidas en
puño de mentiras, vanidad, egoísmo y todos esos comportamientos viciosos. Como
cualquier niña viví una infancia normal, en donde me molestaba que me
despertaran temprano para desayunar e irme a la escuela de mala gana. Saliendo
de clases me daba tiempo para jugar con placer con las amigas. Fue en tercero
de primaria cuando inicie a escribir malas poesías, y se debió al enamoramiento
platónico de un chiquillo de mí salón de clases.
Con los años me vi
convertida en una pubertá inquieta que batallaba para pasar sus exámenes, o que
era suspendida del examen por hacer intentos de copiar a un compañero. Es la
típica vida de una pubertá en secundaria cuyo crecimiento es inaceptable por
sus mínimos movimientos en la futura alma que se va forjando. Una infancia y
una pubertad que influirá en toda la vida de una persona. Muchas de mis letras
se ven impregnadas de esta infancia y pubertad tratando de revelar aquellos
misterios que en mi falta de madurez mental no logre comprender.
Tuve demasiadas limitaciones, pero a la vez muchos alcances,
y fue en esa primaria en donde inicié con mi narrativa rítmica de mi poesía.
Surgieron muchos planes y eso me tomo mucho tiempo para poder combinar mi vida
cotidiana con la de escribir. No tenía la menor idea que cada momento de mi
infancia, adolescencia, me perseguiría, ni las secuelas que fue impregnando.
Quisiera separar por épocas o etapas mi vida, y poner al centro mi juventud
como novela autobiográfica. Pero comprendo que estoy muy lejos de esa infancia,
y sus acontecimientos se vuelven borrosos y sesgados, y cuanto más me acerco me
resulta mucho más difícil entre lo que escribo y pensaba como si solo fuera un
boceto de esa bella juventud llena de romance, amor platónico, proyectos
fallidos.
Nunca fui mi propia historia, solo en el fondo deseaba que
todos me quisieran, que dijeran mi nombre con cariño, y poder agradecerles por
ello. En las páginas en blanco de mi libro de vida, debía describir las etapas en
forma de cadena lógica, pero fui tejiendo la trama de forma vertical. A veces
me coloque al centro, en otras como observadora. Durante toda mi secundaria
lleve un diario anotando lo que me sucedía, impresionaba, lo que pensaba y
reflexionaba. Fui una niña sentimental a la que le gustaba de todo y mi
influencia fueron mis padres y maestras dejando atrás mis complejos a temprana
edad, y decidir mis conflictos basada en argumentos dándole siempre un
sentimiento de sinceridad.
Junto con la televisión me llegaron las novelas
sentimentales, y quise identificarme con algunas de sus protagonistas pensando
siempre en mi propio desarrollo moral, y la comprensión de lo que sucedía en mi
entorno. Mi vida fue una fuente de experiencias conectadas entre sí de acuerdo
al tiempo que me tocó vivir y sus costumbres. Me di cuenta que no podía ir más
allá sino apegarme a esas reglas sociales. Mi madre me llevaba los domingos a
la iglesia para que me confesara, y así fue durante mis primeros 18 años de
vida, y despues como por arte de magia me fui apartando hasta prácticamente
abandonarla.
Vivi en una época de censura total para las chicas, pero me
siento orgullosa por continuar escribiendo en mi diario mis intimidades sin
pensar que algún dia debutaría como escritora de un artículo en una revista.
Las mujeres no teníamos posibilidades de publicar artículos de fondo, y quienes
trabajaban en los diarios lo hacian en las páginas de sociales atendiendo
bodas, bautizos, quince años, cumpleaños de gente de la clase alta social. Por
todo ello cualquier mujer que se salía de este limite la sociedad la tachaba de
indecente.
Total ¿A quién? podía importarle la historia de una niña
pobre, hija de padres campesinos que emigro a la ciudad con la ilusión de
estudiar la secundaria o un secretariado en mecanografía para trabajar en una
oficina o tienda popular. Ha corrido mucha agua en cuanto a la participación de
la mujer en los últimos años. La juventud la recibí con especial entusiasmo,
mucho más emocionante pero confusa. Pude ver atrás mi desarrollo y el avance
espiritual que llevaba hasta ese momento, y no voy a decir que me asombro lo
poco que prosperaba, sin embargo, ya estaba convertida en una chica amable,
atenta, respetuosa con ánimo inquebrantable por seguir adelante ante cualquier
adversidad.
Admito que mi inteligencia no es basta y la suplí con
desarrollar el talento por lo que mi proceso mental estaba en plena evolución.
Me vi enfocada en la danza, el canto, la música. Aprendí la filosofía
existencial como si bebiera mi mente en un vaso de agua limpia y cristalina.
Frente a mi estaba el mundo, solo era cuestión de contemplarlo y actuar, llenar
mis vacíos, reconciliarme con la vida, y sobre todo librarme de la mezquindad
de las personas que esparcen como virus por las calles de la ciudad. No niego
que tuve muchas crisis al momento que reevaluaba mis valores, sentimientos, el
ser una mejor persona y es que al entrar a la universidad me di cuenta que
escribía por vanidad, orgullo, codicia, y que mi principio en la escuela
primaria no fue por eso, sino el ser poeta para sacar mis sentimientos,
entender lo que le sucedía a mi vida, lo que una niña siente, y ser sobre todo
original.
Pero en la Universidad me enferme del virus de la fama, que
nos da la fiebre en que somos mejores por lo tanto hay que atacar, ocuparnos de
los asuntos de los demás para vencerlos o doblegarlos. Camine por ese largo camino de la imitación
sin encontrarme conmigo misma. Por fin
me llego la inclinación por temas educativos, el futuro de las sociedades, el
sueño de los niños, el deseo de forjarse un carácter vivaz. Represente el
elenco de cada una de las maestras que me educaron en la escuela primaria como
historias personales sin el encanto de poesía.
Me centre en el ¿cómo? fueron cambiando mis emociones hasta
convertirme en la persona que actualmente soy. Fue un periodo largo de
formación humana, y en esos cambios cometí múltiples errores. Escribí sobre los
padres de niños campesinos que poco se ocupan de ellos, y se limitan a darles
ordenes sea en el desayuno o la cena. La madre con su idea de reproducir
mujeres iguales a ella que sean vistas con respeto por su comportamiento
impecable, y que nunca sean el blanco de un chisme de mal gusto. Que lleguen a
su edad adulta, se casen tengan hijos, y cierren el círculo familiar
costumbrista con un respeto incondicional y sumiso a su pareja.
Que sus hijos conozcan y vivan con su padre, y que, si ella
es regañada, maltratada permanezca en silencio absoluto recibiendo su castigo
para que entienda quien manda. La
educación contribuyo a cambiar mi punto de vista como mujer y ser humano, me
sentí valiosa, importante, completa, acorde con mi comportamiento y realidad.
Reconozco que ya estando en la universidad aun no entendía en absoluto lo que
quería hacer en la vida, también sufría por verme mujer humilde en lo
económico.
Me fui poco a poco convirtiendo en la persona que me quería
ver transformada. Llego el momento en que no me importaba que las personas se
auto consideraran por encima mio, y las reglas sociales se aplicaran con las de
su masa, así que seguí mis propias reglas de la vida, lo importante es la
intención misma de reflexionar sobre mi propio comportamiento, notar las
manifestaciones "negativas" de mi carácter y ser al mismo tiempo la
persona que se auto educa. No es nada fácil ser mujer y tener nuestro propio
propósito para ello hay que comprender, aprender, liberarse de muchas cadenas,
usar largos monólogos internos y aplicarlos de forma práctica. Así que la idea
de ser una mujer libre a ser una mujer encadenada solo hay un paso, y cada una
escribe su historia.
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