domingo, 15 de diciembre de 2024

 

LA NIÑA DE LA RANCHERÍA “APRENDER A SER MUJER”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Maestro de Danza, y de Teatro. Egresado del Instituto Nacional de Bellas Artes.

 Nací como la niña de Jean-Jacques Rousseau en un pueblo olvidado de la mano de Dios o afortunado y bendecido por él, al no estar al alcance de lo que llamamos civilización. Al igual que cualquier niña comencé a tener conciencia preguntándome y buscando respuestas de todos los seres humanos que siendo las criaturas más inteligentes de la tierra se veían convertidas en puño de mentiras, vanidad, egoísmo y todos esos comportamientos viciosos. Como cualquier niña viví una infancia normal, en donde me molestaba que me despertaran temprano para desayunar e irme a la escuela de mala gana. Saliendo de clases me daba tiempo para jugar con placer con las amigas. Fue en tercero de primaria cuando inicie a escribir malas poesías, y se debió al enamoramiento platónico de un chiquillo de mí salón de clases.

 Con los años me vi convertida en una pubertá inquieta que batallaba para pasar sus exámenes, o que era suspendida del examen por hacer intentos de copiar a un compañero. Es la típica vida de una pubertá en secundaria cuyo crecimiento es inaceptable por sus mínimos movimientos en la futura alma que se va forjando. Una infancia y una pubertad que influirá en toda la vida de una persona. Muchas de mis letras se ven impregnadas de esta infancia y pubertad tratando de revelar aquellos misterios que en mi falta de madurez mental no logre comprender.

 Tuve demasiadas limitaciones, pero a la vez muchos alcances, y fue en esa primaria en donde inicié con mi narrativa rítmica de mi poesía. Surgieron muchos planes y eso me tomo mucho tiempo para poder combinar mi vida cotidiana con la de escribir. No tenía la menor idea que cada momento de mi infancia, adolescencia, me perseguiría, ni las secuelas que fue impregnando. Quisiera separar por épocas o etapas mi vida, y poner al centro mi juventud como novela autobiográfica. Pero comprendo que estoy muy lejos de esa infancia, y sus acontecimientos se vuelven borrosos y sesgados, y cuanto más me acerco me resulta mucho más difícil entre lo que escribo y pensaba como si solo fuera un boceto de esa bella juventud llena de romance, amor platónico, proyectos fallidos.

 Nunca fui mi propia historia, solo en el fondo deseaba que todos me quisieran, que dijeran mi nombre con cariño, y poder agradecerles por ello. En las páginas en blanco de mi libro de vida, debía describir las etapas en forma de cadena lógica, pero fui tejiendo la trama de forma vertical. A veces me coloque al centro, en otras como observadora. Durante toda mi secundaria lleve un diario anotando lo que me sucedía, impresionaba, lo que pensaba y reflexionaba. Fui una niña sentimental a la que le gustaba de todo y mi influencia fueron mis padres y maestras dejando atrás mis complejos a temprana edad, y decidir mis conflictos basada en argumentos dándole siempre un sentimiento de sinceridad.

 Junto con la televisión me llegaron las novelas sentimentales, y quise identificarme con algunas de sus protagonistas pensando siempre en mi propio desarrollo moral, y la comprensión de lo que sucedía en mi entorno. Mi vida fue una fuente de experiencias conectadas entre sí de acuerdo al tiempo que me tocó vivir y sus costumbres. Me di cuenta que no podía ir más allá sino apegarme a esas reglas sociales. Mi madre me llevaba los domingos a la iglesia para que me confesara, y así fue durante mis primeros 18 años de vida, y despues como por arte de magia me fui apartando hasta prácticamente abandonarla.

 Vivi en una época de censura total para las chicas, pero me siento orgullosa por continuar escribiendo en mi diario mis intimidades sin pensar que algún dia debutaría como escritora de un artículo en una revista. Las mujeres no teníamos posibilidades de publicar artículos de fondo, y quienes trabajaban en los diarios lo hacian en las páginas de sociales atendiendo bodas, bautizos, quince años, cumpleaños de gente de la clase alta social. Por todo ello cualquier mujer que se salía de este limite la sociedad la tachaba de indecente.

 Total ¿A quién? podía importarle la historia de una niña pobre, hija de padres campesinos que emigro a la ciudad con la ilusión de estudiar la secundaria o un secretariado en mecanografía para trabajar en una oficina o tienda popular. Ha corrido mucha agua en cuanto a la participación de la mujer en los últimos años. La juventud la recibí con especial entusiasmo, mucho más emocionante pero confusa. Pude ver atrás mi desarrollo y el avance espiritual que llevaba hasta ese momento, y no voy a decir que me asombro lo poco que prosperaba, sin embargo, ya estaba convertida en una chica amable, atenta, respetuosa con ánimo inquebrantable por seguir adelante ante cualquier adversidad.

 Admito que mi inteligencia no es basta y la suplí con desarrollar el talento por lo que mi proceso mental estaba en plena evolución. Me vi enfocada en la danza, el canto, la música. Aprendí la filosofía existencial como si bebiera mi mente en un vaso de agua limpia y cristalina. Frente a mi estaba el mundo, solo era cuestión de contemplarlo y actuar, llenar mis vacíos, reconciliarme con la vida, y sobre todo librarme de la mezquindad de las personas que esparcen como virus por las calles de la ciudad. No niego que tuve muchas crisis al momento que reevaluaba mis valores, sentimientos, el ser una mejor persona y es que al entrar a la universidad me di cuenta que escribía por vanidad, orgullo, codicia, y que mi principio en la escuela primaria no fue por eso, sino el ser poeta para sacar mis sentimientos, entender lo que le sucedía a mi vida, lo que una niña siente, y ser sobre todo original.

 Pero en la Universidad me enferme del virus de la fama, que nos da la fiebre en que somos mejores por lo tanto hay que atacar, ocuparnos de los asuntos de los demás para vencerlos o doblegarlos.  Camine por ese largo camino de la imitación sin encontrarme conmigo misma.  Por fin me llego la inclinación por temas educativos, el futuro de las sociedades, el sueño de los niños, el deseo de forjarse un carácter vivaz. Represente el elenco de cada una de las maestras que me educaron en la escuela primaria como historias personales sin el encanto de poesía.

 

Me centre en el ¿cómo? fueron cambiando mis emociones hasta convertirme en la persona que actualmente soy. Fue un periodo largo de formación humana, y en esos cambios cometí múltiples errores. Escribí sobre los padres de niños campesinos que poco se ocupan de ellos, y se limitan a darles ordenes sea en el desayuno o la cena. La madre con su idea de reproducir mujeres iguales a ella que sean vistas con respeto por su comportamiento impecable, y que nunca sean el blanco de un chisme de mal gusto. Que lleguen a su edad adulta, se casen tengan hijos, y cierren el círculo familiar costumbrista con un respeto incondicional y sumiso a su pareja.

 Que sus hijos conozcan y vivan con su padre, y que, si ella es regañada, maltratada permanezca en silencio absoluto recibiendo su castigo para que entienda quien manda.  La educación contribuyo a cambiar mi punto de vista como mujer y ser humano, me sentí valiosa, importante, completa, acorde con mi comportamiento y realidad. Reconozco que ya estando en la universidad aun no entendía en absoluto lo que quería hacer en la vida, también sufría por verme mujer humilde en lo económico.

 Me fui poco a poco convirtiendo en la persona que me quería ver transformada. Llego el momento en que no me importaba que las personas se auto consideraran por encima mio, y las reglas sociales se aplicaran con las de su masa, así que seguí mis propias reglas de la vida, lo importante es la intención misma de reflexionar sobre mi propio comportamiento, notar las manifestaciones "negativas" de mi carácter y ser al mismo tiempo la persona que se auto educa. No es nada fácil ser mujer y tener nuestro propio propósito para ello hay que comprender, aprender, liberarse de muchas cadenas, usar largos monólogos internos y aplicarlos de forma práctica. Así que la idea de ser una mujer libre a ser una mujer encadenada solo hay un paso, y cada una escribe su historia.

 

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