viernes, 30 de agosto de 2024

 

NUESTRA PRISIÓN

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

La sed de libertad, que sentí en el alma desde que nací y la comencé a saciar en mi juventud. A todos, en un grado u otro, nos atormenta el deseo de conocer el mundo, y el lugar en donde vivimos lo vemos como si fuera una prisión. Sin embargo, muy dentro de nosotros existe un pequeño rincón de nuestro real mundo que tranquiliza nuestra alma. Cuanto más miramos el pequeño espacio en donde nos vemos todos los dias, más la sentimos como prisión, pero cuando salimos la recordamos y añoramos regresar lo más pronto posible es entonces cuando se vuelve hermosa a nuestros ojos “Nuestra prisión”.

Camínanos lejos de nuestro lugar para conocer, para comparar estilos de vida de los diferentes pueblos que habitan la tierra, estudiar su forma de pensar y sentir, buscar los lazos que, los unen, su historia, costumbres forma de vivir, apariencias en pocas palabras ver cómo viven y compararnos por voluntad o mera curiosidad que es nuestra fuente inagotable, de estímulo y estado de ánimo. No importa a donde nos lleve nuestra curiosidad, pero siempre regresaremos a casa haciendo ese balance de las impresiones que sobre el camino observamos, las ideas que recogimos, lo que nos resultó útil.

 Desde niños deseamos salir de un pequeño lugar y adentrarnos en el camino ancho por donde caminan todas las gentes. Ahí depositamos el alma, construimos un botín de ideas, anhelamos amor, nos dominan los sentimientos, hacemos juicios porque esa es una pasión natural del ser humano. Ahora tranquilo debo decir que nunca he dejado de esforzarme por lograrlo con todas mis fuerzas, a pesar de los caprichos, errores, egos, vanidades de las circunstancias.

Mantuve mis ideas de libertad en mi alma. Camine por la vida, viviendo entre personas indiferentes, pero ahora observo, no sin gozoso asombro, que las mentes jóvenes de la nueva generación muestran un considerable interés por las ideas que aprecio, y que no fue gracias a mi sino a su propio entendimiento con respeto a que la vida que se vive en la comodidad de los conformes no es vida sino ataduras, perdida del honor, la dignidad, el ser uno mismo. No pertenezco al número de personas que ven la vida exclamando “Que se lo deje a Dios”

 Sino aquellas que están conscientes en que es su mente la única capaz de quitar las sombras de su entendimiento para mejorar constantemente, y que más tarde que temprano se alcanza esa luz de libertad negada para las masas. No es que la verdad sea oscura, sino que brilla demasiado para que la mayoría de los ojos la miren pacientemente para que penetre en su alma. Nuestros ojos humanos son demasiado débiles en cuanto a visión mental, y en eso descansa la esencia de ese cambio. No son los objetos, y los bienes materiales los que languidecen en la oscuridad, sino nosotros mismos en luces que nos distraen empujándonos por el camino de la vanidad, egocentrismo, por ello las personas juran amarse, pero viven en una misma casa que le llaman hogar de forma separada, y se unen solo para darse placer momentáneo regresando a su soledad.

No hay almas que se unan para amarse y respetarse, eso de que la paz en el hogar existe es mera falsedad para esconder en un rincón su falta de libertad. Por eso se aplica la moral ante la ansiedad del aburrimiento que gobierna el placer carnal, y cuanto más a menudo se tenga el éxito consiguiendo nuevos placeres se justifica en las acciones.

Tal vez, las futuras generaciones y sus descendientes vean el orden social diferente, este estado de cosas sin sentido que nos reúnen ante un grupo de estúpidos que gobiernan y encantados acudimos a seguirlos con el supuesto propósito en que las cosas cambien, y que ellos se sacrifican por nosotros. Esa es una ilusión convertida en esperanza. Las almas libres solo brillan como los cometas que surcan la tierra, son almas espirituales que caminan solas con la intención de juntarse con otras.

Muchas de estas almas le apuestan o ponen todas sus cartas en la mesa sobre la religión, y que lo harán con la ayuda de su Dios, sin embargo, en muchas de las religiones algunos de sus ministros de culto están podridos por lo que nunca podrán vivir la verdad. Las han ido deteriorando, y las masas se han visto casi obligadas a seguirlos y respetarlos ¿No comprendemos el sentido de la dignidad, el respeto, y la libertad? Una masa con pequeños supuestos líderes que solo se manejan aprendiendo y recitando su elocuencia con eternos mensajes de preocupación por ellos y su estado social, pero que en realidad los aprenden para conseguir sus intereses.

 Muchos los siguen al verse obligados por sus necesidades, aunque en su interior mental se lo reprochan Al final de día todo son ilusiones, creaciones de la mente, de unos cuantos que van creando fantasmas para conseguir sus objetivos, sin importar destruirles sus ilusiones y esperanzas ¿Cómo cambiar el alma, ese vínculo natural con la idea de seguir a otras gentes? Esa duda nos persigue por naturaleza humana, es parte de nuestra cobardía y miedo a la libertad. Dudas que nos torturan y que nuestra alma nos alerta sin descanso que la obediencia ciega es perdida de libertad, perdida de fe en uno mismo.

Así ha sido la humanidad en todos los tiempos. Es nuestra naturaleza quien sujeta en el camino obsesivo, y del cual por comodidad no nos atrevemos a deshacernos del nudo inventando mil mentiras que nos justifiquen “Mentirnos, es la mayor creación humana” Con la mentira abandonamos la voluntad, nos inventamos pretextos, que sustituyan nuestras preocupaciones y que influya en nuestras aspiraciones. Nunca lograremos ser libres por nuestra cuenta, porque, digas lo que digas, toda la naturaleza no es suficiente para dar libertad a una sola

Siempre te verás obligado a no arriesgar, a curar los sufrimientos con mentiras, traiciones, fantasmas, vanas ilusiones. Huyendo de todo, y escondiendo tus declaraciones. Vivirás esa vida diseñada en la comodidad entre penas y caos, esa es la raíz de todos nuestros males. Ellos necesitan el placer de poder humillarte, y tú de perdonarlos con la ilusión en que un día haras lo mismo que ellos con otros. Una cadena que no se agota.

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