RESPETO MUTUO DE HIJO A
PADRES
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN
ANTONIO
Diplomado y Maestría en
Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
El respeto de los niños
hacia sus padres es una de las siete principales virtudes. “Honra a tu padre y
a tu madre; este es el primer mandamiento católico con promesa: para que te
vaya bien y vivas muchos años sobre la tierra” Los padres no sólo dan vida. Sólo
los padres saben lo que cuesta criar a un hijo. Los padres esperan de sus hijos
amor, respeto, gratitud. Respetar es un sentimiento cuya actitud está basada en
el reconocimiento de los méritos, las altas cualidades de alguien, de algo;
reconocimiento de importancia, significado, valor. Pero el orgullo impide ese
respeto mutuo, ese deseo de dar amor y recibir.
Los niños les gritan a sus
padres demandando comprensión, atención, respeto, pero también los jóvenes y
los hijos que ya son padres les gritan a sus padres sin importar sean mayores
de edad, o ancianos ¿Por qué se grita tanto en las relaciones familiares?
¿Falta de comprensión, acuerdos, falta de respeto mutuo? Los hijos, que se han
convertido en adultos e incluso son padres, creen que sus padres o personas
adultas más cercanas no son lo suficientemente inteligentes y, en general,
hacen todo mal y dicen tonterías, es por eso que les gritan, ofenden. Podríamos
pensar que los culpables son sus propios padres que no lo enseñaron amar, y
respetar a sus padres, y ahora los hijos copian el comportamiento de sus
padres.
Pero esta solo puede ser una
de tantas razones - Cuando los padres se tratan unos a otros con rudeza, con
odio, gritan a sus hijos, los golpean, los humillan moralmente, entonces el
niño puede adoptar este “modelo de comportamiento” y, como adulto, en
represalia tratará a sus padres ancianos de la misma manera. En que fue
tratado. Y no mostrará cariño, ternura ni atención a otras personas cercanas.
Por naturaleza, la vida de una persona es lo que es, y abra hijos que muy
cariñosos y amorosos que sean sus padres en su infancia sacaran su propia
naturaleza. Si una persona es cruel, es cruel, si tiene miedo le dará miedo
muchas cosas entre ellas la vida, si es amargado lo seguirá siendo, si es
alegre desde niño, siendo adulto lo seguirá siendo.
– No, soy un experto en almas humanas, pero
por sentido común todo encaja en mi lógica “Causa y efecto” Por naturaleza
humana observamos que en la vida sucede a menudo que los niños se descargan con
padres que son tranquilos y modestos en la vida. Lo único que les irrita es que
sean así. Hay personas que por su naturaleza humana tienen tendencia a ser más
crueles con sus seres queridos. Aprovechan la presencia de una persona extraña
para lucirse exclamando todo lo malo que es su ser querido dejando en ser
amable, cruel, especialmente si sus padres en cierta forma dependen de su ayuda
económica.
En cuanto a la naturaleza de
los niños, todos son narcisistas, egoístas, malcriados, y si en su infancia no
superan estas etapas su vida futura será conflictiva, y no tolerará a otras
personas, no respetará a nadie, y mucho menos a sus padres. Sucede que
escuchamos a muchos hijos ya adultos que critican a sus padres por la
enseñanza, educación, vida que recibieron en su hogar, y que al escuchar sus
expresiones nos damos cuenta que no pueden perdonarlos haciéndolos culpables,
según ellos se cobran los agravios recibidos en su infancia. Son personas que
se irritan ante cualquier situación por muy pequeña que esta sea resaltando en
su genio su insatisfacción con su vida. Si el señalamiento llega de uno de sus
padres de inmediato responde insultándolo, o lo descalificaba.
– No hay padres ideales,
solo padres que nos respetaron, enseñaron, educaron, estuvieron al pendiente de
nuestro crecimiento y como vivir. La mayor demanda es que los padres enseñen
respeto mutuo, la gratitud y el reconocimiento, preferiblemente a través del
ejemplo personal. Pero esto en sí mismo, es parte de su personalidad, es decir,
no es un deber, es un don del que la mayoría está privado. Lo haga bien o mal,
los padres merecen respeto sólo por el hecho de que cuidaron a sus hijos lo
mejor que pudieron y probablemente tengan derecho a esperar una respuesta
amable de sus hijos.
Está claro qué esperar, y
qué no exigir. No importa cuán indignados puedan estar muchos padres, pero
exigirle a su hijo, es una actividad completamente inútil e incluso dañina. Los
padres son ante todo dadores, y los hijos son receptores. Es cierto que los
padres también reciben algo de sus hijos. Los propios padres alguna vez fueron
niños y ahora pagan su deuda transmitiendo a sus hijos lo que recibieron de sus
padres. Para algunos hijos ya siendo adultos lo consideran una deuda que se
convierte en carga y por eso no les brindan su apoyo. Los padres no invierten
en sus hijos para generar una deuda que se pague con intereses. No esperan
regalos, sino apoyo sentimental.
Por eso, es importante criar
hijos que comprendan que en la vida es necesario no sólo recibir, sino también
dar. De lo contrario, son inevitables las acusaciones de inversión insuficiente
o una devaluación generalizada de la contribución de los padres (no dieron lo
suficiente, dieron, pero no es lo que yo quería, etc.) Los padres intentan transmitir a sus hijos su
experiencia de vida y su visión de la vida. Les duele que sus hijos no sean lo
que ellos quieren que sean.
Intentan sinceramente
proteger a sus hijos de los errores. Pero algunos se equivocan, y en ese afán
de perfeccionamiento se dedican a señalarle sus defectos, debido a que no saben
cómo guiarlos. Eso no enseña, en realidad están criticando a su propio yo de su
pasado, y el hijo va aprendiendo del error los comportamientos erróneos,
costumbres, que sus padres heredaron de los padres de sus padres convirtiéndolo
todo en una cadena que no ve el final. Ese niño crecerá criticándolo todo sin
razonar que otros pueden tener la razón, y que además es él quien tiene esa
razón, y es mejor que ellos. Entre muchos de ese tipo de errores se encuentra
el hecho de que los padres consideran posible comparar a su hijo con otra
persona, pero en la gran mayoría de los casos no les favorece.
Entonces, ¿por qué les sorprende que los hijos
siendo ya adultos comparen a sus padres con otras personas? ¿Con alguien que logró
más, y le dio más a su hijo? Muchos adultos a pesar de ser maduros en su forma
de pensar todavía necesitan consejos, ayuda y aprobación de sus padres.
Obviamente, esto depende de si el padre sigue siendo una figura de autoridad
para ellos. Pero ese adulto ya maduro llamado hijo podemos decir con seguridad
que necesitan mucho más apoyo que críticas, comentarios negativos y
calificaciones negativas. Los padres interfieren donde no deberían y no
reflexionan dónde, por qué deben hacerlo, o esperar a que se los pidan cuándo
necesitan apoyo o ayuda.
Muchos hijos, ya adultos y maduros desafían
los consejos y se defienden de las críticas de sus padres o simplemente no las
atienden. Enseguida el padre o la madre lo culpa por ese hecho de no atenderlo
en su sugerencia o consejo (No, escucharon, no hubo interés), y sus padres los
recuerdan cuando daban la sugerencia o consejo como su hijo les corto la
conversación simplemente porque no la aprobaba, sobre todo cuando no les salió
bien. La razón es muy simple y se llama “Vanidad, egoísmo, su importancia como
persona adulta”
Es por ello que el adulto
que es hijo, no admite que se puede equivocar y son sus padres los que están
equivocados, y a la vez, tendrán la culpa si se presenta una variación en los
resultados. Todo consejo o sugerencia el hijo adulto lo puede tomar como una
ofensa a su inteligencia, y en ese malestar puede sacar a flote un
resentimiento que genere un insulto hacia sus padres
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