martes, 6 de agosto de 2024

 


SI TODOS MIENTES ¿Por qué YO NO?

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Me pregunto ¿Por qué los padres se molestan tanto cuando su hijo les hecha una mentira? ¿Por qué si la descubren, lo perdonan? ¿Por qué el gobernador hecha tantas mentiras y los periódicos lo halaban, sus cercanos o los que trabajan para él, le ponen mensajes en face con tanta ternura, y buenos deseos, haciéndole suponer que es lo mejor como persona a sabiendas que no da resultados, y es mala persona?, ¿Le perdonan, engañan, o se benefician?
¿Por qué consideramos correcta a la mentira colectiva? La mentira dejo en dolernos, son un componente familiar de nuestra cultura, y la sinceridad se fue evaporizando quedando en humo de buenas intenciones. Los políticos sin capacidad, ni inteligencia dominan este campo a la perfección. Se compran cientos de libros, los ponen en una biblioteca junto a la sala de su casa para que quienes lo visiten los crean estudiosos.
Los adultos cuestionan frecuentemente a los niños por mentir, pero solo es cuestión en que reflexionemos un poco y nos daremos cuenta que los adultos mentimos más frecuentemente que los niños. Nos gusta engañar y le encontramos placer el hacerlo. Razones hay muchas, y una de ellas es que aprendemos en el hogar, en la escuela, con los amigos, etc., hacerlo. Definitivamente vamos creciendo y aumentando el número de mentiras que decimos ¿Porque ese deseo? – ¿Tu madre te pegó? Pregunta el padre a su hijo, y este mueve su cabeza afirmándolo.
La madre se molesta por no estar de acuerdo en la mentira, y toma un cinto o una chancla diciéndole que, con ese objeto, le pegara para que llore con razón. El padre disfruta la provocación que el niño le provoca en su esposa, y el infante se aferra a las piernas del padre para que lo proteja. Esa protección permite que el niño vaya en aumento en sus mentiras exagerándolas. A cada llamada de atención de su madre que le dice que va a castigarlo ante la ausencia de su padre, medita la posible mentira que utilizara en contra de su madre.
Las mentiras en los niños inician de forma ingenua por lo que es fácil para un adulto si le presta atención en descubrirla, pero si no se tiene ese cuidado, el infante ira escalando hasta que mentir sea su pasatiempo lo haga con mucha habilidad. Al llegar a la adolescencia será un experto en mentir. Ellos mienten para salirse con la suya y no recibir reclamo o castigo alguno. Las pequeñas mentiras se le dejaron pasar al infante, se ven convertidas en la falta de responsabilidad en el adolescente, por eso depende en gran parte de los adultos que conviven y comparten con los niños que vayan avanzando hasta que sea una forma para ellos normal de convivir.
La habilidad se va ganando, el que engaña se va formando una personalidad, cada día con más habilidad. Si, sus padres son mentirosos, chismosos, el niño lo tomara como algo normal. La sociedad no acepta a las personas que hablan con la verdad, y lo vemos en los niños a los cuales sus padres les dan castigos severos por decirle las verdades en lo sucedido. Los padres exigen a los hijos que no mientan, pero delante de ellos estos lo hacen frecuentemente, y hasta de ríen de sus propias mentiras. En principio las mentiras no las perciben los niños, pero van respondiendo a ellas conforme observan sus resultados. Cuanto mayor vaya siendo más fácil brotaran esas mentiras cubiertas con el engaño.
Es la mentira que aprende a protegerlo del castigo, o le ayuda a que sus padres le den aliento, por ejemplo, un examen en donde copio para obtener una buena calificación y sus padres lo felicitan o le compran un regalo. Los padres los alientan para adquieran una personalidad de superioridad, y el infante aprende que no es necesario respetar las reglas para lograr apropiarse de las cosas que no le pertenecen, además no recibirá castigo alguno, sino alabanza, por demostrar que fue muy vivo y a quien lo despojo no puede hacer nada en contra suya.
Los niños copian de sus padres las situaciones, y controlan el límite en donde no pierdan la confianza de sus padres para ellos continúen confiando, sin que exista amenaza alguna ¿Quién prefiere la verdad? ¡Que tire la primera piedra! La mentira nos arrastra a la felonía de conseguir méritos sin esfuerzo. Son los padres quienes están tercos comparando los logros entre sus hermanos, compañeros de clase, eso provoca que el niño busque apropiarse de un comportamiento engañoso.
El busca que sus padres y maestros lo vean mejor. El estar señalando y comparando a un niño con los demás lo lleva adquirir un comportamiento negativo, engañoso, desarrollando habilidades negativas para hacer trampa, y complacer a sus padres. ¿Por qué no se le ayuda con sus errores para que mejore? ¿Por qué ese afán de compararlo? ¿Ese deseo de los padres en controlarlos en todos los aspectos de su vida? La mentira se consolida en los niños como arma para defenderse, y su primer maestro es la madre/ padre, hermanos.
Son los padres quienes poner frente al niño las condiciones para que empiece a mentir. Ellos crean las condiciones apoyados por la cultura en la que vivimos. Por ejemplo: Llega una amiga a la casa de la mamá, y es recibida con beso, excelentes palabras, pero al marcharse la madre le comenta a su esposo delante de su hijo que se puso muy gorda, se ve fea, corriente, ¿Dónde quedo lo amable, y cortés? Para el niño, su madre es una mentirosa, no tiene palabra de honor, no hay honestidad, no es sincera, y su amiga se lo cree.
De este típico comportamiento está llena la sociedad y la cultura en la que nos movemos. No puedes ser franco con nadie debido a que recibirás un castigo, y entre más mentiroso alabando a un jefe te comportes, mayor es tu posibilidad en ser promovido. Nuestro mundo plagado de mentiras que se convierten en beneficios y supuesto crecimiento personal.

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