CREENCIAS “ARBOLES,
Y EL LOBO”
LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano- FESC-
Universidad Nacional Autónoma de México.
El árbol del mundo es una de las imágenes centrales de la
mitología. Según las ideas de los indígenas, y muchos otros pueblos, la copa
del árbol del mundo va al mundo superior celestial, las raíces simbolizan el
mundo subterráneo inferior y el tronco es el eje del espacio terrenal donde
vive el humano. Los árboles también fueron percibidos como un núcleo que
conectaba a personas, espíritus subterráneos y dioses celestiales.
El árbol de roble, era el principal, y estaba asociado con el
dios del trueno. Con el cristianismo se cortaba una cruz para ponerla en la
tumba del muerto y el tronco servía de ataúd. El roble era un árbol masculino
que otorgaba fuerza, salud y fertilidad. Despues de nacer un niño varón se
bañaba con agua que se hervía con hojas de robles para que creciera tan fuerte
como un árbol de roble.
En los enlaces de pareja (Actual matrimonio) los dos jóvenes
debían darle tres vueltas alrededor del viejo roble como muestra de respeto por
este árbol. El árbol para la mujer era el abedul. Los indígenas creían que las almas de los familiares
muertos se hacian presentes a través
de un abedul, otros dicen que las almas de las niñas muertas habitan el árbol para siempre. Para el árbol
del abedul las niñas debían cantar y bailar adornándolo. En las paredes de sus
chozas debían clavar ramas. La novia debía bañarse ese dia con hojas de abedul
en agua, ya que se creía
que esto ahuyentaría
a los espíritus
malignos de la novia. Las ramas de abedul fueron
consagradas en la iglesia católica como lo fueron las de acacia.
Las mazorcas de maíz colgadas a la entrada de la choza, era
un símbolo de vida, abundancia y felicidad. Despues de desgranar la mazorca los
indígenas quemaban las hojas secas de maíz en una fogata donde participaban
toda su familia. Ellos creían que el fuego que los calentaba les serviría para
que con ellos se sentaran a calentarse sus muertos. En esa reunión les ofrecían
alimento y bebidas a sus antepasados. Los sauces, eran considerados los
símbolos de la primavera, el renacimiento de la vida, y su floración. Los
cristianos utilizaron las ramas de palma que son bendecidas y conservadas
durante todo el año pegadas por dentro de la puerta de su hogar.
Los indígenas, a los capullos en flor del sauce les atribuían
poderes curativos especiales. En cuanto a los álamos la gente creía que sus
hojas temblaban de miedo por la maldición de la Virgen María. Y la maldijeron
porque Judas, que traicionó a Cristo, se ahorcó en un álamo. Se corrió la
versión de que si deseabas que el diablo te diera lo que deseabas debías
subirte a la copa de un álamo para hablar y pedírselo al diablo. Si, solo te
quedabas al pie del álamo, es que deseabas causarle un daño a una persona, y
ahí, se lo pedias al tronco del árbol, incluso se creyó en pleno campaña contra
el diablo por la inquisición que el hechicero debía ser muerto con una estaca
en el corazón de rama de álamo.
La madera del álamo sirvió según los pastores de la época
para construir tambores cuyo sonido en el monte atraía a las ovejas, y vacas
para que no se perdieran. Las creencias decían que los hechiceros y los hombres
malos podrían convertirse en lobos, y que los osos eran personas vestidas con
un cuero de animal ya que al desollarlos los veían iguales a los humanos. Las
mandíbulas, las garras y el pelaje de los lobos y osos se consideraban amuletos
fuertes. El lobo era considerado como un animal que emergía del inframundo,
desde el mismo reino de los muertos.
LOBOS: Los orígenes del culto a este animal se remontan tan
profundamente a la era más antigua de la humanidad que en el pasado existieron
analogías no sólo a nivel regional, sino que también tuvieron una distribución
universal. El inicio de estas ideas se sitúa en la Edad de Piedra. El carácter
global de su descubrimiento indica que no surgieron como resultado de la
confluencia de circunstancias, relaciones e interpenetración de culturas de
diferentes pueblos, sino debido a la comunidad, la unidad del origen humano,
como un fenómeno escenificado en el desarrollo de sociedad humana.
La imagen de un lobo sigue siendo el símbolo zoomórfico más
común durante muchos milenios. Las leyendas sobre el lobo ancestral y el
ancestro del lobo tienen profundas raíces históricas. La crónica china del
siglo VII dice que los turcos descendían de una loba: una vez los enemigos
exterminaron a toda una tribu, dejando con vida solo a un niño de diez años.
Fue salvado del hambre por una loba que le trajo carne. Cuando el niño creció,
la loba le dio a luz diez hijos, que más tarde se convirtieron en los fundadores
de diez clanes turcos. Entre ellos estaba Ashina, el antepasado legendario del
clan Ashina, famoso en el mundo turco-mongol, con quien se asociaron las
genealogías de las dinastías khan de los turcos azules, karakhanidas, jázaros,
mongoles, incluidos los genghisidas.
Otra familia de antiguos turcos, los Gao-Guys, también creía
que su antepasado era el lobo. Me gustaría decir sobre la universalidad de esta
imagen entre diferentes pueblos: el lobo es el animal sagrado de Apolo en la
antigua Grecia y de Odín en la mitología. La loba que amamantó a Rómulo y Remo
(los legendarios fundadores de Roma) es una imagen del ardiente cuidado
maternal, que también se encuentra en el folclore indio.
Ya en el cristianismo, la gente creía que, al igual que los
espíritus malignos, los lobos tenían miedo del repique de las campanas. Se
utilizaron campanas sujetas al arnés para ahuyentar a estos animales de las
poblaciones. Se atribuyeron al lobo poderes mágicos, y un tabú el comer su
carne, ya que era el intermediario entre los vivos y los muertos. Muchos
indígenas para alcanzar poder se ponían sobre su espalda una piel de lobo para
demostrar que era terrible, y debía ser temido, y de esta forma lograr todos
sus deseos.
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