sábado, 1 de marzo de 2025

 

CREENCIAS “ARBOLES, Y EL LOBO”

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano- FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 El árbol del mundo es una de las imágenes centrales de la mitología. Según las ideas de los indígenas, y muchos otros pueblos, la copa del árbol del mundo va al mundo superior celestial, las raíces simbolizan el mundo subterráneo inferior y el tronco es el eje del espacio terrenal donde vive el humano. Los árboles también fueron percibidos como un núcleo que conectaba a personas, espíritus subterráneos y dioses celestiales.

 El árbol de roble, era el principal, y estaba asociado con el dios del trueno. Con el cristianismo se cortaba una cruz para ponerla en la tumba del muerto y el tronco servía de ataúd. El roble era un árbol masculino que otorgaba fuerza, salud y fertilidad. Despues de nacer un niño varón se bañaba con agua que se hervía con hojas de robles para que creciera tan fuerte como un árbol de roble.

 En los enlaces de pareja (Actual matrimonio) los dos jóvenes debían darle tres vueltas alrededor del viejo roble como muestra de respeto por este árbol. El árbol para la mujer era el abedul. Los indígenas creían que las almas de los familiares muertos se hacian presentes a través de un abedul, otros dicen que las almas de las niñas muertas habitan el árbol para siempre. Para el árbol del abedul las niñas debían cantar y bailar adornándolo. En las paredes de sus chozas debían clavar ramas. La novia debía bañarse ese dia con hojas de abedul en agua, ya que se creía que esto ahuyentaría a los espíritus malignos de la novia.  Las ramas de abedul fueron consagradas en la iglesia católica como lo fueron las de acacia.

 Las mazorcas de maíz colgadas a la entrada de la choza, era un símbolo de vida, abundancia y felicidad. Despues de desgranar la mazorca los indígenas quemaban las hojas secas de maíz en una fogata donde participaban toda su familia. Ellos creían que el fuego que los calentaba les serviría para que con ellos se sentaran a calentarse sus muertos. En esa reunión les ofrecían alimento y bebidas a sus antepasados. Los sauces, eran considerados los símbolos de la primavera, el renacimiento de la vida, y su floración. Los cristianos utilizaron las ramas de palma que son bendecidas y conservadas durante todo el año pegadas por dentro de la puerta de su hogar.

 Los indígenas, a los capullos en flor del sauce les atribuían poderes curativos especiales. En cuanto a los álamos la gente creía que sus hojas temblaban de miedo por la maldición de la Virgen María. Y la maldijeron porque Judas, que traicionó a Cristo, se ahorcó en un álamo. Se corrió la versión de que si deseabas que el diablo te diera lo que deseabas debías subirte a la copa de un álamo para hablar y pedírselo al diablo. Si, solo te quedabas al pie del álamo, es que deseabas causarle un daño a una persona, y ahí, se lo pedias al tronco del árbol, incluso se creyó en pleno campaña contra el diablo por la inquisición que el hechicero debía ser muerto con una estaca en el corazón de rama de álamo.

 La madera del álamo sirvió según los pastores de la época para construir tambores cuyo sonido en el monte atraía a las ovejas, y vacas para que no se perdieran. Las creencias decían que los hechiceros y los hombres malos podrían convertirse en lobos, y que los osos eran personas vestidas con un cuero de animal ya que al desollarlos los veían iguales a los humanos. Las mandíbulas, las garras y el pelaje de los lobos y osos se consideraban amuletos fuertes. El lobo era considerado como un animal que emergía del inframundo, desde el mismo reino de los muertos.

 LOBOS: Los orígenes del culto a este animal se remontan tan profundamente a la era más antigua de la humanidad que en el pasado existieron analogías no sólo a nivel regional, sino que también tuvieron una distribución universal. El inicio de estas ideas se sitúa en la Edad de Piedra. El carácter global de su descubrimiento indica que no surgieron como resultado de la confluencia de circunstancias, relaciones e interpenetración de culturas de diferentes pueblos, sino debido a la comunidad, la unidad del origen humano, como un fenómeno escenificado en el desarrollo de sociedad humana.

 La imagen de un lobo sigue siendo el símbolo zoomórfico más común durante muchos milenios. Las leyendas sobre el lobo ancestral y el ancestro del lobo tienen profundas raíces históricas. La crónica china del siglo VII dice que los turcos descendían de una loba: una vez los enemigos exterminaron a toda una tribu, dejando con vida solo a un niño de diez años. Fue salvado del hambre por una loba que le trajo carne. Cuando el niño creció, la loba le dio a luz diez hijos, que más tarde se convirtieron en los fundadores de diez clanes turcos. Entre ellos estaba Ashina, el antepasado legendario del clan Ashina, famoso en el mundo turco-mongol, con quien se asociaron las genealogías de las dinastías khan de los turcos azules, karakhanidas, jázaros, mongoles, incluidos los genghisidas.

 Otra familia de antiguos turcos, los Gao-Guys, también creía que su antepasado era el lobo. Me gustaría decir sobre la universalidad de esta imagen entre diferentes pueblos: el lobo es el animal sagrado de Apolo en la antigua Grecia y de Odín en la mitología. La loba que amamantó a Rómulo y Remo (los legendarios fundadores de Roma) es una imagen del ardiente cuidado maternal, que también se encuentra en el folclore indio.

 Ya en el cristianismo, la gente creía que, al igual que los espíritus malignos, los lobos tenían miedo del repique de las campanas. Se utilizaron campanas sujetas al arnés para ahuyentar a estos animales de las poblaciones. Se atribuyeron al lobo poderes mágicos, y un tabú el comer su carne, ya que era el intermediario entre los vivos y los muertos. Muchos indígenas para alcanzar poder se ponían sobre su espalda una piel de lobo para demostrar que era terrible, y debía ser temido, y de esta forma lograr todos sus deseos.

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