martes, 11 de marzo de 2025

 

VALORO MI VIDA, Y ME ADMIRO POR ELLO

LARRAÑAGA TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO

Diplomado y Maestría en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.

 Estoy aprendiendo a valorar mi vida y admirarme a mí mismo. Estoy superando las consecuencias de una infancia. Las personas nos representan como algo que no somos. Nos perciben como fuertes, sin sospechar nuestras debilidades. Piensan que somos bromistas, sin saber cuántas veces lloramos. Envidian nuestra resistencia, sin darse cuenta de nuestra extrema vulnerabilidad. Los padres siempre están equivocados, pero tienes opciones sobre la vida que quieres vivir, y estas decisiones son tuyas gracias a tus padres” Nuestros padres no tuvieron la vida más fácil. Recuerdo muy bien mi infancia.

 Recuerdo a mi madre trabando desde las cuatro de la mañana, y seguirle con lavar la ropa a mano. Los padres de aquellos años, no recibían un salario, ni existía tanta burocracia, ellos debían buscar el dinero para alimentar a su familia a diario. Recuerdo cuando un día me escondieron uno de mis zapatos en la escuela y regrese a casa descalzo. Mi madre se molestó bastante y me arrastro del brazo para ir hablar con el profesor. El profesor sonriendo saco el zapato de un bote de basura que estaba junto a su escritorio, y le aseguro a mi madre que yo lo había perdido durante el recreo. Nuestros padres gastaron demasiada energía para hacernos tener tiempo.

 Desean que aprendamos, para que nuestras vidas no sean como las de ellos. Fuimos unos niños afortunados en medio de las necesidades económicas, pero fue ahí en donde aprendimos a ser feliceses, y ahora como padres es nuestra tarea regar el jardín de nuestros hijos y nietos, y respetar lo que otros han hecho por nosotros. Para empezar con respeto. Y luego decir gracias. Y sólo después de eso, comienza la adultez.

 Mi abuelo admiraba a uno de sus nietos que desde muy chico se fue a estados unidos de mojado, y cada que regresaba al pueblo lo hacía en una camioneta llena de regalos para el abuelo y sus hermanas. Por eso mi abuelo nos lo ponía de ejemplo a los demás nietos “Mira que bien vive, ya se compró una camioneta” Creó que era su nieto favorito. El abuelo tenía un gallo que le gustaba corretear y picotear a las personas, y, yo sufría por eso, ya que en varias ocasiones me persiguió hasta alcanzarme y picotearme las piernas.

 Se lo dije al abuelo, pero no hizo nada solo se rio, y me dijo que no me anduviera metiendo en el corral en donde andaban sueltas las gallinas. Fue entonces cuando llegó de vacaciones el primo de estados unidos. El gallo sólo tuvo que picotearle una vez, y ese mismo día fue directo a la sopa por orden de mi abuelo. Admito que me sentí menos, y un poco feliz y a la vez enojado por la actitud de mi abuelo.

 Recordé que yo no era el favorito, pero si el que más le servía, ya que desde muy temprano debía ir al monte caminando una hora para traerle los caballos, y las vacas, y por la tarde noche llevar los caballos al rio a que tomababa agua y de nuevo ir a encerrarlos al monte, y creo que en eso no podía competir mi primo que regresaba cada dos o tres años a presumirnos sus logros en estados unidos. En realidad, valoro mi infancia como maravillosamente feliz. No entiendo aun la lógica de la gente de mi pueblo, pero me sigue gustando. Esto no quiere decir que haya vivido mi pasado en vano todos estos años.

 Lloré, reí, disfrute, estaba creciendo, convirtiéndome en adulto, tratando de descubrir dónde estaba el niño que se convirtió en un joven, aquel niño que tenía miedo de que lo llamaran con un apodo desagradable y dejo de hablarle a muchos de aquellos a los que no entendieron cuando les pidió de favor lo respetaran llamándole por su nombre. El pasado de nuestra vida esta bañado de historias, de amigos, sufrimientos, humillaciones, son muchas las cosas que nos van pasando, pero “El pasado, se queda en el pasado, y hay que seguir viviendo”

 Recuerdo la primera vez que corrí, 5000 metros en la escuela secundaria, antes de terminar la competencia cerca de la meta escuche unas chiquillas que me gritaban “Más rápido, más rápido” Voltee para ver en donde venía mi rival más cercano y se veía lejos, por lo que me pregunte ¿Por qué más rápido?, pensé, después de todo soy el primero. Y vieron mi tiempo y entendieron que podía ser el primero no sólo en la carrera, sino también entre todos los participantes. Y así sucedió. Enseguida pensé que me gritaban porque a una de ellas le gustaba y eso lo explicaba todo. Esa era la forma en que los niños de 13 años podíamos expresar nuestro afecto.  En secundaria, me resultaba increíblemente difícil sentarme y estudiar por las tardes.

 Lo dejaba para el último momento. Recuerdo en medio de la noche sentado en una pequeña mesa bajo la luz de una lámpara haciendo mis tareas. Nadie me ayudaba, sabía que como cada día tendría que luchar con un ejército de profesores que al parecer como si me odiaran exigirían la tarea antes de iniciar su clase. Yo, no era un excelente estudiante en secundaria, excepto en biología, química, historia, literatura, y como todos me escabullía a la hora de las preguntas del profesor en el aula.

 A los 16 años comencé la preparatoria, y fue una vida diferente, llena de conciencia y acontecimientos alegres. Han pasado muchos años y en este escrito me dije ¿Tal vez sea hora de mezclarlo todo?  Una infancia difícil, pero feliz, una adolescencia y una juventud y adultez difíciles pero inolvidable entre lo bueno, lo malo, mis errores, alegrías, tristezas, momentos desagradables y de lo que puedo estar orgulloso...

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