VALORO MI VIDA, Y ME
ADMIRO POR ELLO
LARRAÑAGA
TORRÓNTEGUI RAMÓN ANTONIO
Diplomado y Maestría
en Desarrollo Humano FESC- Universidad Nacional Autónoma de México.
Estoy aprendiendo a valorar mi vida y admirarme a mí mismo.
Estoy superando las consecuencias de una infancia. Las personas nos representan
como algo que no somos. Nos perciben como fuertes, sin sospechar nuestras
debilidades. Piensan que somos bromistas, sin saber cuántas veces lloramos.
Envidian nuestra resistencia, sin darse cuenta de nuestra extrema
vulnerabilidad. Los padres siempre están equivocados, pero tienes opciones
sobre la vida que quieres vivir, y estas decisiones son tuyas gracias a tus
padres” Nuestros padres no tuvieron la vida más fácil. Recuerdo muy bien mi
infancia.
Recuerdo a mi madre trabando desde las cuatro de la mañana, y
seguirle con lavar la ropa a mano. Los padres de aquellos años, no recibían un
salario, ni existía tanta burocracia, ellos debían buscar el dinero para
alimentar a su familia a diario. Recuerdo cuando un día me escondieron uno de
mis zapatos en la escuela y regrese a casa descalzo. Mi madre se molestó
bastante y me arrastro del brazo para ir hablar con el profesor. El profesor
sonriendo saco el zapato de un bote de basura que estaba junto a su escritorio,
y le aseguro a mi madre que yo lo había perdido durante el recreo. Nuestros
padres gastaron demasiada energía para hacernos tener tiempo.
Desean que aprendamos, para que nuestras vidas no sean como
las de ellos. Fuimos unos niños afortunados en medio de las necesidades
económicas, pero fue ahí en donde aprendimos a ser feliceses, y ahora como
padres es nuestra tarea regar el jardín de nuestros hijos y nietos, y respetar
lo que otros han hecho por nosotros. Para empezar con respeto. Y luego decir
gracias. Y sólo después de eso, comienza la adultez.
Mi abuelo admiraba a uno de sus nietos que desde muy chico se
fue a estados unidos de mojado, y cada que regresaba al pueblo lo hacía en una
camioneta llena de regalos para el abuelo y sus hermanas. Por eso mi abuelo nos
lo ponía de ejemplo a los demás nietos “Mira que bien vive, ya se compró una
camioneta” Creó que era su nieto favorito. El abuelo tenía un gallo que le
gustaba corretear y picotear a las personas, y, yo sufría por eso, ya que en
varias ocasiones me persiguió hasta alcanzarme y picotearme las piernas.
Se lo dije al abuelo, pero no hizo nada solo se rio, y me
dijo que no me anduviera metiendo en el corral en donde andaban sueltas las
gallinas. Fue entonces cuando llegó de vacaciones el primo de estados unidos.
El gallo sólo tuvo que picotearle una vez, y ese mismo día fue directo a la
sopa por orden de mi abuelo. Admito que me sentí menos, y un poco feliz y a la
vez enojado por la actitud de mi abuelo.
Recordé que yo no era el favorito, pero si el que más le
servía, ya que desde muy temprano debía ir al monte caminando una hora para
traerle los caballos, y las vacas, y por la tarde noche llevar los caballos al
rio a que tomababa agua y de nuevo ir a encerrarlos al monte, y creo que en eso
no podía competir mi primo que regresaba cada dos o tres años a presumirnos sus
logros en estados unidos. En realidad, valoro mi infancia como maravillosamente
feliz. No entiendo aun la lógica de la gente de mi pueblo, pero me sigue gustando.
Esto no quiere decir que haya vivido mi pasado en vano todos estos años.
Lloré, reí, disfrute, estaba creciendo, convirtiéndome en
adulto, tratando de descubrir dónde estaba el niño que se convirtió en un
joven, aquel niño que tenía miedo de que lo llamaran con un apodo desagradable
y dejo de hablarle a muchos de aquellos a los que no entendieron cuando les
pidió de favor lo respetaran llamándole por su nombre. El pasado de nuestra
vida esta bañado de historias, de amigos, sufrimientos, humillaciones, son
muchas las cosas que nos van pasando, pero “El pasado, se queda en el pasado, y
hay que seguir viviendo”
Recuerdo la primera
vez que corrí, 5000 metros en la escuela secundaria, antes de terminar la
competencia cerca de la meta escuche unas chiquillas que me gritaban “Más
rápido, más rápido” Voltee para ver en donde venía mi rival más cercano y se
veía lejos, por lo que me pregunte ¿Por qué más rápido?, pensé, después de todo
soy el primero. Y vieron mi tiempo y entendieron que podía ser el primero no
sólo en la carrera, sino también entre todos los participantes. Y así sucedió.
Enseguida pensé que me gritaban porque a una de ellas le gustaba y eso lo
explicaba todo. Esa era la forma en que los niños de 13 años podíamos expresar
nuestro afecto. En secundaria, me
resultaba increíblemente difícil sentarme y estudiar por las tardes.
Lo dejaba para el último momento. Recuerdo en medio de la
noche sentado en una pequeña mesa bajo la luz de una lámpara haciendo mis
tareas. Nadie me ayudaba, sabía que como cada día tendría que luchar con un
ejército de profesores que al parecer como si me odiaran exigirían la tarea
antes de iniciar su clase. Yo, no era un excelente estudiante en secundaria,
excepto en biología, química, historia, literatura, y como todos me escabullía
a la hora de las preguntas del profesor en el aula.
A los 16 años comencé la preparatoria, y fue una vida
diferente, llena de conciencia y acontecimientos alegres. Han pasado muchos
años y en este escrito me dije ¿Tal vez sea hora de mezclarlo todo? Una infancia difícil, pero feliz, una
adolescencia y una juventud y adultez difíciles pero inolvidable entre lo
bueno, lo malo, mis errores, alegrías, tristezas, momentos desagradables y de
lo que puedo estar orgulloso...
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