martes, 10 de enero de 2023

 

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EL CARRUAJE

Si ¿Ves qué azul está el cielo? Si ¿Escuchas los pájaros cantar? Eso me dice que traes los zapatos puestos que le dan magia a la vida, que sigues sentada sobre el carruaje que recorre los caminos, que la vida es maravillosa para quien la disfruta, que en alguna parte de tu alma guardas el amor y lo vas repartiendo en dosis adecuadas. Que tus enojos y molestias los dejas caer sobre los que hacen el mal y que tu espada de justicia continua con el mismo filo con el que la usaste la primera vez para degollar el cuello de las personas mal intencionadas.

Pocas personas aprenden abrir las puertas para que entre la luz del día y las cierran en la noche descansando en paz. Se temen a si mismas por sus demonios. De niños aprendemos en los cuentos lo que nuestros padres o maestros nos enseñaron que el bien ganaría, que el amor es importante, que en los momentos difíciles debemos ayudar. Que no importa cuánto hables, lo que vale es hacerlo sin importar el miedo. Vas descubriendo muchas cosas, y te das cuenta que la persona que creías conocer es un extraño, que hay tiempo para hablar y callar, silencios elocuentes, palabras que son innecesarias.

Son tantas las cosas que vas escondiendo en la mente, porque no tienes ganas ni aliento para hacer ruido con ellas. Las guardas para que todo esté bien, siga igual, salvar el honor, la dignidad. Hay ocasiones que las palabras de otra persona te molestan y cambias de tema, evades y lo dejas para otra ocasión porque no hay nada que decir con respecto a ello. Ese silencio es una respuesta a las palabras necias.

El carruaje te lleva por el camino para que aprendas hacer las cosas, sin   importar que estés cansada, que pidas ayuda, que abras los brazos implorando una caricia. Resulta que les hablas con voz suave, afectuosa y recibes maldiciones, voces ásperas que no aprueban tu vida, tu forma de ser, el criterio que empleas, pero eres valiente, virtuosa e insistes con tus nobles pensamientos, respondes amorosamente y el carruaje te lleva por caminos y lugares extraños que hacen que pienses que la persona a la que amas es una cínica, desvergonzada, frívola, fría, obscena.

 En ese instante no entiendes ¿por qué? Lo metiste a tu historia, lo dejaste que condujera el carruaje, si sabes que te está afectando, que no eres capaz de cambiarlo por su naturaleza. Eras joven y soñabas con una amor apasionado, tierno, cariñoso, pero duro un corto tiempo para que sacara el demonio que llevaba dentro. Ahora se ríe en tu cara, le prende fuego con gasolina a tus sentimientos, y disfruta el verte sufrir mientras ardes en coraje. Aprendiste con el tiempo que los cumplidos que recibías eran falsos y solo buscaba subirse a tu carruaje.

Por tus nobles sentimientos confiaste al recibir las tiernas caricias, los elogios a tu persona. Fueron aquellos años de juventud que necesitabas amor, cariño, que te dijeran al oido que te amaban. Esa fue tu historia, la que hizo que perdieras tu orgullo, te malgastaras en sus alabanzas y abrazos, que leyeras mal los mensajes que te enviaba. Lo fuiste perdiendo todo, pero no eras capaz de bajarlo del carruaje, y cada vez que él deseaba hacerlo en la siguiente parada, lo agarrabas fuerte, le suplicabas que no te abandonara.

Buscabas amor, pero él no conocía ese sentimiento ni siquiera de palabra.  Golpeabas a los caballos para ir más rápido, no le dabas importancia que las ruedas se quebraran con los golpes por el camino pedregoso. Perdonabas para ocultar las disputas ¿Quién sufrió y anhelo? ¡Tu! Por no aceptar la ruptura, que enloquecía tu mente, que permitía humillaran a tu alma sin darte ánimos para romper. Quemo con gasolina tus sentimientos y seguías débil agarrada de las riendas del carruaje dejándolo conducir a un camino incierto.

Fuiste una persona miserable, débil de carácter, deambulaste en noches de insatisfacción, las botas de quien te dominaba estaban sobre tu cuello, pero señalabas a tus amigas que lo amabas. Tu carruaje atravesó ese lodazal y seguías agradeciéndole a la persona que te estremecía el alma llamándole hermosa relación de amor. Poniendo en tu rostro una bella sonrisa a cualquier cuestionamiento, sonrisa fugaz que escondía el error como si agradecieras el tormento.

Por fin el carruaje se detuvo y mirándote a los ojos te dijo que eras su enemiga, que si continuaban en el mismo carruaje te llevaría a la tumba, y bajo la lluvia tus lagrimas se confundieron con las gotas de agua que bajaban por tus mejillas. Se bajó sin darte la mano, las gracias, cerro su alma para siempre. Tu mente se oscureció, la cabeza se cerró, comenzaste de nuevo a llorar. La vida no te parecía divertida, deseabas que otra persona te salvara con una nueva canción de amor.

Vino la melancolía, la desesperación, el sentirte sola con un ritmo de vida aburrido. Tus ojos dejaron de brillar, estabas perdida, te apreciabas abandonada, traicionada, cansada. Las cicatrices en tu alma no sellaban, se notaban en tus platicas, no olvidabas por completo, y al final de la tarde te reconfortabas pensando que regresaría pronto. Un día tu carruaje por casualidad se lo encontró en el camino iba tomado de la mano de otra, sentiste de nuevo tu mente perdida, miraste en sus ojos para ver tu imagen, pero no la encontraste, te había borrado, no te necesitaba, solo tu andabas a ciegas creyendo que en su mente existías. Su voz ya no era suave, no era la persona noble a la que entregaste tus sentimientos.

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