martes, 10 de enero de 2023

 

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Repaso el miedo que sentía al verlas desangrarse en medio de la noche mientras yo conducía la camioneta en los caminos rurales y a varios kilómetros de distancia de un hospital. En la mayoría de las ocasiones sacaba dinero de mi sueldo para comprar algunas medicinas para sus animales puesto que ellos no contaban con recursos y eran sus únicos animales que les servían de sustento a su familia, reflejaba en ellos, los ojos de mi padre y su lucha por acarrearnos el alimento a la mesa. Las gentes agradecidas me invitaban un desayuno de frijoles, café caliente y un pedazo de queso de cabra. Todo esto provoco cambios sustanciales en mi mente, mismos que continúan significando una forma de ver la vida cuando trato de medirla. Como persona optimista he mantenido esa esperanza que ayude a sacar de esa situación difícil a esos seres humanos.

Es por eso que no me arrepiento de nada y si he fallado, es porque no pude hacer más y solo me quedó confiar en que Dios los proteja. Veo a la sociedad en general en un camino por el que no podrá continuar por mucho tiempo, las personas deben caminar actuando a favor de los seres vivos, ayudarnos mutuamente para retornar el sentido de la vida. Siempre he mantenido la esperanza que para que todo esto mejore debemos enfocarnos en los niños. He sido un adicto al trabajo y al estudio desde una edad temprana.

El trabajo al lado de mi padre y madre dominaba mi pensamiento y el uso del tiempo en dedicárselo al estudio en secundaria generó serios problemas en la relación con la diversión con los amigos. Para remediar esta situación en mi último año de preparatoria los acompañaba a ingerir cervezas y eso me condujo como vicio al llegar a la Universidad, donde las prioridades eran muy distintas. El tiempo en la Universidad no me alcanzaba, requería un esfuerzo adicional si deseaba ir y cumplir con todo lo que me gustaba.

Puse en primer lugar los estudios, en segundo el béisbol, la danza, y el tercero en conseguir dinero para alimentarme y el autobús puesto que no pagaba renta por vivir en la casa del estudiante de Sinaloa en la colonia Santa María la Ribera de la Ciudad de México. En tercer año de profesional recibí una beca, y la oportunidad de trabajar para la Universidad. Fue allí, donde comencé a organizar mi vida económica. Han pasado los años y el tiempo me ha revelado lo que es verdaderamente importante para nosotros (Mi vida espiritual, mi servicio desinteresado para la humanidad, mi esposa, hijos, amigos). Compartir con todos ellos tiempo de calidad. Siento que es reconfortante compartir este tipo de esperanzas, y anhelos.

 Aprendí en el desierto la importancia de cuidar la más insignificante planta, animales, y gota de agua, fue allí donde reflexione sobre la importancia del crecimiento de los hijos, me dije debo cuidarlos para que nadie los queme, ni destruya y para ello debía actuar correctamente. Soy afortunado por la mente que la naturaleza me doto con la que puedo actuar por la experiencia adquirida más correctamente que en mi juventud. Nunca estuve preparado para ser padre, pero trato de hacer mi trabajo lo mejor que puedo. En la experiencia de la vida, y los libros encontré la ayuda con la que trato de superar la deficiencia.

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